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🇻🇪 | ¿Qué ocurrió para llegar a la poli-crisis que hoy afecta a Venezuela? ¿Se puede salir de ese punto?
Introducción
Desde hace ya muchos años, y a raíz de su notorio retroceso democrático, Venezuela viene siendo cuidadosamente observada por la comunidad internacional. Dicho problema institucional se ha visto aún más agravado tras los comicios del pasado 28 de julio, algo ya mencionado en el artículo 2024: «Año de urnas… y conflictos» de ESCANEO POLÍTICO.
Lo cierto es que se trata de un país que está plagado de vaivenes, que pareciera ir montado en una especie de montaña rusa de la que no logra escapar jamás. En el plano político-institucional ha sabido gozar de gobiernos democráticos, transiciones pacíficas y alianzas, pero también ha padecido gobiernos autoritarios y fuertes represiones a las libertades de sus ciudadanos. Por otro lado, en el plano económico, ha alternado continuamente entre temporadas de crisis y temporadas de bonanzas, debido a que ha estado —y continúa estando— fuertemente ligada a la industria petrolera, algo que la convierte en dependiente absoluta de los fluctuantes precios de exportación de dicho recurso.
Pero: ¿Qué ocurrió exactamente para haber llegado hasta el caos actual? ¿Hay posibilidades de modificar la realidad venezolana?
Antecedentes
Para intentar comprender cómo se ha ido desarrollando la crisis y se ha llegado a la situación actual es necesario remontarse al año 1998, año en el que Hugo Chávez fue electo como presidente. En aquel entonces, muchos venezolanos se hallaban disconformes con el modelo político bipartidista que imperaba en el país desde 1958, donde los mandatos rotaban entre los partidos políticos Alianza Democrática (AD) y Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI). Buscaban un cambio, querían un «Comandante» diferente y carismático, tal como sostuvo el historiador Agustín Blanco Muñoz en una entrevista otorgada a la cadena BBC en diciembre de 1998. A partir de la llegada de la figura de H. Chávez al poder, tuvo comienzo una nueva etapa para Venezuela, conocida como Revolución Bolivariana, que se mantiene hasta la fecha (y tiene como meta la conformación de una coalición interamericana donde el socialismo, el bolivarianismo, el nacionalismo y una economía centro-estatista son las máximas). El flamante ciclo trajo consigo, además, la Constitución de 1999.
En este contexto, el izquierdista gobernó el país durante 15 años. Al principio el balance económico fue positivo debido, principalmente, a las exportaciones de petróleo y los altos precios de mercado que este tenía en aquel momento. En el plano sociocultural, se promovieron importantes políticas en educación y vivienda, enfocadas en mejorar la calidad de vida de la población. Sin embargo, también hubo una serie de acciones y medidas desacertadas que fueron gestando la crisis que se mantiene hasta el día de hoy, entre las que se destacan: a) la expropiación y la redistribución de tierras, que generó malestar en el clave sector agrícola; b) el excesivo gasto público, que trajo como consecuencia un importante aumento en las deudas; c) el estricto control sobre los precios de bienes y servicios, principal causa de la escasez de alimentos e insumos médicos y de la enorme inflación que azota al país; d) la poca tolerancia hacia la oposición, reprimiendo mediante el uso de la fuerza a los civiles que se manifiestan en contra del oficialismo, así como también encarcelando, inhabilitando y forzando al exilio a contrincantes políticos; e) la continua vigilancia sobre medios de comunicación, que atenta contra las libertades de expresión y el derecho de los ciudadanos a estar informados; y f) reiterados hechos de corrupción vinculados con políticas públicas. Más adelante, con la recesión mundial de 2007-2008, la realidad venezolana se recrudeció, ya que a los anteriores problemas se le sumó la pobreza, el desempleo, la delincuencia y los saqueos a comercios, entre otros.
En el año 2013, tras el fallecimiento de H. Chávez, Nicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela convirtiéndose en su sucesor. Con él, los contratiempos antes mencionados no hicieron más que agravarse. Bajo su mandato, Venezuela también sufrió una crisis institucional: en 2017 el Tribunal Supremo de Justicia sancionó una ley, conocida como la Sentencia 156, en la que se atribuyó a sí misma todas las potestades que antes eran propias de la Asamblea Nacional de Venezuela y extendió las del Presidente. Situaciones como estas han sido, desafortunadamente, habituales hasta la fecha.

Fraude electoral en 2024
A finales de julio de este año se llevaron a cabo controversiales elecciones presidenciales, en las que el N. Maduro se autoproclamó ganador con la complicidad de dos instituciones: 1) el Consejo Nacional Electoral, cuya función es garantizar y defender la democracia, pero que hasta la fecha no ha presentado públicamente las actas oficiales con los resultados y; 2) el Tribunal Supremo de Justicia, que no ha actuado debidamente al haber convalidado la victoria oficialista a pesar de esas irregularidades. Ambos organismos han perdido todo tipo de fiabilidad al mostrarse notoriamente sometidos a los deseos y aspiraciones del régimen.
Estos hechos, inadmisibles en cualquier estado democrático, llevaron a que el candidato opositor Edmundo González Urrutia, considerado por muchos como el auténtico vencedor de la jornada de votación, rechace fehacientemente a N. Maduro como presidente electo. Lo mismo que ocurrió con un gran número de ciudadanos venezolanos que salieron a las calles para mostrar su molestia e indignación, quienes posteriormente fueron reprimidos por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
El Centro Carter fue uno de los pocos observadores internacionales que fueron autorizados a presenciar los comicios, y dicha organización reconoció que estos no cumplieron con los estándares internacionales necesarios para considerarse democráticos. Confirmó la restricción de libertades de contrincantes políticos y población civil en general, la omisión de información detallada acerca de los resultados y el sesgo de las instituciones involucradas en el proceso, además de constatar trabas para el voto desde el extranjero y percibir una clara desigualdad de condiciones para los candidatos que participaron en la campaña electoral debido al alto financiamiento y visibilidad con el que contó el oficialismo.

Cómplices internos del régimen
Es claro que en todo el mundo no existe ni ha existido un líder político, bueno o malo, que actúe en solitario. Al momento de gobernar un país, cualquiera sea, es clave contar con el apoyo de un entorno de confianza sobre el que sea posible delegar ciertas responsabilidades y tareas. Los mandatos de N. Maduro no han sido la excepción a esto, pues el Tribunal Supremo de Justicia ya le mostró su clara lealtad al decretar la Sentencia 156 en el año 2017, y volvió a hacerlo en 2024 al constatar una turbia victoria presidencial junto a la Corte Nacional Electoral.
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana, particularmente su cúpula, también viene siendo otra de instituciones secuaces del madurismo. Su fanatismo lleva considerar como «terroristas» y «enemigos de la patria» a aquellos venezolanos que piensan diferente, amenazando y reprimiendo fuertemente a quienes se manifiestan. Se trata de un Estado cada vez más militarizado, que ejerce cada vez más control sobre la población.
El Instituto Nacional de Estadística de Venezuela (INE), correspondiente al Ministerio del Poder Popular de Planificación, es otro de los organismos funcionales a N. Maduro. En el sitio web del ente, la información está desactualizada o directamente no existe. No se realiza un censo poblacional desde el año 2011, no se brindan detalles acerca de los cambios demográficos generados con la masiva emigración de las últimas décadas, no hay gráficos que muestren la evolución de indicadores económicos relevantes, ni tampoco se ofrecen informes con tendencias en salud, educación o vivienda. En pocas palabras, no hay estadísticas oficiales en Venezuela. La poca información actual con la que se cuenta está basada más bien en estimaciones, gracias a la colaboración de ONGs locales, estudiantes universitarios y organismos internacionales.
Éxodo migratorio sin fin
Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), hasta la fecha ya son casi ocho millones de venezolanos los que han sido desplazados a raíz de la crisis política, institucional, social y económica que atraviesa el país. La mayoría de estos refugiados han buscado asilo en países de América del Sur y América Central, siendo Colombia y Perú los principales receptores de población.

Coraje opositor
Es imposible no destacar la valentía y determinación que ha demostrado el pueblo venezolano a lo largo de todos estos sufridos años. Las protestas no se han extinguido pese a los reiterados esfuerzos del Gobierno por amedrentar a los manifestantes, aplicando la fuerza y la violencia. Ciudadanos exiliados hacen lo propio, y continúan clamando por la libertad de su país desde sus nuevas residencias. Los líderes más visibles de la oposición, como en su momento lo fueron Leopoldo López y Juan Guaidó, o como actualmente lo es Maria Corina Machado, se han caracterizado por animar y movilizar incansablemente a la población con el fin de reclamar sus derechos y exigir el retorno de la democracia.
La prensa independiente también ha sido víctima de diversas atrocidades cometidas por parte del régimen madurista. Si se visita el sitio web de la ONG internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF), puede constatarse la abrumadora cantidad de casos de agresiones, amenazas, censuras, allanamientos, detenciones, torturas y hasta asesinatos a periodistas y medios de comunicación. Un ejemplo conocido es el del prestigioso periódico El Nacional, fundado en 1943, hoy en día dirigido desde Madrid por Miguel Henrique Otero, quien a partir del año 2015 ha tenido que exiliarse en la capital española debido a los constantes ataques que viene soportando desde hace décadas.

Repercusiones internacionales
Los ojos del mundo están puestos en Venezuela desde hace, al menos, una década. Con el objetivo de debilitar a N. Maduro y su entorno cómplice, actores como Estados Unidos y la Unión Europea han estado aplicando sanciones, bloqueos y restricciones. Sin embargo, esto no ha significado una mayor preocupación para una elite política que compensa las penalizaciones vinculándose con países aliados y obteniendo beneficios económicos a partir de la comercialización recíproca con estos. Como grave efecto colateral, los únicos y verdaderos afectados terminan siendo los ya de por sí empobrecidos ciudadanos venezolanos.
Pero a partir del pucherazo electoral de 2024, el debate acerca de la legalidad o no del régimen de N. Maduro se ha intensificado. Países como Bolivia, China, Cuba, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial, Honduras, Irán Laos, Malí, Mozambique, Namibia, Nicaragua, Rusia, Santo Tomé y Príncipe, Serbia, Sudán, Uzbekistán, Vietnam, Zimbabue y los 11 estados miembros de la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO), reconocen la victoria del oficialismo. No obstante, gran parte de la comunidad internacional la cuestiona o directamente la rechaza. Argentina, Chile, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, los 27 estados miembros de la Unión Europea y la Secretaría General de la OEA son algunos de los ejemplos de naciones y organizaciones globales que han fijado una postura contraria a la del autoproclamado presidente.
Brasil, Colombia y México, tres países cuyos líderes políticos son ideológicamente afines al mandatario venezolano y se muestran como sus aliados, han comenzado a modificar tímidamente sus posicionamientos: aún no han reconocido la victoria de N. Maduro al 100% porque defienden la necesidad de una verificación imparcial de los resultados y el respeto por la soberanía popular. Además, han manifestado su predisposición para ejercer como mediadores con el fin de alcanzar entendimientos que contribuyan a la estabilidad del país. Aunque este llamado de atención pueda parecer una nimiedad, no lo es. De alguna manera, puede indicar que el Presidente estaría comenzando a quedar aislado dentro del plano internacional, ya que la legitimidad de su poder está siendo cuestionada incluso por quienes eran considerados sus amigos políticos.
Recuento de posibles alternativas a futuro
Escenario 1: Repetición electoral ❌️
La posibilidad de reiterar el acto de sufragio con presencia de observadores internacionales, propuesta por el presidente de Brasil Lula da Silva en sus intentos de cooperación, ha sido rechazada por el oficialismo (que se aferra a los supuestos resultados del pasado 28 de julio), y también por la oposición liderada por C. Machado y E. González Urrutia (que por lógicos motivos no confía en el proceso, además de considerar que el pueblo ya se expresó y que repetir los comicios sería irrespetar la voluntad popular). Los votos ya fueron dados. Solo había que contarlos y divulgar las actas en tiempo y forma. Definitivamente, la sugerencia del mandatario Brasileño no resulta en lo absoluto convincente, ya que implicaría un costo logístico innecesario para un país como Venezuela, pero, sobre todo, seguiría sin dar suficientes garantías de transparencia y credibilidad.
Escenario 2: Salida negociada de N. Maduro ❌️
Hasta el momento el líder de izquierdas no accede a dicha opción. Y la razón parece ser bastante clara. Un acuerdo de retiro involucraría a numerosos coautores entre los que se encuentran militares, jueces, funcionarios y altos mandos, a quienes les aguardarían diversos procesos judiciales en el extranjero.
Escenario 3: Mantenimiento de la presión internacional ¿✅️?
Un recurso a utilizar es el de seguir intentando presionar al mandatario venezolano y su entorno hasta conseguir su desgaste y posterior quiebre. Pero la realidad es que, hasta ahora, los mecanismos y herramientas de los que la comunidad internacional se ha valido para hacerlo no han surtido efecto. Por lo tanto, es necesario buscar nuevas alternativas y, en este proceso, el rol de la oposición dentro de Venezuela seguiría siendo igual de importante. No rendirse y seguir exigiendo el respeto por la expresión general del pueblo, aunque hoy puedan parecer acciones poco fructíferas, podrían ser las claves para hallar una salida. De cualquier modo, hay que contemplar que una estrategia de este tipo puede significar la prolongación de la escasez de alimentos, el caos sanitario, la pobreza, el desempleo y, especialmente, una escalada en la violencia policial, que se traduciría en una cifra aún más alta de detenciones, encarcelamientos, agresiones físicas y muertes de civiles.
Escenario 4: Coalición política ¿✅️?
Cabe aclarar que este último enfoque es, cuanto menos, utópico, además de que puede resultar polémico. Pero se hace necesario plantearlo. Aquí, tanto el oficialismo como la oposición podrían tener cabida, al tratarse de un gobierno de coalición de tipo transitorio. El presidente de Brasil I. Lula da Silva es uno de los defensores de esta idea que, por cierto, resulta tener bastante más sensatez que la que presentó invitando a volver a celebrar comicios. Su homólogo colombiano G. Petro, por su parte, también es partidario de generar un acuerdo interpartidario de gobierno. Ambos mandatarios podrían llegar a ejercer una influencia positiva en N. Maduro, ya que gracias a proximidad ideológica tendrían mayor facilidad para convencerlo a dialogar. El objetivo es claro: alcanzar un pacto de convivencia política.
El último punto puede parecer imposible dentro del contexto actual, pero Venezuela ya tiene experiencia en este tipo de convenios. En 1958, el pueblo y las Fuerzas Armadas lograron derrocar al régimen dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. La restauración democrática no ocurrió inmediatamente debido a la polarización política y los posteriores intentos de golpes de Estado que se dieron en aquel entonces. Fue por eso que, en medio de la necesidad de tomar acciones para encaminarse a ella y tras varios meses de negociación, los partidos AD, Copei y Unión Republicana Democrática (URD) alcanzaron un punto de consenso y firmaron el conocido Acuerdo de Puntofijo. Esta alianza fue de enorme utilidad para establecer y mantener la democracia durante casi 4 décadas. Tuvo tres pilares fundamentales: 1) el respeto a los resultados electorales; 2) la conformación de un gobierno de unidad nacional; y 3) un plan mínimo de acción gubernamental.
Es cierto que hay una diferencia clave entre ambos contextos, ya que en 1958 las Fuerzas Armadas estaban a favor del pueblo y en 2024 no, pero también es cierto que hay dos paralelismos importantes como el autoritarismo y la polarización. Además, en ambos casos hay tres elementos comunes convertidos en anhelos, como lo son la democracia, la justicia y la libertad. Puede ser momento, entonces, de considerar un nuevo pacto similar al de mitad del siglo XX. Claro que nadie pone en dudas la dificultad para lograrlo, especialmente al considerar que el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es poco predispuesto a dialogar, pero ahí es donde cobra importancia la influencia de Colombia y Brasil sobre N. Maduro, tal como se mencionaba algunos párrafos atrás.
No hay garantías reales de que en la Venezuela de hoy, la articulación, colaboración y búsqueda de consensos pudieran volver a ser la respuesta (especialmente, teniendo en cuenta la intransigencia que caracteriza a N. Maduro, y lo injusto que esto podría resultar para una oposición de E. González Urrutia que, aunque haya ganado las elecciones, no puede gobernar como es debido). Sin embargo, después de una década tan conflictiva, ambas partes deberían renunciar a sus ambiciones políticas y anteponer sus posturas en pro de la recuperación y la estabilidad del país. Empero, no parece que eso vaya a ocurrir en el corto/mediano plazo.
[Actualización – Diciembre 2025]: ¿Intervención militar extranjera?
Si bien es cierto que desde hace algunos años ya se manejaba la posibilidad de que tropas extranjeras (principalmente estadounidenses) intervinieran en el país caribeño, lo cierto es que esa idea solo formaba parte del imaginario colectivo. Sin embargo, todo cambió a partir de enero de 2025, momento en el que Donald Trump comenzó a transitar su segundo mandato presidencial en la Casa Blanca. El líder norteamericano, firme opositor de la gestión de N. Maduro, viene tornando cada vez más factible la chance de «invadir» territorio venezolano en pro de recuperar su democracia.
Que dicho acontecimiento finalmente ocurra resulta una esperanza para algunos y una preocupación para otros. Sus detractores se preguntan «¿Es justificable usurpar una nación con la única excusa de devolverle la libertad o es que, en realidad, tan solo se trata de una práctica deshonesta que guarda intereses ocultos, que busca aprovecharse de la debilidad del invadido para, por ejemplo, apropiarse indebidamente de sus bienes naturales?» Sus defensores, en cambio, se cuestionan «¿Acaso no sería conveniente contar con el apoyo de un actor que venga desde fuera, con más poder y recursos, para vencer a quien tanto daño le ha hecho a sus compatriotas con sus decisiones políticas?» Y es que, como es habitual en este tipo de decisiones drásticas, el debate en torno a las soberanías es inevitable. Mientras tanto, solo resta aguardar para saber cómo se irán desarrollando los hechos. Evidentemente, aún no hay nada dicho.
Consideraciones finales
Si en algún momento llegara a darse el tan esperado cambio y se restableciera la democracia en el país caribeño, habrá dos cuestiones fundamentales a tener en cuenta por parte del individuo o de la coalición de individuos que tomen el mando:
1) la importancia de contar con una base de datos estadísticos que estén actualizados y sean confiables, que permitan conocer el estado de situación del país y que además sirvan de base para la correcta planificación, implementación y evaluación de políticas públicas acordes a las necesidades reales de su población
2) la necesidad de diversificar la economía, mejorar las infraestructuras y apostar al sector privado, considerando que ya no es posible seguir manteniendo una dependencia tan fuerte con el petróleo, un recurso sumamente volátil en lo que respecta a precios y que por ende pasa a ser sinónimo de riesgo continuo.
Y es que ya viene siendo hora de que los valientes venezolanos, que no se rinden pese a sus numerosas dificultades, puedan no solo recuperar su libertad y su democracia, sino también su dignidad y su productividad.
*Foto de portada: Ilustración del artista venezolano Oscar Olivares, titulada «Rompiendo cadenas» | Créditos: olivaresart.com
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