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🇻🇪 | ¿Qué ocurrió para llegar a la policrisis que hoy afecta a Venezuela? ¿Se puede salir de ese punto?
[Con actualizaciones en diciembre de 2025]
Aunque desde los últimos años y a raíz de sus notorios retrocesos democráticos Venezuela ya venía siendo cuidadosamente observada por la comunidad internacional, los controversiales comicios del pasado 28 de julio —ya mencionados en el artículo «2024: Año de urnas… y conflictos» de ESCANEO POLÍTICO— terminaron por confirmar su absoluta decadencia institucional.
Es preciso reconocer que el sudamericano es un país plagado de vaivenes, pareciendo ir montado en una especie de montaña rusa de la que no logra escapar jamás. En el plano político ha sabido gozar de modelos democráticos, transiciones pacíficas y alianzas sólidas. Empero, también ha padecido gobiernos autoritarios y severas represiones a las libertades de sus ciudadanos. En la esfera económica, en tanto, también ha enfrentado numerosas fluctuaciones, alternando entre temporadas de crisis y bonanzas, puesto que siempre ha estado fuertemente ligada a la industria petrolera y a sus megavariables precios de exportación.
Pero, ¿qué ocurrió exactamente para haber llegado hasta el caos actual? ¿Existen posibilidades reales de modificar la realidad venezolana? A continuación, las respuestas a estas interrogantes.
Antecedentes
Para empezar a conocer cómo se ha ido desarrollando la crisis y, sobre todo, para comprender cómo se ha llegado a la situación actual, es necesario remontarse a 1998, el año en el que Hugo Chávez fue electo como presidente de Venezuela. Sucede que, previo a que este llegara al poder, muchos venezolanos se hallaban disconformes con el modelo político bipartidista que desde 1958 venía imperando en el país. Los mandatos no hacían más que rotar entre los partidos políticos Alianza Democrática (AD) y Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), provocando enorme hastío en los ciudadanos.
El pueblo anhelaba la llegada de una figura carismática, pero, sobre todo, disruptiva —tal como sostenía el historiador Agustín Blanco Muñoz en una entrevista otorgada a la cadena británica BBC en diciembre de 1998—. Las «novedosas» propuestas electorales de Chávez, de algún modo, cumplían con aquellos requisitos, y eso le dio raudo acceso a la presidencia. Apenas el líder arribó al Palacio de Miraflores, comenzó una nueva etapa para Venezuela: la de la Revolución Bolivariana —un modelo que se mantiene vigente hasta la fecha y tiene como meta la conformación de una coalición interamericana donde el socialismo, el bolivarianismo, el nacionalismo y una economía estatocentrista son las máximas—. El nacimiento de la Constitución de 1999, por su parte, fue otro de los hitos destacados de los inicios de su gestión.
El izquierdista gobernó el país durante 15 años. Al principio, el balance económico fue positivo debido, principalmente, a las exportaciones de petróleo y los altos precios de mercado que este alcanzaba en aquel entonces. En el plano sociocultural, se promovieron destacadas políticas en educación y vivienda, enfocadas en mejorar la calidad de vida de la población.
Sin embargo, también hubo una serie de acciones y medidas desacertadas que fueron gestando la crisis que se mantiene hasta el día de hoy, entre las que pueden mencionarse: 1) La expropiación y la redistribución de tierras —que generaron malestar en el clave sector agrícola—; 2) El excesivo gasto público —que trajo como consecuencia un considerable aumento en las deudas—; 3) El estricto control sobre los precios de bienes y servicios —que terminó convirtiéndose en la principal causa de la inflación y de la escasez de alimentos e insumos médicos que hasta la actualidad continúan azotando al país—, la poca tolerancia hacia la oposición —reprimiendo mediante el uso de la fuerza a los civiles que se manifestaban en contra del oficialismo, así como también encarcelando, inhabilitando y forzando al exilio a contrincantes políticos—, la continua vigilancia sobre medios de comunicación —que atentaba contra las libertades de expresión y el derecho de los ciudadanos a estar informados— y reiterados hechos de corrupción vinculados con políticas públicas.
A postre, con la recesión mundial de 2007-2008, la realidad venezolana se recrudeció. A los problemas mencionados se les sumaron la pobreza, el desempleo, la delincuencia y los saqueos a comercios, entre otros.
En el año 2013, tras el fallecimiento de Chávez, Nicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela, convirtiéndose en su sucesor. Con él, los contratiempos antes mencionados no hicieron más que agravarse. De hecho, bajo su mandato, Venezuela sufrió una grave crisis institucional en 2017, cuando el Tribunal Supremo de Justicia sancionó una ley —conocida como «Sentencia 156»— en la que se atribuyó a sí misma todas las potestades que antes eran propias de la Asamblea Nacional de Venezuela y, en paralelo, extendió las del presidente. Situaciones como estas siguen siendo, desafortunadamente, habituales incluso hoy.

Fraude electoral en 2024
El pasado 28 de julio, el pueblo venezolano fue convocado a las urnas para participar en elecciones presidenciales. ¿El problema? Sin presentar pruebas suficientes, Maduro se autoproclamó ganador de estas. Todo ocurrió con la complicidad del Consejo Nacional Electoral —cuya hipotética función es garantizar y defender la democracia, pero que hasta la fecha no ha presentado las actas oficiales con los resultados— y el Tribunal Supremo de Justicia —que convalidó la victoria oficialista a pesar de dicha irregularidad—. Este comportamiento —tan notoriamente sometido a los deseos y aspiraciones del régimen— fue interpretado como un claro atropello a la ciudadanía y, lógicamente, hizo que ambas instituciones perdieran la poca credibilidad que aún conservaban.
Los hechos acontecidos —que son, ciertamente, inadmisibles en cualquier estado democrático— llevaron a que el candidato opositor Edmundo González Urrutia rechazara fehacientemente a Maduro como presidente electo. Tal sentimiento de repulsa fue compartido por un significativo número de ciudadanos venezolanos que, convencidos de que este fue el auténtico vencedor de la jornada de votación, salieron a las calles para mostrar su molestia e indignación con el oficialismo de Maduro. No obstante y por desgracia, la enorme mayoría de ellos fue posteriormente reprimida por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Los mecanismos de control internacional, por su parte, también se toparon con múltiples obstáculos para llevar adelante sus misiones de observación electoral. El Centro Carter —una de las pocas instituciones extranjeras que fueron autorizadas a presenciar los comicios— reconoció que el proceso no cumplió con los estándares necesarios para considerarse democrático. Confirmó la restricción de libertades de contrincantes políticos y población civil en general, así como también la omisión de información detallada acerca de los resultados y el sesgo de las instituciones involucradas en el proceso. Como si eso fuera poco, constató tanto trabas para el voto de expatriados como claras desigualdades de condiciones para los candidatos que participaron en la campaña electoral —debido al alto financiamiento y visibilidad con el que contó el régimen gobernante—.

Cómplices internos del régimen
Nunca en la historia política ha existido un líder que actuara en solitario. Al momento de gobernar cualquier territorio o país, siempre es clave contar con el apoyo de un entorno de confianza sobre el que sea posible delegar ciertas responsabilidades y tareas. Los mandatos de Maduro no han sido la excepción a esta constante, pues el Tribunal Supremo de Justicia ya le supo mostrar su clara lealtad al decretar la «Sentencia 156» en 2017, y vuelve a hacerlo ahora al ratificar una turbia victoria presidencial en complicidad con la Corte Nacional Electoral.
La Fuerza Armada Nacional Bolivariana —en especial su cúpula— es, adicionalmente, otra de las instituciones secuaces del madurismo. Considerando «terroristas» y «enemigos de la patria» a todos aquellos venezolanos que piensen diferente, amenaza y reprime fuertemente a quienes se manifiesten. En este sentido, la creciente militarización del Estado se torna un aspecto ciertamente preocupante.
El Instituto Nacional de Estadística de Venezuela (INE) —correspondiente al Ministerio del Poder Popular de Planificación—, también ha demostrado ser un organismo funcional a Maduro. En el sitio web del ente, la información está desactualizada o directamente no existe. No se realiza un censo poblacional desde el año 2011, no se brindan detalles acerca de los cambios demográficos generados con la masiva emigración de las últimas décadas, no hay gráficos que muestren la evolución de indicadores económicos relevantes, ni tampoco se ofrecen informes con tendencias en salud, educación o vivienda. En pocas palabras: no hay estadísticas oficiales en Venezuela. La poca información actual con la que se cuenta solo está basada en meras estimaciones —gracias a la colaboración de ONGs locales, estudiantes universitarios y organismos internacionales—.
Éxodo migratorio sin fin
Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), ya son casi ocho millones de venezolanos los que han sido desplazados a raíz de la crisis política, institucional, social y económica. La mayoría de estos refugiados han buscado asilo en países de América del Sur y América Central —siendo Colombia y Perú los principales receptores de población—.

Coraje opositor
Es imposible no destacar la valentía y determinación que el pueblo venezolano ha revelado a lo largo de todos estos sufridos años. Las protestas no se han extinguido pese a los reiterados esfuerzos del Gobierno por amedrentar a los manifestantes, aplicando la fuerza y la violencia. Ciudadanos exiliados hacen lo propio, y continúan clamando por la libertad de su país desde sus nuevas residencias. Los líderes más visibles de la oposición —como en su momento lo fueron Leopoldo López y Juan Guaidó, o como actualmente lo es María Corina Machado— se han caracterizado por animar y movilizar incansablemente a la población con el fin de reclamar sus derechos y exigir el retorno de la democracia.
La prensa independiente también ha sido víctima de diversas atrocidades cometidas por parte del régimen madurista. Si se visita el sitio web de la ONG internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF), puede constatarse la abrumadora cantidad de casos de agresiones, amenazas, censuras, allanamientos, detenciones, torturas y hasta asesinatos a periodistas y medios de comunicación. Un ejemplo sonado es el del prestigioso periódico «El Nacional», fundado en 1943. Hoy en día este es dirigido desde Madrid por Miguel Henrique Otero, quien a partir del año 2015 ha tenido que exiliarse en la capital española debido a los constantes ataques que debía soportar mientras vivía y trabajaba en Venezuela.

Repercusiones internacionales
Desde hace más de una década y con el objetivo de debilitar a Maduro y su entorno cómplice, actores como Estados Unidos (EE.UU.) y la Unión Europea (UE) han estado aplicando sanciones, bloqueos y restricciones. Sin embargo, nada de eso parece surtir efecto sobre una élite política que, hábil, compensa las penalizaciones vinculándose con países aliados y obtiene beneficios económicos a partir de la comercialización recíproca con ellos. Por tal motivo, los únicos y verdaderos afectados por el paquete de medidas proveniente del extranjero son, a fin de cuentas, los venezolanos de a pie.
Claro que a partir del pucherazo electoral de 2024 el debate acerca de la legalidad o no del régimen de Maduro se ha intensificado. Países como Bolivia, China, Cuba, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial, Honduras, Irán, Laos, Malí, Mozambique, Namibia, Nicaragua, Rusia, Santo Tomé y Príncipe, Serbia, Sudán, Uzbekistán, Vietnam, Zimbabue y los 11 estados miembros de la Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO) reconocen la victoria del oficialismo. No obstante, una considerable parte de la comunidad internacional la cuestiona o directamente la rechaza. Argentina, Chile, Costa Rica, Ecuador, EE.UU., Guatemala, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, los 27 estados miembros de la Unión Europea y la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) son algunos de los ejemplos de naciones y organizaciones globales que han fijado una postura contraria a la del autoproclamado presidente.
Brasil, Colombia y México, en tanto, han comenzado a modificar tímidamente sus posicionamientos. Si bien los mandatarios de dichos países son ideológicamente afines a su homólogo venezolano y se muestran como sus aliados, aún no han reconocido su victoria al 100%. En realidad, los tres defienden la necesidad de una verificación imparcial de los resultados y el respeto por la soberanía popular. Asimismo, han manifestado su predisposición para ejercer como mediadores y así alcanzar entendimientos que contribuyan a la estabilidad del país. En este sentido, es apropiado destacar que, aunque este llamado de atención pueda parecer una nimiedad, no lo es. De alguna manera, puede indicar que el presidente de Venezuela estaría comenzando a quedar aislado dentro del plano internacional, puesto que la legitimidad de su poder está siendo cuestionada —incluso— por quienes eran considerados sus «amigos» políticos.
Recuento de posibles alternativas a futuro
Escenario 1: Repetición electoral ❌️
La posibilidad de reiterar el acto de sufragio con presencia de observadores internacionales —propuesta por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en sus intentos de cooperación— ha sido rechazada por el oficialismo —que se aferra a los supuestos resultados del pasado 28 de julio— y también por la oposición liderada por Machado y González Urrutia —que por lógicas razones no confía en el proceso, además de considerar que el pueblo ya se expresó y que repetir los comicios sería irrespetar la voluntad popular—. Los votos ya fueron dados. Solo había que contarlos y divulgar las actas en tiempo y forma. Definitivamente, la sugerencia del mandatario brasileño no resulta en lo absoluto convincente, ya que implicaría un costo logístico innecesario para un país como Venezuela, pero, sobre todo, seguiría sin dar suficientes garantías de transparencia y credibilidad.
Escenario 2: Salida negociada de Maduro ❌️
Hasta el momento, el líder de izquierdas no accede a dicha opción. Y la razón parece ser bastante clara. Un acuerdo de retiro involucraría a numerosos coautores —entre los que se encuentran militares, jueces, funcionarios y altos mandos—, a quienes les aguardarían diversos procesos judiciales en el extranjero.
Escenario 3: Mantenimiento de la presión internacional ¿✅️?
Un eventual recurso a utilizar es el de seguir intentando presionar al mandatario venezolano y su entorno hasta conseguir su desgaste y posterior quiebre. Empero, hasta ahora, los mecanismos y herramientas de los que la comunidad internacional se ha valido para hacerlo no han sido fructíferos. Por lo tanto, es necesario buscar nuevas alternativas y, en este proceso, el rol de la oposición dentro de Venezuela seguiría siendo indispensable. No rendirse y seguir exigiendo el respeto por la expresión general del pueblo —aunque hoy puedan parecer acciones vanas— podrían ser las claves para hallar una salida. De cualquier modo, hay que contemplar que una estrategia de este tipo puede significar la prolongación de la escasez de alimentos, el caos sanitario, la pobreza, el desempleo y, especialmente, una escalada en la violencia policial —que se traduciría en una cifra aún más alta de detenciones, encarcelamientos, agresiones físicas y muertes de civiles—.
Escenario 4: Coalición política ¿✅️?
Cabe aclarar que este cuarto enfoque es, cuanto menos, utópico y, además, puede resultar, en cierto modo, polémico. No obstante, si se pretenden evaluar todas las alternativas posibles, es necesario mencionarlo. Aquí, tanto el oficialismo como la oposición podrían tener cabida, ya que la tesis se sostiene sobre el establecimiento de un gobierno de coalición de tipo transitorio. Lo interesante es que tanto el presidente de Brasil, Lula da Silva, como su par colombiano, Gustavo Petro, se muestran partidarios de generar dicho acuerdo interpartidario. En el mejor de los casos, ambos mandatarios podrían llegar a ejercer una influencia positiva en Maduro, ya que gracias a la proximidad ideológica que mantienen tendrían mayor facilidad para convencerlo de dialogar. El objetivo sería claro: alcanzar un pacto de convivencia política.
Dado el contexto actual, lo expuesto puede parecer imposible. Sin embargo, Venezuela ya tiene experiencia en este tipo de convenios. Lo ocurrido en 1958, cuando el pueblo y las Fuerzas Armadas lograron derrocar al régimen dictatorial de Marcos Pérez Jiménez, sirve de paradigma. Y es que, como la restauración democrática no ocurrió inmediatamente debido a la polarización política y los posteriores intentos de golpes de Estado que se dieron en aquel entonces, fue necesario tomar decisiones drásticas para encaminarse a ella. Fue así que, tras varios meses de negociación, los partidos AD, Copei y Unión Republicana Democrática (URD) alcanzaron un punto de consenso y firmaron el conocido «Acuerdo de Puntofijo». Esta alianza fue de enorme utilidad para establecer y mantener la democracia durante casi cuatro décadas. Tuvo como pilares fundamentales el respeto a los resultados electorales, la conformación de un gobierno de unidad nacional y un plan mínimo de acción gubernamental.
Es cierto que hay una diferencia clave entre ambos contextos, ya que a mediados del siglo pasado las Fuerzas Armadas estaban a favor del pueblo y en 2024 no, pero también es cierto que hay dos paralelismos relevantes, como el autoritarismo y la polarización. Además, en ambos casos hay tres elementos comunes convertidos en anhelos, como lo son la democracia, la justicia y la libertad. Puede ser momento, entonces, de considerar un nuevo pacto similar al de 1958. Ciertamente, nadie pone en duda la dificultad para lograrlo, especialmente al considerar que el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es poco predispuesto a dialogar, pero es justamente ahí donde cobra importancia la influencia de Colombia y Brasil sobre Maduro, tal como se mencionaba algunos párrafos atrás.
No hay garantías reales de que la articulación, colaboración y búsqueda de consensos pudieran volver a ser la respuesta hoy —especialmente, teniendo en cuenta la intransigencia que caracteriza a Maduro, y lo injusto que esto podría resultar para una oposición como la de González Urrutia que, aunque haya ganado las elecciones, no puede gobernar como es debido—. Sin embargo, después de una década tan conflictiva, quizás vale la pena que ambas partes pudieran intentar renunciar a sus ambiciones políticas y anteponer sus posturas en pro de la recuperación y la estabilidad del país.
Escenario 5: Intervención militar extranjera ¿✅️? [Actualización – Diciembre 2025]
Si bien es cierto que desde hace algunos años ya se manejaba la posibilidad de que tropas extranjeras —principalmente estadounidenses— intervinieran en el país caribeño, lo cierto es que esa idea solo formaba parte del imaginario colectivo. No obstante, todo cambió a partir de enero de 2025, momento en el que Donald Trump comenzó a transitar su segundo mandato presidencial en la Casa Blanca. Desde entonces, el líder norteamericano, firme opositor de la gestión de Maduro, viene tornando cada vez más factible la chance de «invadir» territorio venezolano bajo la justificación de que esta pueda recuperar su democracia.
Como siempre ocurre cuando la soberanía de un país pasa a estar en juego, la posibilidad de que Estados Unidos intervenga sobre territorio venezolano genera calurosos debates. Mientras que para algunos esto resulta una preocupación, para otros es una esperanza. En tal sentido, hay quienes se preguntan si es justificable usurpar una nación con la única excusa de devolverle la libertad o si es que, en realidad, tan solo se trata de una práctica deshonesta que guarda intereses ocultos, que busca aprovecharse de la debilidad del invadido para, por ejemplo, apropiarse indebidamente de sus bienes naturales. En contraparte, existen individuos que se cuestionan si a caso no sería conveniente contar con el apoyo de un actor que venga desde fuera, con más poder y recursos, para vencer a quien tanto daño le ha hecho a sus compatriotas con sus decisiones políticas. Mientras tanto, solo resta aguardar para saber cómo se irán desarrollando los hechos. Evidentemente, aún no hay nada dicho.
Consideraciones finales
Viene siendo hora de que los venezolanos puedan no solo recuperar su libertad, sino también su dignidad y productividad. Es por ello que, si en algún momento llegara a darse el tan esperado cambio y se restableciera la democracia en Venezuela, habrá dos cuestiones fundamentales a tener en cuenta por parte del individuo o de la coalición de individuos que tomen el mando:
1) La importancia de contar con una base de datos estadísticos actualizada y confiable, que permita conocer el estado de situación del país y que, además, sirva de referencia para la correcta planificación, implementación y evaluación de políticas públicas acordes a las necesidades reales de su población
2) La imperante necesidad de diversificar la economía, mejorar las infraestructuras y apostar al sector privado, considerando que ya no es posible seguir manteniendo una dependencia tan fuerte con el petróleo, un recurso sumamente volátil en lo que respecta a precios que, ergo, pasa a ser sinónimo de riesgo continuo
*Foto de portada: Ilustración del artista venezolano Oscar Olivares, titulada «Rompiendo cadenas» | Créditos: olivaresart.com
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