La relevancia del G-20 para los países emergentes

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🌐 | En pocos días el grupo celebrará una nueva Cumbre en Brasil: ¿Cómo pueden los países menos desarrollados beneficiarse de esta?



G-20: Concepto, orígenes y particularidades

El Grupo de los Veinte, mejor conocido como G-20, es un importante foro de cooperación internacional, que surgió en el año 1999 como respuesta a una serie de crisis financieras. En sus comienzos, las reuniones se efectuaban únicamente entre ministros de finanzas y directores de bancos centrales, y solo se enfocaban en el abordaje de asuntos macroeconómicos. A partir de 2008, los jefes de Estado comenzaron a implicarse en los coloquios. Esto claramente elevó su nivel, contribuyendo también a la ampliación de sus campos de análisis y acción.

Actualmente está conformado por 21 miembros en total, y el desglose de estos se divide en 19 países —Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía— y 2 bloques regionales —la Unión Africana y la Unión Europea—, todos caracterizados por sus fuertes economías. Y es que, en conjunto, todos ellos representan nada más y nada menos que el 85% del PIB, el 75% del comercio y más del 60% de la población mundial.

Se trata de un destacado ámbito de debate e intercambio de ideas, cuyo principal objetivo es lograr la estabilidad económica mundial y el crecimiento sostenible mediante la coordinación de todos sus integrantes. Con la posterior amplificación y diversificación de su esfera, también se añade a sus cometidos la búsqueda de soluciones a los principales problemas que azotan al globo.

La presidencia del foro es rotativa y se renueva de forma anual. El país que la ostenta se convierte al país en el anfitrión de la Cumbre del G-20, pero también de la centena de reuniones que se dan a lo largo del año entre ministros, técnicos y otros actores internacionales.

La Cumbre, en tanto, es el encuentro máximo entre jefes de Estado/Gobierno de los países miembros. El encargado de asegurar su continuidad es la «Troika» (que es un equipo de trabajo conformado por el actual presidente del foro, su antecesor y su sucesor).

Otra parte importante de la estructura del G-20 son sus dos canales: 1) el «Canal de Sherpas» que está compuesto por representantes oficiales de los líderes de los países miembros, quienes se ocupan de articular y gestionar la agenda del foro; y 2) el «Canal de Finanzas» que es la plataforma donde interactúan ministros de economía y presidentes de bancos centrales, discutiendo temáticas vinculadas a su área de expertise.

Cumbre 2024 en Brasil

Actualmente el país sudamericano es quien preside el grupo y, por ende, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva será el anfitrión del gran evento que tendrá lugar los próximos 18 y 19 de noviembre en la ciudad de Río de Janeiro.

En el sitio web del G-20 se afirma que el logo de la presidencia brasileña (foto de portada de este artículo) pone de relieve el dinamismo y el multilateralismo con los que esta intenta abordar las cuestiones mundiales. A través del diseño elegido, pretende representar a las naciones que forman parte del grupo y la diversidad de colores de sus banderas. El símbolo resultante es un mapa estilizado del país anfitrión. Expresa el anhelo de Brasil de promover acuerdos justos, que sean impulsadores de desarrollo económico y social global. La reducción del hambre, la pobreza y la desigualdad en todo el mundo, así como un desarrollo socioambiental que incluya una transición ecológica justa e inclusiva son las prioridades en esta ocasión. La idea, básicamente, es apostar por un modelo de gobernanza más equitativo, en el que los acuerdos comerciales puedan promover prosperidad económica a la par de inclusión social plena.

Será la primera vez que la Unión Africana —afiliada al G-20 en 2023—participe en el evento, algo que claramente diversificará su agenda e incorporará una nueva perspectiva a sus debates.

Se contará, además, con la asistencia de presidentes de diversos organismos internacionales invitados, a saber: Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Mundial, Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Fondo Monetario Internacional, Naciones Unidas, New Development Bank, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Organización Internacional del Trabajo, Organización Mundial de la Salud, Organización Mundial del Comercio y Unesco. Además, fueron convidados a participar los jefes de Estado de Angola, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Nigeria, Noruega, Portugal, Singapur y España (este último en calidad de permanente).

¿Qué aporta el G-20 a los países menos desarrollados?

Búsqueda de consenso en contextos convulsos

En estos tiempos tan turbulentos e inestables, se hace imperante aspirar a la aplicación de la «diplomacia de la modestia», un concepto propuesto por Juan Gabriel Tokatlian en el paper «Por una diplomacia de la modestia», que apunta a la necesidad de ser flexibles en política exterior, intentando siempre generar más amistades que hostilidades. La clave aquí está en evitar conflictos.

Tal como afirma el Sherpa argentino 2024 Federico Pinedo en su columna de opinión titulada «¿Un G20 para la paz?» de diario La Nación, el Foro reúne a países muy dispares, pero es justamente allí donde radica su fortaleza: todas estas naciones, coordinadas, pueden superar grandes desafíos siempre y cuando se mantenga el respeto mutuo. Y es que, según el representante, en la actualidad hay muchas voces de guerra y pocas de paz, y esto claramente dificulta la convivencia global. Estima que el diálogo es la única forma de impedir la confrontación, y el G-20 es un ámbito creado especialmente para ese fin.

Acuerdos económicos

La Cumbre y sus múltiples reuniones satelitales, pueden ser de enorme utilidad para que todos sus miembros puedan reforzar los vínculos que ya poseen, además de generar nuevos. Esto es cobra especial relevancia en el caso de los países menos desarrollados, ya que podría contribuir a sus objetivos de alcanzar pactos productivos y comerciales, e incluso, por qué no, de financiamiento.

Independencia en la toma de decisiones

Al estar compuesto por países desarrollados y emergentes, el G-20 es sinónimo de diversidad en cuanto a realidades y perspectivas. Para todos los miembros de países en vías de desarrollo representa una gran posibilidad para dar a conocer sus puntos de vista, manifestar sus necesidades y transmitir sus intereses particulares. Esto contribuye a la vigorización de su autonomía decisional y les permite una correcta inserción internacional, sin tener que alinearse a la postura y conveniencia de los más poderosos. De esta forma, el Sur Global se ve beneficiado y fortalecido.

Aprendizaje mutuo

A fin de cuentas, el grupo resulta ser un espacio donde se promueve la planificación, coordinación e implementación de políticas comunes para enfrentar desafíos comunes. Allí se suele argüir sobre asuntos de actualidad con impacto global, tales como pandemias, cambio climático, migraciones y nuevas tecnologías. Este enriquecedor intercambio de conocimientos permite aprender de la experiencia de otros y puede llegar a tener un impacto muy positivo en las sociedades, especialmente en aquellas más rezagadas en recursos monetarios, científicos y tecnológicos.

Algunos factores a tener en cuenta

Delegaciones representativas

El foro G-20 es una suerte de «escaparate» en el que todos los miembros del grupo tienen la posibilidad de mostrarse y promocionarse al mundo. Es por ello que, independientemente de su grado de desarrollo, todos los participantes deberían invertir tiempo y dinero en la adecuada selección y capacitación de sus sherpas y comitivas. Estos agentes internacionales son, junto a presidentes y ministros, los encargados de representar a las distintas naciones. Tienen el enorme reto de posicionarlas adecuadamente y alcanzar el mayor grado de inserción internacional posible. Su accionar y desempeño pueden bien reforzar o bien debilitar los vínculos multilaterales de sus países. Por ello, han de ser actores que conozcan en profundidad los condicionantes de la política exterior de sus respectivos lugares de origen, y que sean capaces de sacarle partido al potencial humano, cultural, geográfico, económico y tecnológico de sus pueblos.

Composición de la Troika

Bajo el liderazgo de Brasil, el equipo de 2024 es completado por India y Sudáfrica. Esto da como resultado una interesante representación del Sur Global, que tendrá su oportunidad para influir en las discusiones a través de la sugerencia de reformas de gobernanza, la promoción de desarrollo sostenible e inclusivo, y el fomento de la cooperación multilateral.

Brasil: sede COP30 en 2025

El país sudamericano acogerá la 30° Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en noviembre de 2025. Si este pretende liderar y marcar el rumbo de los futuros debates sobre ambientalismo, su actuación en el G-20 será crucial: debe lograr implantar un antecedente exitoso, que sirva para abrirle camino, tal como plantean Marianna Albuquerque y Cintya Feitosa en «Brasil en la presidencia del G20: oportunidades para el Sur Global» de la plataforma Diálogo Político de la Fundación Konrad Adenauer.

Reflexiones finales

Entre los desafíos y críticas al Grupo de los Veinte, podrían destacarse tres: 1) Las decisiones que allí se toman no son jurídicamente vinculantes para sus estados miembros, lo que quiere decir que no existe obligación legal para cumplir con los acuerdos establecidos y, por ende, su impacto real puede verse limitado; 2) Pese a los esfuerzos realizados, aún persisten algunos desequilibrios de poder entre miembros ricos y pobres; y 3) Si bien incluye a ciertos países emergentes, su representación todavía es muy restringida debido a que se excluye a naciones con bajos ingresos.

Evidentemente, no todo es idílico en las relaciones internacionales. Cada vez es más difícil lograr consensos en un mundo repleto de conflictos de intereses. Pero a pesar de sus múltiples aspectos a mejorar, la diplomacia sigue siendo clave en la búsqueda de un sistema más armonioso.

En tal sentido, el diplomático argentino Jorge Argüello en «La diplomacia como antídoto» asevera que, si bien la actividad diplomática no lo arregla todo, es mejor que nada. Pero ese menos que nada aún es insuficiente, ya que la arquitectura multilateral está desgastada y muestra falencias. Por eso, es imperante pactar para evitar que aumenten los problemas de un mundo en policrisis y que la cooperación se debilite aún más. He aquí la importancia de foros como el G-20.

El experto en economía y política internacional Federico Steinberg en «La agenda de la gobernanza global y el papel del G20» del think tank español Real Instituto Elcano, plantea algo similar a lo anterior, reconociendo que más allá de todas las dificultades actuales de la cooperación internacional, mantenerla es imperativo en un mundo cada vez más integrado e interdependiente. Un sistema global abierto, ordenado y regulado es, en definitiva, un bien público que beneficia a todos los ciudadanos del mundo, y para lograrlo hay que contar con líderes que faciliten y refuercen la cooperación multilateral mediante el diálogo.

*Foto de portada: Logo de la presidencia brasileña del G-20 año 2024 | Créditos: g20.org


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