Europa en reconfiguración geopolítica

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🇪🇺 | Guerra entre Rusia-Ucrania, crisis en la OTAN, 5.° aniversario del Brexit… ¿Cómo están impactando estos acontecimientos en el continente europeo?



Compendio

El pasado 25 de febrero, ESCANEO POLÍTICO publicaba «¿Es el fin del atlantismo?» donde se analizaba cómo están viéndose impactadas las relaciones transatlánticas a raíz de la búsqueda de un tratado de paz entre Rusia y Ucrania. El conflicto, que se originó 2022 —solo oficialmente, ya que la disputa tiene raíces más profundas— lleva más de 3 años en curso.

Como es habitual en este tipo de casos, no ha faltado el involucramiento de terceras partes, incluyendo la OTAN. Sin embargo, desde la asunción presidencial de Donald Trump en enero de 2025, Estados Unidos se ha convertido en el principal mediador del combate ruso-ucraniano. El líder norteamericano aspira a lograr una tregua, pero lo cierto es que, gracias a sus cambios posturales y a su característica impredecibilidad, lo que ha conseguido hasta el momento ha sido, más bien, teñir el panorama de incertidumbres. Ocurre que el mandatario realizó un drástico giro en la política exterior de su país: a diferencia de su antecesor Joe Biden, ya no está dispuesto a ayudar a Ucrania a cambio de nada, al considerar que ya se ha invertido demasiado allí. Estima que ya viene siendo hora de «recuperar» los recursos económicos y militares aportados a través del acceso —y explotación— a las tierras raras ucranianas, ricas en minerales como titanio y uranio.

Mencionada resolución —fuertemente repudiada por la mayor parte de los líderes de la Alianza Atlántica, que consideran que el apoyo debería responder a principios solidarios— se suma a ciertas declaraciones públicas —tales como las de considerar poco probable que Ucrania pueda recuperar sus regiones ocupadas y encontrar poco práctico el hecho de que esta ingrese a la OTAN— y a sus conversaciones telefónicas/presenciales bilaterales con el presidente ruso Vladímir Putin dejando de lado al mandatario ucraniano Volodímir Zelenski. Todo esto ha encendido las alarmas en Occidente, pues una negociación directa entre Estados Unidos y Rusia, podría afectar gravemente al país europeo. A fin de cuentas, este no solo tendría que renunciar al rescate de sus territorios invadidos y olvidar sus anhelos de conformar el Tratado Atlántico Norte, sino que tampoco tendría garantías reales de seguridad posteriores al cese del fuego.

¿Qué consecuencias trajo todo esto? Una Unión Europea trabajando a contrarreloj por reforzar su defensa. Y es que el bloque sabe perfectamente que, en caso de quedarse sin apoyo estadounidense, pasaría a ser el único encargado de reconstruir y proteger a Ucrania, sin contar los posibles peligros de invasión que lo amenazan a futuro. ¿A qué problemas se enfrenta el Grupo de los 27 en la actualidad? Principalmente a dos: 1) la falta de autonomía militar para hacer frente a posibles ataques bélicos; y 2) la falta de cohesión interna, que le impide tomar decisiones y generar estrategias conjuntas.

La agrupación ya se mueve a toda turbina en pro de alcanzar acuerdos entre sus miembros y armar una estrategia conjunta, no solo para atender la emergencia ucraniana, sino también para evaluar la situación comunitaria. Prueba de ello ha sido la reunión de urgencia convocada por el presidente francés Emmanuel Macron el 17 de febrero en París —en la que participaron los principales líderes europeos, además del Secretario General de la OTAN—, donde se han considerado aspectos tan diversos como el suministro adicional de dinero y armamento a Ucrania, la formulación conjunta de un plan para alcanzar la paz y, como punto más polémico, el despliegue de tropas de paz en el país invadido, algo que fue propuesto por el líder galo, pero no aceptado unánimemente.

De cualquier forma, no es posible obviar que, mientras la diplomacia actúa, la violencia, las explosiones y los ataques sobre tierras ucranianas no cesan y, en estos más de 3 años, los civiles continúan siendo los más afectados. Habiendo transcurrido poco más de un mes desde la publicación del artículo al que se hacía referencia al inicio de este texto, puede afirmarse que diversos eventos significativos han ocurrido desde entonces. La mayor parte de ellos estuvieron vinculados, principalmente, a cambios estratégicos —e incluso ambigüedades— por parte de D. Trump, y parecen indicar que, desafortunadamente, la paz aún está muy lejos de llegar.

A continuación, intentando realizar un balance sobre lo que viene ocurriendo en el primer trimestre de 2025, se presenta un recuento de novedades y, luego, un conjunto de reflexiones finales acerca de los retos a los que se enfrentan Ucrania y todo el continente europeo en medio de un contexto mundial tan inestable como el actual.

Noticias y acontecimientos recientes

Encuentro desencontrado

El 28 de febrero, D. Trump y su vicepresidente J. D. Vance reciben personalmente a V. Zelenski en el Despacho Oval de la Casa Blanca. El meeting no termina en buenos términos. Los anfitriones exigen al europeo ser más agradecido con la ayuda otorgada hasta ese momento, además de poner en tela de juicio su intención real de alcanzar un acuerdo con Rusia (por no acceder tan fácilmente a cederle la explotación de sus minerales a Estados Unidos, ni tampoco entregar las tierras ocupadas a Rusia).


Francia toma la delantera europea

El 1 de marzo, tras conocerse públicamente el desplante de D. Trump a V. Zelenski, E. Macron es entrevistado por un medio televisivo, y allí destaca la importancia de que Europa se prepare ante la posibilidad de que Estados Unidos abandone la OTAN. La actual estrategia que Europa aplica sobre Ucrania es la denominada «del puercoespín» —buscando fortalecer su ejército a través de la entrega de armamentos y el entrenamiento militar, hasta tornar inviable cualquier nueva agresión rusa— y, en cierta forma, es la opción más viable para todos los socios del bloque. Sin embargo, el francés es partidario de la idea de que el continente asuma un papel más activo en su propia defensa y, en esa misma línea, también recuerda que Francia tiene en su poder un arsenal nuclear disuasorio desde la Segunda Guerra Mundial.


Respuesta rusa

Las palabras del mandatario galo respecto a extender el paraguas nuclear europeo, al igual que su propuesta realizada algunas semanas atrás acerca de desplegar una misión de paz en Ucrania, son interpretadas como una amenaza por parte de su homólogo ruso. Para él, esto representaría una participación directa y oficial de la OTAN en la guerra, algo que estima inaceptable. Su postura, en tanto, sigue siendo firme. Asegura que la única forma de alcanzar la paz es cortar los problemas por su raíz (lo que significa desarmar Ucrania al 100%, oficializar como propias las tierras allí ocupadas y establecer en ella un Gobierno acorde a sus intereses).


Ayuda en pausa

El 4 de marzo, como consecuencia de la bochornosa reunión bilateral con V. Zelenski, D. Trump decide pausar temporalmente el apoyo militar a Ucrania. De esta manera, el vínculo entre Estados Unidos y Rusia parece estrecharse aún más.


La Unión Europea en acción

Ese mismo día, la Comisión Europea presenta «Rearm Europe», un ambicioso plan que prevé movilizar cerca de 800.000 millones de euros en los próximos años a través de préstamos, inversiones nacionales y compras conjuntas de material militar. El objetivo de esta iniciativa es el mejorar la interoperatividad entre los ejércitos europeos y reducir costes mediante adquisiciones a gran escala. La idea es interesante, aunque desafiante, debido a que no será fácil conseguir que todos los Estados miembros estén dispuestos a aumentar su gasto militar, en especial aquellos que cuentan con economías más frágiles.


Convocatorias de urgencia

El 6 de marzo el Presidente del Consejo Europeo, António Costa, congrega a una Cumbre Extraordinaria que tiene como eje principal el asunto Ucrania y el inminente peligro al que se enfrenta el bloque todo en materia de seguridad.


Una nueva oportunidad para Ucrania

Luego de la frustrada conversación entre D. Trump y V. Zelenski a finales de febrero, representantes de ambos países vuelven a tener un encuentro el 11 de marzo, aunque esta vez en Arabia Saudita y sin la presencia de los presidentes. En términos relativos, el balance de la junta es positivo, ya que ambas partes convienen un alto el fuego parcial y la reanudación del apoyo militar por parte de Estados Unidos. Así las cosas, pasa a ser Rusia quien debe decidir si acepta o no lo acordado entre su rival y el mediador del conflicto. D. Trump, en tanto, parece volver a posicionarse del lado ucraniano.


Rusia cautelosa

La potencia se mantiene en una postura de incertidumbre. V. Putin ni aceptar ni rechaza oficialmente la propuesta realizada por sus pares D. Trump y V. Zelenski. El acuerdo pacífico de 30 días puede interpretarse bien como un respiro a una disputa que ya se ha cobrado miles de vidas y ha desgastado a ambas partes implicadas, bien como una estrategia por parte de Estados Unidos para ganar tiempo y reorganizarse a favor de Ucrania.


La presión de Occidente

A la espera de la respuesta de Rusia, tanto Estados Unidos como la Unión Europea continúan intentando influir sobre V. Putin. En caso de que este no acepte acordar una tregua, aumentarán las sanciones ya existentes, a la par que lo hará la asistencia de armamento e inteligencia hacia Ucrania. Esto, necesariamente, derivará en la extensión del conflicto.


La tan ansiada palabra de Rusia

Luego de algunos días de estratégico silencio, V. Putin asegura que estará dispuesto a aceptar un alto el fuego temporal sí y solo sí Ucrania: deja de recibir ayuda militar externa, no ingresa a la OTAN, no autoriza el despliegue de tropas europeas de paz, reconoce las regiones invadidas como territorio ruso, y desmantela su actual gobierno presidido por V. Zelenski. Todo esto pone en evidencia la poca (o más bien nula) predisposición del líder para buscar una solución pacífica y duradera.


Nuevas —y no tan nuevas— alianzas

Mientras los acontecimientos se desarrollan, consciente de la ambigüedad estadounidense y de las dificultades que esto puede generarle en épocas venideras, Europa viene intensificando su diálogo con líderes que, aunque no formen parte del bloque comunitario, sí comparten sus valores. ¿Las razones? Reclutar apoyo adicional. Son los casos de países como Noruega y —aunque pudiera resultar llamativo— Reino Unido. Paradójicamente, los británicos abandonaron el grupo en 2020, en un complejo proceso conocido como Brexit, pero la crisis ucraniana —entre otros motivos— vuelve a acercarlos.


Movilización ciudadana

El 15 de marzo, más de 50.000 personas se manifiestan en la Piazza del Popolo (Plaza del Pueblo) en Roma, Italia. Es una iniciativa espontánea para defender el orgullo y la unidad europea, y surge a partir de un artículo de opinión escrito por el periodista Michelle Serra en el diario italiano La Repubblica. El evento tiene como lema «Una plaza por Europa» y trasciende ideologías políticas. Cuenta con la participación de alcaldes, sindicatos, organizaciones sociales, artistas, intelectuales, científicos y sociedad civil. Ciertamente, pone en evidencia que el sentimiento europeísta no solamente se trata de instituciones ni tratados, sino también de ciudadanos de a pie.


Armamento de industria nacional

El mandatario francés E. Macron insta a la Unión Europea a dejar de comprar armas estadounidenses y apostar a su propia fabricación.


Minas antipersona

Ante la amenaza rusa, el 18 de marzo ministros de defensa de Estonia, Letonia, Lituania y Polonia publican un documento conjunto donde expresan su intención de retirarse de la Convención de Ottawa, un tratado internacional firmado en 1997 que prohíbe el uso, la producción y la transferencia de minas letales. La decisión genera ciertas dosis de temor en el sistema internacional, puesto a que existe la posibilidad de que se genere un efecto dominó, que empuje a otros países europeos a tomar el mismo rumbo.


Hungría: un obstáculo para Europa

Desde hace mucho tiempo, el primer ministro húngaro Viktor Orbán (ideológicamente afín a D. Trump) se encuentra obstaculizando las iniciativas que se vienen proponiendo desde la Unión Europea, bien sea a través del bloqueo de paquetes de ayuda a Ucrania y de los atascos para impedir las sanciones a Rusia, o bien sea oponiéndose a que el país liderado por V. Zelenski ingrese al bloque comunitario. Esta actitud se hace aún más evidente el 20 de marzo, durante la celebración del primer Consejo Europeo ordinario de 2025 en Bruselas, Bélgica: mientras que 26 socios firman una declaración conjunta donde reafirman su inquebrantable apoyo a la independencia, la soberanía y la integridad territorial de Ucrania, V. Orbán es el único que no lo hace. Esta conducta lo aísla del Grupo de los 27 y siembra especulaciones: ¿es el líder un verdadero aliado de Europa, o más bien es un aliado encubierto de Rusia?


Canadá: Pro-Europa y Pro-Ucrania

Buscando reforzar lazos, el flamante primer ministro canadiense —sucesor de Justin Trudeau— Mark Carney, mantiene dos importantes encuentros: uno en Londres con K. Starmer y otro en París con E. Macron. En ambos se aborda el asunto Ucrania, y todos refuerzan su compromiso con la paz global. Puesto que Canadá actualmente enfrenta importantes tensiones comerciales con Estados Unidos debido a un aumento arancelario promovido por D. Trump y, sobre todo, por las manifestaciones públicas y reiteradas del estadounidense acerca de convertir a la nación canadiense en su estado N° 51 (algo que lógicamente genera indignación en propios y ajenos), es razonable que M. Carney busque otras alternativas. Salvaguardando las diferencias, a fin de cuentas, es algo bastante similar a lo que le ocurre a Reino Unido.


Reuniones en Arabia Saudita

Representantes estadounidenses mantienen encuentros con representantes rusos y con representantes ucranianos, por separado, durante los días 24 y 25 de marzo. Si bien los avances no son del todo significativos, la Casa Blanca publica un comunicado oficial afirmando que Rusia y Ucrania alcanzan un acuerdo sobre la seguridad en el Mar Negro (que garantizaría la seguridad de la navegación, evitando el uso de la fuerza y prohibiendo la utilización de buques comerciales con fines militares) y la protección de infraestructuras energéticas (que restringiría ataques contra instalaciones de ese tipo). ¿El problema? El pacto no especifica la duración de la tregua, ni tampoco incluye cláusula alguna sobre las consecuencias que podría llegar a tener la posible violación de alguno de sus puntos. La viabilidad de su aplicación es, por tanto, incierta.


Bloqueos occidentales contra Rusia

V. Putin exige a Occidente el levantamiento de sanciones comerciales a su país, algo que la Unión Europea solo aceptaría en caso de que el líder retirara definitivamente sus tropas de suelo ucraniano. Sucede que, a pesar de lo conseguido en el último pacto en Arabia Saudita, el bloque desconfía de Rusia, quien ya en reiteradas ocasiones no ha cumplido con su palabra.


Advertencia de OTAN

En medio de su visita al primer ministro polaco Donald Tusk, el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, reconoce el papel de Polonia en el fortalecimiento de la seguridad de la región báltica y destaca el alto porcentaje de PIB que este país invierte en defensa. El jerarca también apoya las medidas que esta Nación tomará a partir del mes de abril, vinculadas al aumento de presencia militar en sus zonas fronterizas y anima a otros países de la agrupación a seguir el mismo ejemplo. En la misma línea, mostrando llamativo optimismo y confianza incluso en el estadounidense D. Trump, el cabecilla de la organización envía un mensaje contundente a V. Putin: cualquier ataque contra cualquier miembro de la agrupación recibirá una respuesta devastadora.


Kits de emergencia en Europa

El 26 de marzo la Comisión Europea hace pública la iniciativa denominada «EU Preparedness Union Strategy» (en español: Estrategia de preparación de la Unión), cuyo objetivo no es otro que el de dotar a los civiles de herramientas necesarias para afrontar dentro de sus respectivos hogares las primeras 72 horas de cualquier emergencia grave, tales como turbulencias climáticas, ciberataques y, por supuesto, guerras. La idea es que la población se implique directamente en la búsqueda de soluciones, ya que no solo basta con que los Estados miembros refuercen sus defensas. En pocas palabras, se busca fomentar una suerte de «cultura de la preparación», donde el autocuidado se entienda como el primer eslabón de la cadena de seguridad colectiva. Se implementarán campañas informativas para que cada hogar europeo sepa qué suministros almacenar (agua potable, alimentos no perecederos, medicamentos esenciales, linternas, baterías eléctricas, copias de documentos de identidad y otros recursos básicos en general, que permitan sobrevivir durante 3 días sin apoyo externo) y cómo hacerlo, pero también se realizarán formaciones especializadas y simulacros conjuntos coordinados a través de los gobiernos nacionales.


Cumbre en París

El 27 de marzo la capital francesa acoge una nueva reunión de líderes europeos, a la que también asisten representantes de la OTAN y el presidente ucraniano V. Zelenski. Allí se anuncia públicamente que tanto Francia como Reino Unido trabajarán conjuntamente para llevar a cabo una tarea que ya antes habían propuesto al resto de sus socios: la de enviar una misión militar conjunta a Ucrania, con el fin de analizar un posible despliegue de una fuerza de paz. No serían tropas en combate, sino fuerzas de disuasión que frenarían nuevos ataques rusos, y estarían ubicadas en puntos estratégicos. Los objetivos del plan son, básicamente, tres: 1) Fortalecer militarmente al país invadido; 2) Diseñar mecanismos garantes de seguridad a largo plazo que sean efectivos; y 3) Reforzar la cooperación en materia de defensa dentro de la Unión Europea. Esta iniciativa no tiene respaldo unánime dentro del bloque europeo, ya que países como Alemania, España, Italia y Croacia manifiestan dudas al respecto a sus beneficios reales. No obstante, en lo que sí hay acuerdos generales es en la necesidad de mantener —e incluso aumentar— las sanciones económicas y las presiones diplomáticas sobre Rusia, una medida sobre la que v. Zelenski nunca deja de insistir.

Desafíos de Europa en un orden global en transformación

Plano militar

Hasta ahora, las significativas cantidades de dinero que la Unión Europea invierte en seguridad y defensa no se ven reflejadas en sus resultados. Uno de sus principales problemas es que cada Estado miembro cuenta con un sistema de armamento diferente, tal como actualmente se está constatando en Ucrania. Cada vez que arriba un paquete con armas y municiones, los combatientes ucranianos deben adaptarse a la gran diversidad de modelos disponibles, con todo lo que ello implica.

Por otro lado, el grupo comunitario no dispone de un mando militar unificado, lo que trae como consecuencia que, en caso de ataque o conflicto, cualquier respuesta coordinada sea lenta y torpe.

El bajo número de efectivos militares disponibles para prestar servicio es un inconveniente adicional, ya que desde hace varias décadas muchos países europeos han eliminado su servicio militar obligatorio y, de esta forma, sus reservas se han visto reducidas.

Por último, Europa tiene un obstáculo vinculado a la cuestión logística, pues sus inadecuadas infraestructuras y sus barreras burocráticas, hacen que la movilidad militar se vea fuertemente limitada.

Plano político

La guerra entre Rusia y Ucrania hizo que Europa lograra dimensionar cuán vulnerable es actualmente en el tablero internacional. Obligada a actuar de forma rápida, resurgieron en ella antiguos liderazgos políticos como el de Francia y Reino Unido. Ambos están mostrando, incluso, buena predisposición para trabajar conjuntamente. Ejemplo de ello es el aliento que el primer ministro británico K. Starmer le ha dado a la propuesta de E. Macron acerca de establecer una «coalición de voluntarios» para desplegar tropas de paz en territorio ucraniano que, aunque no haya sido una iniciativa compartida al 100% por el resto de los vecinos, demuestra la conexión entre los dos líderes.

Además, en reiteradas oportunidades K. Starmer ha manifestado públicamente que su país se posiciona a favor de Ucrania, coincidiendo con la visión de la Unión Europea. La realidad es que, a pesar de haber abandonado el organismo hace 5 años, siguen compartiendo valores comunes. De hecho, en la nación insular aún continúan las rispideces internas debido a su retiro y, en la actualidad, más de la mitad de sus habitantes reconocen que la salida del bloque fue un error. Lo que muchos creían que traería crecimiento económico, mayores beneficios comerciales y soluciones al problema migratorios resultó ser, más bien, al contrario.

Si bien es difícil que el Reino Unido vuelva a ser aceptado como miembro del Grupo de los 27, este acercamiento podría significar un anhelo de recomponer los vínculos dañados con su antiguo socio, teniendo en cuenta que, de alguna manera, él también se encuentra solo y se dio cuenta de que, de ahora en adelante, ya no podrá escudarse en Estados Unidos. Aunque se sospecha que este nuevo acoplo pueda tener intenciones adicionales —vinculadas a economía y comercio— por parte de K. Starmer, la delicada situación defensiva de la Unión Europea hace que esto pase a segundo plano. En estos momentos, se necesitan socios confiables a toda costa.

En sentido contrario, la cuestión húngara es un aspecto que el Grupo de los 27 debería contemplar. La postura de V. Orbán, tan distanciada de los ideales europeos, está haciendo que Hungría pase a ser una suerte de socio incómodo, que parece estar empecinado en debilitar la unidad del bloque. Ocurre que, a pesar de que el principio de unanimidad es un pilar crucial para la toma de decisiones comunitarias, las objeciones del líder no tienen cabida en un contexto tan complejo como el actual. La Unión Europea, por tanto, debe tomar medidas para avanzar aún sin su consentimiento.

Plano económico

D. Trump ha demostrado que su país no seguirá siendo el paraguas salvador de Ucrania a cambio de nada, algo que se extrapola a toda la Unión Europea. Actualmente, la urgencia máxima es, por tanto, el respaldo financiero, militar y humanitario en territorio ucraniano. Más adelante en el tiempo, la preocupación estará centrada en la restauración del país invadido, pues es una responsabilidad que la comunidad europea deberá afrontar por sí misma y con sus propios medios.

Temeroso por la posibilidad de recibir futuros ataques, el bloque está dispuesto a aumentar su gasto militar. ¿El obstáculo? Las desigualdades económicas entre sus miembros, que hacen que los esfuerzos por aumentar sus respectivos porcentajes de PIB destinados a defensa no sean en lo absoluto equitativos. Además, los países más rezagados prefieren priorizar su dinero en cuestiones domésticas, postergando la seguridad comunitaria. Esto explica, en gran medida, la dificultad para llevar adelante planes como «Rearm Europe» y pone de manifiesto que, para materializarse, su principal promotora —la presidente de la Comisión Europea Ursula von der Leyen— deberá pulir un poco más los sistemas de financiación y así poder atraer a los socios menos convencidos de participar.

Por otro lado, también está en el aire la propuesta nuclear de E. Macron. ¿Sus dificultades? No solo requeriría una inversión económica millonaria, sino también un desarrollo tecnológico que podría llegar a tardar décadas para gestarse. En la actualidad, Estados Unidos invierte 14 veces más que Francia en este rubro. Por lo tanto, si el país europeo quisiera igualar dichos esfuerzos, debería contar necesariamente con el apoyo de sus socios comunitarios, algo nada sencillo de lograr dentro del contexto vigente. La reaparición de un antiguo camarada como Reino Unido, aunque también se encuentre en desventaja frente a la potencia norteamericana, podría ser clave en la búsqueda de nuevas alternativas y en la estructuración de un nuevo plan de seguridad.

Consideraciones finales

Para bien o para mal, el futuro próximo de Ucrania parece depender de las reglas que imponga Estados Unidos, y en particular su actual presidente, quien, independientemente de sus ambivalencias, ya ha sabido demostrar que conoce muy bien cómo imponerse y lograr alterar las dinámicas del poder global. Por lo mismo, la presencia de la Unión Europea en futuras negociaciones de paz del conflicto ruso-ucraniano es sumamente crucial para ayudar a garantizar acuerdos justos para el país de V. Zelenski.

La inestabilidad y la falta de certezas no afectan únicamente a Ucrania, sino que también amenazan a todo el continente europeo en su conjunto. Y es que todo indica que la posibilidad de que los ataques rusos se expandan en el corto/mediano plazo es, desafortunadamente, inminente. Por lo tanto, Europa debe comenzar a comprometerse con su propia seguridad y dejar de esperar cuidados por parte de Estados Unidos. Claro que, para lograrlo, primero tendrá reforzarse internamente y —de una vez por todas— consensuar. Solo así podrá articular sus capacidades militares, mejorar su coordinación operativa y tomar decisiones eficaces.

Pasar de la indefensión a la acción será la clave para garantizar la soberanía y seguridad del Viejo Continente en un mundo cada vez más inestable. Fácil, pero no imposible. Europa tiene todo para lograrlo.

*Foto de portada: Bandera de la Unión Europea rodeada por nubes representando incertidumbre | Imagen creada con inteligencia artificial (IA).

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