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🇵🇹 | De dictadura a democracia: Apuntes sobre el alzamiento político más pacífico (y bonito) de la historia, en su 51.° aniversario.
Introducción
La Revolução dos Cravos (Revolución de los Claveles) fue un golpe de Estado llevado a cabo en Portugal el 25 de abril de 1974. Allí se logró derrocar a la dictadura del Estado Novo —que venía manteniéndose en el poder desde hacía más de 40 años—, pero también permitió la descolonización de las últimas colonias portuguesas en países africanos como Angola, Mozambique y Guinea-Bissau.
El acto revolucionario fue liderado por el Movimento das Forças Armadas (Movimiento de las Fuerzas Armadas), una organización «ilegal» dentro del Ejército portugués, constituida en 1973. La agrupación estaba mayoritariamente conformada por soldados jóvenes, que tenían como principales objetivos el fin de la guerra colonial, la consecución de elecciones libres y la supresión de la policía política nacional. Dichos militares, ya hastiados de la falta de libertades democráticas y de un conflicto bélico que ya no querían librar, se rebelaron contra el régimen. ¿Lo más impactante? El pueblo los siguió: las calles lusas se llenaron de gente común, que no tenía armas pero sí determinación. Y mucha.
No se trató de un alzamiento cualquiera, pues fue absolutamente pacífico: la liberación se consiguió sin derramar una gota de sangre. A continuación, los detalles más destacados —e impactantes— acerca de este inolvidable hecho histórico que, aún habiendo ocurrido hace más de medio siglo, continúa maravillando al mundo y que, como no podía ser de otra manera, es motivo de orgullo para todos los portugueses. Tanto es así, que cada 25 de abril, allí se celebra el Día da Liberdade (Día de la Libertad).
Contexto histórico
Régimen dictatorial
Desde 1933 Portugal era gobernado por una dictadura conocida como Estado Novo, que se caracterizó por ser conservadora, tradicionalista, colonialista, nacionalista, antiparlamentarista, antiglobalista y anticomunista. Su principal figura fue el Primer Ministro António de Oliveira Salazar y, posteriormente, su sucesor Marcelo Caetano.
El régimen tenía un fuerte componente religioso y moral, venerando el catolicismo y compartiendo el lema «Deus, Pátria e Família» (Dios, Patria y Familia) con el franquismo español.
Se apoyaba en la propaganda política para difundir su doctrina, censurando a todos aquellos medios de comunicación escritos, televisivos y radiales —sean nacionales o extranjeros— que lo criticaran. En ese sentido, también estableció la omnipresente y muy poderosa Polícia Internacional e de Defesa do Estado (conocida como PIDE), que se encargaba de reprimir, interrogar, torturar y aprisionar a opositores.
Con el objetivo de imponer lealtad absoluta y alineación ideológica en la población joven del país, el Gobierno promovió organizaciones como la Mocidade Portuguesa (Juventud Portuguesa). Asimismo, se ocupó de tener un control exhaustivo sobre el sistema educativo, para que este estuviese centrado en la exaltación de los valores nacionales como el pasado histórico, el imperio colonial, la religión, la tradición, y las buenas costumbres.
Movimento das Forças Armadas (MFA)
Como ya se detallaba al inicio de este artículo, existía un numeroso grupo de individuos que pertenecían al Ejército portugués, pero se mostraban contrarios a seguir colonizando África (tanto por el costo económico como por el costo humanitario de dicho mecanismo) y que, además, ansiaban recuperar las diversas libertades que el país había perdido desde la instauración del salazarismo/caetanismo, con A. de Oliveira Salazar hasta 1970 y con M. Caetano desde entonces. Por eso, tres años más tarde, en secreto, los disidentes crearon el MFA. Pero el ente creció con tanta fuerza que, a finales de 1973, ya había llegado a convertirse en una preocupación seria para la PIDE. A razón de esto, M. Caetano lanzó una agresiva campaña de espionaje dentro del sus Fuerzas Armadas, en pro de detener a los «rebeldes». Algo que, paradójicamente, contribuyó a acrecentar el enojo y el rechazo hacia su modelo gubernamental.
Corría el mes de febrero de 1974 cuando el Primer Ministro resolvió destituir al general António de Spínola debido a sus fuertes diferencias respecto al colonialismo. Pero el líder militar no estaba solo, sino que contaba con el sostén del cada vez más poderoso MFA. Estimando que sería inviable encontrar una solución pacífica al conflicto, el grupo concluyó que, si se quería derrocar al régimen, habría que recurrir a un levantamiento a nivel nacional. Eso sí: para asegurar el éxito y evitar una guerra civil, iba a ser necesario ampliar su círculo de contactos y planificar minuciosamente la revuelta para no dar tiempo a la reacción gubernamental.
El levantamiento
Estallido
Luego de algunas semanas de cuidadosa estructuración, se llevó a cabo el gran acontecimiento, que técnicamente comenzó a las 22 horas y 55 minutos del 24 de abril. Lo hizo con música: primero sonó la canción «E depois do Adeus» (Y después del adiós) del cantante lisboeta Paulo de Carvalho, que sirvió como primer aviso para que las tropas del MFA se prepararan en sus puestos y sincronizaran sus relojes. Más tarde, a las 00:25 horas del ya 25 de abril, Rádio Renascença —cadena de radio portuguesa gestionada por la Iglesia Católica que aún se mantiene vigente— transmitió «Grândola, Vila Morena» del cantautor aveirense José Afonso, para que los combatientes se apresuraran a cubrir los puntos estratégicos del país.
En el correr de esa madrugada, el Gobierno sencillamente se derrumbó: las guarniciones oficiales en ciudades como Braga, Faro, Porto, Santarém y Viana do Castelo se rindieron a cumplir las órdenes del MFA. Aeropuertos y aeródromos fueron ocupados, e instalaciones de gobierno civiles fueron tomadas. La calma con la que discurrían los hechos era sorprendente, pues las autoridades gubernamentales perdían el control del país luso sin mostrar resistencia alguna. De hecho, la orden impuesta por M. Caetano para detener a los rebeldes fue ignorada al 100%.
Mientras, la radio seguía manteniendo un rol destacado. No dejaba de emitir mensajes de oficiales jefes del Movimento que iban dirigidos hacia la población civil (con el objetivo de que esta permaneciera en sus hogares) y hacia la policía oficial (para que no entorpeciera ni se opusiera a la actividad de los revolucionarios).
Consonancia de civiles
Al amanecer de ese mismo día, miles de portugueses salieron a las calles en varias localidades, mezclándose con los militares insurrectos.
Una de las concentraciones más icónicas fue la denominada «marcha de las flores» que aconteció en Lisboa y estuvo caracterizada por una multitudinaria presencia floral. El peculiar detalle tuvo una responsable: Celeste Caeiro, una camarera que trabajaba en un restaurante que justo esa noche ofrecería un banquete para celebrar su primer aniversario. Dada la situación excepcional del país, el evento se suspendió y por eso, C. Caeiro se dirigía de regreso a su casa cargada con los claveles de color rojo que, inicialmente, iban a ser obsequiados a los asistentes. A mitad de camino, se encontró con un soldado que, desde un tanque, le pidió un cigarrillo y, como aquella mujer no tenía, le entregó una de sus flores. El combatiente la tomó y la colocó en el cañón de su fusil. Sus compañeros, uno a uno, fueron repitiendo el gesto. Y así sucedió la magia.
Caída del Gobierno
Al verse acorralado y sin apoyos significativos dentro de las Fuerzas Armadas, M. Caetano y su Consejo de Ministros aceptaron su derrota sobre las 16 horas del 25 de abril. Todo su equipo fue salvaguardado con el objetivo de ser trasladado sin repercusiones callejeras ni posible gestación de violencia, además de ser autorizado —gracias a la mediación diplomática extranjera— a volar hacia las islas Azores y continuar así su exilio hacia Brasil.
Algunos agentes de la PIDE —muy leales a M. Caetano— todavía se negaban a reconocer el fin de la dictadura y, mediante disparos, hirieron a varias decenas de personas y ocasionaron la muerte de cuatro de ellas. A pesar de ello, la mayor parte de la ya antigua administración se rindió ante la nueva sin poner demasiada obstinación.
El después
Pasada la gran movilización, fueron liberados los presos políticos y se produjo el retorno de líderes opositores exiliados. Al año siguiente, se convocaron elecciones constituyentes y se estableció una democracia parlamentaria de tipo occidental. Pero las consecuencias del hecho no solo se vieron dentro de Portugal, sino también en África, pues llevó a que se precipitara el fin del imperio colonial en dicho continente. ¿El problema? No fue una acción del todo coordinada, ya que las tropas portuguesas que estaban desplegadas allí desde hacía muchos años, recibieron la orden de regresar —y así, sin más— dejar todo atrás. Esto significó un enorme desafío para los países colonizados, pues se vieron en la repentina necesidad de administrar sus territorios sin ningún tipo de preparación técnica ni política para realizar tal tarea. Por otro lado, esto también generó que cientos de miles de portugueses, que antes vivían en distintas naciones africanas, volvieran a su tierra natal. Fue un éxodo verdaderamente rápido y masivo.
Hay que tener en cuenta que, a pesar del tinte de romanticismo que envuelve a la Revolução dos Cravos, no todo fue ideal. Durante más de un año, el país luso padeció de las continuas luchas entre la izquierda y la derecha. Se trató de un período turbulento, conocido como el Processo Revolucionário em Curso, que estuvo marcado por la falta de rumbo y la sucesión de varios gobiernos provisionales. Sin embargo, las elecciones constituyentes de 1975 devolvieron lentamente el rumbo, dando la victoria a fuerzas socialistas moderadas que contaron con el apoyo de un núcleo derechista de las provincias del Norte. Volvió, así, el diálogo y el consenso. Fue en ese entorno más estable donde se aprobó la Constitución de 1976 y la democracia comenzó por fin a consolidarse.
En el ámbito económico y comercial, la caída de la dictadura ayudó a que Portugal lograra abrirse al mundo, rompiendo la burbuja ultraproteccionista en la que —por más de 40 años— había permanecido encerrado. Además, en campos como industria, tecnología y producción, pudo equipararse al grado de modernización e innovación de sus vecinos europeos. Hubo avances significativos en derechos civiles, destacando los vinculados a la igualdad de la mujer. En el área sociocultural, mejoró sus indicadores de alfabetismo, mientras que en el sector sanitario disminuyó sus tasas de mortalidad infantil. Si bien estos cambios no fueron instantáneos, la transición hacia un régimen democrático contribuyó enormemente a su promoción y facilitación.
La música y las flores como símbolo
El escritor, diplomático y político francés Alphonse de Lamartine decía que «cuando faltan las palabras, la música habla» y, en el caso de Portugal, no le ha faltado razón. Aún en un contexto tan represivo como el de la dictadura salazarista/caetanista, el arte pudo más, y llegó a convertirse en una verdadera herramienta de motivación y empoderamiento.
Como ya se detallaba algunos párrafos más arriba, aquella madrugada de abril de 1974 hubo dos canciones que marcaron fuertemente el inicio del gran cambio. Una de ellas, «Grândola, Vila Morena» contiene un verso que dice «o povo é quem mais ordena» (en español: el pueblo es quien más ordena) y que, evidentemente, se encargó de dejar sellado un principio que resuena en cada portugués aún hasta hoy: no son los caudillos, ni los burócratas, ni los intereses oscuros quienes deben mandar, sino el pueblo y su voz.
«E depois do Adeus» – Paulo de Carvalho:
«Grândola, Vila Morena» – José Afonso:
Los claveles rojos, por otra parte, fueron utilizados para desarmar las tropas y encarnar la no violencia del proceso. A partir de entonces, se convirtieron en un auténtico emblema para Portugal, y pasaron a ser su flor nacional. Se asocian a valores como la libertad y a la democracia.
Lecciones para la posteridad
Actualmente, Portugal se enfrenta a un escenario particular. Entre las principales preocupaciones ciudadanas se encuentran los problemas en acceso a la vivienda y los salarios bajos, además del deterioro de la sanidad y la educación pública. Todas esas cuestiones, sumadas a una creciente desconfianza hacia la clase política, hacen que la sociedad portuguesa se muestre cada vez más desilusionada y pesimista respecto a su futuro.
En el plano meramente político, no es posible obviar que, en los últimos años, el país luso ha vivido mucha inestabilidad, fragmentación interna y dificultades para alcanzar consensos parlamentarios. En 2023, el en aquel entonces premier, António Costa, renunció a su cargo tras ser acusado como sospechoso en un caso de corrupción, y se llevaron a cabo elecciones anticipadas para encontrar a su sucesor en marzo del año siguiente. Los resultados de aquellos comicios de 2024 fueron muy reñidos: el estrecho vencedor fue la coalición de derecha/centroderecha Aliança Democrática (AD) con el 29% de los votos, seguido de cerca por el centroizquierdista Partido Socialista (PS) con un 28%, mientras que la formación de derecha/ultraderecha Chega! sorprendió con un 18%. De esa forma, Luís Montenegro se convirtió en el nuevo primer ministro.
Pero la calma no perduró por mucho tiempo. Hace algunos meses estalló un verdadero escándalo al descubrirse que, aún luego de asumir su cargo público, L. Montenegro seguía manteniendo vínculos con su empresa familiar Spinumviva, existiendo la posibilidad de que haya incurrido en un conflicto de intereses. Por eso, el Presidente Marcelo Rebelo de Sousa decidió disolver la Asamblea General y convocar a sufragio de forma adelantada. Así las cosas, el pueblo nuevamente deberá volver a acudir a las urnas el próximo 18 de mayo. Con los históricos AD y PS enfrentados y un Chega! que busca abrirse paso mostrándose como alternativa radical, la incertidumbre está en el aire.
El desafío sigue siendo el de sostener una democracia robusta frente a la apatía y la polarización. Pero si hay algo que el pueblo portugués demostró con su Revolución del 25 de abril, es que, incluso en los contextos más sombríos, es posible imaginar otra forma de hacer política: no con violencia, sino con memoria y esperanza. Portugal ya vivió momentos muy difíciles y encontró salidas civilizadas y valientes. Aquella Revoluçao es, ni más ni menos, una llamada a mirar hacia ese pasado para inspirarse hoy. En tiempos donde los consensos tambalean y las soluciones parecen esquivas, vale la pena mirar hacia atrás para recordar que la política puede ser también un acto de belleza, de coraje y de humanidad.
Reflexiones finales
Hay quienes consideran que este alzamiento fue promovido y orquestado para favorecer al comunismo, debido a que muchos de los soldados «rebeldes» del MFA defendían ideologías izquierdistas. No obstante, la realidad es que la movilización trascendió cualquier espectro político. Tanto el pueblo como los militares ansiaban únicamente dos cosas: democracia y libertad. Por si fuera poco, ambas partes coincidían en el deseo de lograr estos objetivos sin el uso de violencia. Y fue justamente esto lo que convirtió al evento del 25 de abril de 1974 en un hecho histórico tan excepcional.
La Revolución de los Claveles no solo marcó el inicio del proceso que llevaría a Portugal a la recuperación de su democracia y de sus libertades tras casi medio siglo de dictadura, sino que también le devolvió la soberanía y la dignidad a buena parte de una colonizada África.
A través de ella, el pueblo portugués le dejó una gran enseñanza al mundo. Demostró que lo político no tiene que ser siempre confrontación o desgaste, sino que también puede ser creatividad, escucha, y renovación. Por lo tanto, no debe quedar en la memoria como un adorno, sino como una herramienta que recuerde que la democracia no se hereda: se construye día a día. El 25 de abril, más que una efeméride, debe ser una brújula.
Incluso después de décadas de represión, los lusos eligieron no perder su humanidad. Evidenciaron que existe otra forma posible de escribir la historia. ¡Por más Portugales que resistan con entereza y cambien con grandeza! ¡Por más revoluciones sin violencia ni sangre… pero con música y flores!
*Foto de portada: Ilustración realizada por Eleonor Piteira, que simboliza la entrega de claveles rojos a miembros de las Fuerzas Armadas portuguesas por parte de la camarera Celeste Caeiro. Mientras, en el fondo, se visualiza el característico arte luso de los azulejos | Créditos: Pinterest.

