Eurovisión como espejo geopolítico de Europa

*

🇪🇺 | ¿Cómo impactan las estrategias políticas dentro un festival que debería estar regido únicamente por la música y el talento artístico?



Presentación

Del próximo 13 al 17 de mayo, en la ciudad suiza de Basilea, tendrá lugar el 69.° Eurovision Song Contest (Festival de la Canción de Eurovisión). El archi-conocido formato, denominado informalmente Eurovisión, califica como concurso musical televisivo y se viene llevando a cabo anualmente desde 1956.

En dicha competencia participan intérpretes, tanto solistas como grupales, representando a las televisoras —mayoritariamente públicas— de los países activos de la Unión Europea de Radiodifusión (UER). Gracias a su transmisión dentro y fuera de Europa, sus espectadores se cuentan por millones y, al gozar de tanta popularidad, el evento se convierte en un gran escaparate para que los artistas puedan alcanzar el éxito y mostrar sus talentos a todo el mundo.

Sin embargo, hay quienes consideran que Eurovisión no es solamente un certamen de música, sino que ha sido «secuestrado» por la política. ¿Es esto verdaderamente así? Con el propósito de responder a esta interrogante, a lo largo de este artículo se intentará analizar y desglosar el interesante fenómeno.

Curiosidades del evento

Generalidades

• La primera edición del Festival tuvo lugar en Lugano, Suiza el 24 de mayo de 1956. El país anfitrión resultó ganador de la contienda.

• Se ha emitido de forma ininterrumpida año a año, con la única excepción de 2020, cuando debió ser cancelado debido a la pandemia de COVID-19.

• Desde sus inicios ha sido un gran promotor del pop, aunque con el paso del tiempo ha ido sumando otros géneros musicales.

• El prefijo «Euro» en su nombre, no hace referencia al bloque comunitario sino a la Unión Europea de Radiodifusión (UER). Es por eso que los países participantes no necesariamente deben estar incluidos geográficamente dentro del continente europeo. Prueba de ello pueden ser Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Israel o Marruecos, que son —o alguna vez han sido— concursantes. De cualquier modo, el foco simbólico sí que está puesto en el viejo continente.

• La cortinilla musical que se utiliza al inicio y al final de cada transmisión es el preludio de «Te Deum» , un motete polifónico del compositor francés Marc-Antoine Charpentier. Por otra parte, es habitual que cada nueva edición comience con la performance del triunfador del año anterior, quien suele interpretar la canción con la que consagró su victoria concursal, y que continúe con una bienvenida a los telespectadores —en varios idiomas— por parte de los presentadores del show.

Irlanda y Suecia son los dos países más laureados: ambos han ganado el concurso en siete oportunidades.

Sistema de votación y reglas importantes

Si bien ha sufrido diversos cambios a lo largo de los años, la esencia de Eurovisión continúa manteniéndose intacta: los países participantes presentan sus canciones en un programa de televisión que se transmite en vivo y que es organizado por un anfitrión rotatorio. Luego de que todos los temas musicales han sido interpretados, se procede a votar a los mejores. El artista cuya pieza obtenga mayor cantidad de puntos es quien resulta ganador.

• El sistema del televoto (en el que los televidentes pueden elegir a sus favoritos desde sus casas a través de sus teléfonos) fue incorporado gradualmente entre las ediciones de 1997 y 1998. Actualmente, dicha modalidad otorga el 50% del total de los votos posibles a cada actuación, mientras que el restante 50% está a cargo de un jurado experto (buscando un equilibrio entre popularidad y profesionalismo).

• Actualmente, cada país puede inscribir una única canción para que lo represente, y esta debe ser inédita: se prohíbe que haya sido previamente publicada.

Valoraciones positivas hacia el formato

• Es un festival que nació como proyecto para unir a Europa a través de la cultura y la música luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Para muchos, el evento representa la paz, la cooperación y la reconciliación entre pueblos que hacía apenas unos años antes estaban enfrentados.

• Para muchos espectadores —particularmente europeos— Eurovisión es una especie de rito anual, en el que se organizan cenas, fiestas temáticas y apuestas internas en torno a la gala. Las supersticiones típicas de cada país tampoco faltan.

Valoraciones negativas hacia el formato

• El habitual uso del idioma inglés en las letras de las canciones hacen que las lenguas locales pierdan relevancia.

Desde 1998, se impone la obligatoriedad de contar con música pregrabada en las presentaciones, algo que impide la actuación de orquestas en vivo.

• Debido a que festival es un espectáculo altamente visual, muchas presentaciones intentan llamar la atención de los votantes por otros medios no musicales, provocando que disminuya la calidad de las interpretaciones.

Más allá del show

Controversias

Si bien se trata de un evento centrado en la música, existen ciertas cuestiones que han generado ciertas sospechas respecto a la posible intromisión de los gobiernos dentro de él. Y es que hay quienes consideran que las naciones participantes no solo compiten por el aplauso y el reconocimiento artístico, sino también por el político. Ordenados cronológicamente, algunos hechos que alimentan estas suspicacias sobre presumible influjo son:

• 1964: Un individuo que se encontraba presenciando el festival en vivo desde la tribuna, se montó sobre el escenario con una sábana en la que se podía leer «Boicot para Franco y Salazar» , pues en aquel momento tanto España como Portugal estaban siendo gobernados por regímenes autoritarios.

• 1974: Paulo de Carvalho representó a Portugal con la canción «E depois do adeus» . Si bien no tuvo demasiada repercusión en aquella instancia, sí que alcanzó notoriedad unas pocas semanas después. Y es que aquella melodía fue una de las encargadas de marcar el inicio de la Revolução dos Cravos, un singular acontecimiento que tuvo lugar el 25 de abril de aquel año y que le devolvió la democracia a los lusos tras más de 40 años de dictadura (Para más información, visitar el artículo «Porque solo portugal podía hacerlo: Revolución de los claveles» de este mismo blog).

• 1975: Un año después de ocupar militarmente Chipre, Turquía debutó en el festival. Grecia, fiel amiga de los chipriotes, retiró su candidatura como forma de protesta.

• 1990 (I): La edición se realizó seis meses después de la caída del Muro de Berlín. En ella se presentaron varias canciones que hacían referencia a los cambios políticos experimentados tras dicho acontecimiento, entre las que destacaron «Libres para vivir» (que representó a Alemania) y «No más muros» (que representó a Austria).

• 1990 (II): El vencedor de aquella instancia fue el italiano Toto Cotugno y su «Insieme: 1992» , que hablaba acerca de la importancia de la fraternidad en el viejo continente (apuntando al bloque de la Unión Europea, que en aquel entonces aún se estaba gestando).

• 2009: Georgia intentó participar con una canción que presentaba un juego de palabras contra el presidente ruso Vladímir Putin, pero como la UER se lo prohibió, el país transoceánico decidió no asistir.

• 2012: Armenia retiró su candidatura porque la edición se celebraría en Azerbaiyán, con quien mantiene una disputa territorial —por la región del Alto Karabaj— que sigue vigente hasta hoy.

• 2015: Armenia fue obligada a cambiar el título de la canción que la representaría en dicha edición anual debido a que su nombre hacía referencia al genocidio de su pueblo, en un intento por rendir homenaje a sus víctimas.

• 2021 (I): Bielorrusia fue expulsada del certamen porque su canción apoyaba de forma implícita al dictador Aleksandr Lukashensko, quien gobierna el país desde 1994.

• 2021 (II): Reino Unido obtuvo un total de 0 (Cero) puntos en mencionada edición. Pero la poderosa razón que explica semejante fracaso tiene un nombre: Brexit. Y es que, tras retirarse voluntariamente de la Unión Europea en 2020, los «abandonados» tomaron venganza.

• 2022 (I): Rusia fue vetada de participar en el certamen tras su invasión a Ucrania, aunque lo cierto es que ya desde su anexión de Crimea en 2014 sus participaciones comenzaron a ser boicoteadas.

• 2022 (II): Ucrania resultó electa como ganadora de dicha edición anual, recibiendo una masiva cantidad de votos por parte del público, algo que fue interpretado como símbolo de apoyo moral ante su conflicto bélico con Rusia.

• 2023: Según la tradición, cada torneo anual debe celebrarse en el país que ganó la edición anterior. En 2022 el ganador fue Ucrania, pero dado que por su conflicto con Rusia este no ofrecía las condiciones mínimas de seguridad, fue Reino Unido quien tomo las riendas y se convirtió en el anfitrión de la convocatoria.

¿Una herramienta de diplomacia blanda?

Existen oportunidades en las que los países, en sus relaciones internacionales, aplican determinadas estrategias para persuadir sin obligar, así como para generar atracción sin resultar intimidantes. Esto se conoce como soft power (poder blando). Eurovisión ha demostrado ser un medio ideal para aplicar dicha técnica. ¿Por qué? Porque las naciones participantes no necesitan utilizar la fuerza militar o económica para alcanzar sus intereses, sino su cultura, sus ideas, sus valores… su música.

Ejemplo de lo anterior puede ser el hecho de que, desde sus inicios, Eurovisión ha sido utilizada como plataforma para la promoción del turismo nacional. No son pocos los países anfitriones que, conscientes de la gran audiencia global que tiene el espacio, han aprovechado para colar publicidades de sus principales atracciones turísticas a través de imágenes y vídeos cortos, impulsando su marca país.

Por otro lado, el conocido programa de televisión también ha sido útil para la obtención de beneficios económicos. Un claro ejemplo de monetización del talento es Suecia, un país al que el imaginario popular asociaba como históricamente neutral (o al menos hasta 2024, año en el que se convirtió en nuevo miembro de la OTAN). La nación nórdica apostó fuertemente por la innovación musical, invirtiendo recursos para mejorar sus performances en Eurovisión. ¿El resultado? Joyas artísticas de la talla de ABBA o Loreen, que lograron convertirlo en una auténtica potencia dentro de la industria. En la actualidad, el vecino de Noruega y Finlandia es uno de los mayores exportadores de música a nivel global.

En cuanto al sistema de votaciones, hay cierta evidencia de que un determinado porcentaje de público otorga puntos (votos) a países con quienes considera tener mayores afinidades culturales e históricas, llegando a ser un aspecto que, en ocasiones, pesa más que el mérito musical. El intercambio de simpatías suele ser muy frecuente en binomios como Armenia-Georgia, Azerbaiyán-Turquía, Bielorrusia-Rusia (esta última ahora vetada), Chipre-Grecia, España-Portugal y Moldavia-Rumanía. No obstante, también hay casos de países que, incluso siendo vecinos geográficos, no congenian en lo absoluto: Armenia-Azerbaiyán y Grecia-Turquía lo ejemplifican con claridad.

De la misma forma, el torneo funciona como una suerte de «puente cultural» entre Occidente y los países de europeos que alguna vez formaron parte del bloque soviético, operando como una plataforma en la que los últimos pueden dar a conocer su cultura, identidad y valores, a par que integrarse a los modelos de la Europa tradicional.

Por último, los conflictos abiertos o las disputas sobre derechos humanos son otro factor que condicionan fuertemente el concurso. La UER ha llegado a prohibir la presentación de candidaturas provenientes de naciones cuyo accionar considera inapropiado, como fue el caso de Rusia en 2022. Sin embargo, hay quienes critican la falta de objetividad en la toma de decisiones del ente, asegurando que este no siempre responde con la misma firmeza ante hechos violentos. En este sentido, una de las participaciones que han sido más duramente cuestionadas ha sido la de Israel, al punto de generarse una importante grieta entre sus defensores y sus retractores (que se vio aún más agravada tras el brutal ataque que la nación judía sufrió en 2023 en manos del grupo terrorista palestino Hamás).

El contraataque ruso

Tras tres años de veto a su participación en Eurovisión, Rusia decidió tomar cartas en el asunto: retomará la producción y transmisión de Intervisión (una especie de réplica del festival europeo, pero con algunas características distintivas). Dicho concurso, celebrado de 1965 a 1968 y de 1977 a 1980 en países ex-soviéticos aleatorios, supo gozar de cierto grado de popularidad, pero dejó de llevarse a cabo debido a razones políticas vinculadas a protestas, huelgas y leyes marciales.

Si bien hasta el momento la información oficial acerca de su retorno es relativamente escueta, se sabe que: 1) se celebrará en el segundo semestre de 2025 en Moscú; 2) estará dirigido por el viceprimer ministro Dmitri Chernishenko; 3) espera contar con la presencia de al menos 25 naciones, entre las que se encuentran potencias emergentes y países aliados al régimen del presidente Vladímir Putin; y 4) buscará resaltar los «valores tradicionales universales, espirituales y familiares» que intenta promover el Kremlin.

Basándose en lo anterior, es posible afirmar que Rusia busca reforzar su desgastada y cuestionada imagen internacional a través de la música y la cultura. No obstante, la acotada lista de invitados evidencia más bien lo contrario: su creciente aislamiento internacional. Por otra parte, el marcado énfasis en «valores tradicionales» puede tener un efecto colateral negativo en un mundo que parece posicionarse más abierto a la diversidad y al cambio (algo que Eurovisión sí logra captar y aprovechar a su favor, a través de sus extravagantes, coloridas y heterogéneas puestas en escena).

Apuntes finales

El idioma y las letras de las canciones, la estética, los colores, los cuerpos en escena: todo en Eurovisión se elige con suma meticulosidad y se piensa con extrema cautela. Y es que, sencillamente, todo comunica. Sucede que cada delegación que pisa el escenario no solo quiere ganar el concurso, sino que además quiere contar una historia, dar una buena imagen en representación de su país. Las actuaciones no solo destacan musicalmente, sino que son construcciones simbólicas que comunican identidad, resiliencia y europeísmo.

En definitiva, Eurovisión es entretenimiento, pero también es relato. Quien ve el programa, ve cómo Europa se narra a sí misma. Aunque entre brillos, baladas y coreografías, se filtran preguntas incómodas como: ¿Qué voces son permitidas y cuáles se restringen?; ¿qué conflictos se visibilizan y cuáles se ocultan?; ¿qué valores se celebran y cuáles se maquillan?

A pesar de que su organismo creador, la UER, haya intentado reivindicarse como un actor apolítico, la realidad muestra exactamente lo contrario. Ciertas contradicciones en los criterios de selección y el veto de determinados candidatos, han sabido desatar polémica entre algunos telespectadores, demostrando que la cuestión política sí que está clara e innegablemente inmiscuida en este concurso.

Como termómetro político y cultural de Europa, el hecho de que en 2025 el festival se celebre en Suiza añade otra capa interesante, pues dicho país es un símbolo histórico de neutralidad: ¿Y qué significa ser neutral en un continente tan polarizado, conflictivo e incierto como el de la actualidad?

Aunque Eurovisión pueda parecer un festival liviano, no lo es. Tiene un peso inesperado porque en cada canción hay una postura, en cada votación hay una inclinación y en cada silencio hay una decisión política. Para coronarse como ganador del concurso, no basta con invertir dinero en trajes vistosos, tener una presencia escénica de impacto o estar dotado de una buena voz, sino que también hay que saber leer el clima cultural y político europeo del momento: si el mensaje no conecta o es rechazado, el soft power puede, sencillamente, volverse en contra de quien lo aplica. Aún restan algunos días para descubrir que deparará el torneo de este 2025, pero lo que sí es seguro es que cada una de las perfomances serán sometidas a un exhaustivo escrutinio en el que, con seguridad, se aplicará una lectura política.

Y es que Eurovisión no resuelve conflictos, pero los expone. Tampoco dicta política exterior, pero la refleja. Enseña que la cultura popular puede ser una herramienta poderosa para entender el presente.

*Foto de portada: Logo de Eurovisión | Créditos: eurovision.tv

Artículo recomendado:


Compartir en:



NEWSLETTER

¿Quieres apuntarte al boletín de noticias de ESCANEO POLÍTICO? Añade tu correo electrónico y recibe todas las novedades del sitio en tu bandeja de entrada.


© ESCANEO POLÍTICO 2024-2026