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🇵🇹 | El país que por tanto tiempo se mantuvo al margen de las olas reaccionarias, comienza ahora a surfear sobre ellas.
Contexto regional
Desde hace muchos años, Europa viene alertando acerca del auge de movimientos y partidos políticos que apuntan hacia una derecha más radicalizada. Si bien al principio estas agrupaciones eran minoritarias y no captaban demasiados simpatizantes, en los últimos tiempos han crecido muy rápidamente y, al día de hoy, gozan de gran popularidad. Existe una serie de razones estructurales (de larga data) que pueden explicarla.
La mayoría de los analistas coinciden en atribuirle su causa a problemas económicos y migratorios. Otros, en cambio, van un poco más allá y se permiten una justificación un tanto más «filosófica» (pero no por ello menos interesante), asegurando que su razón de ser tiene que ver con la relación postmoderna entre las personas y el tiempo. ¿A qué se refieren con esto? A que se vive en la época de la inmediatez, en la que se buscan respuestas y soluciones rápidas en todos los ámbitos de la cotidianeidad… incluida la política. Sucede que los aparatos institucionales —generalmente lentos e incapaces per se— enfrentan ciertas dificultades para abordar las reales preocupaciones de la ciudadanía. Es así que surgen agrupaciones políticas de disenso que, siendo conscientes de las múltiples debilidades que tiene el sistema tradicional, buscan atraer el voto de los desencantados.
Los partidos políticos de ultraderecha no disponen de un estatuto generalizado ni homogéneo y, por ende, algunas de sus posturas pueden diferir entre agrupación y agrupación. Sin embargo, tienen algo en común: todas se alejan de la derecha convencional y, a rasgos generales, suelen caracterizarse por manifestar altos grados de nacionalismo y sentido patriótico. Esto los lleva —casi necesariamente— a ser afines a las ideas de proteccionismo. Además, en la mayoría de los casos suelen posicionarse en contra de la inmigración ilegal y, por consiguiente, a favor de sellar las fronteras. Por otra parte, es habitual que promuevan la meritocracia, además de que rechacen las leyes de cuotas en instituciones públicas y de gobierno. Tienden a menospreciar a la «casta» política por considerar que esta solo se preocupa por salvaguardar sus propios intereses, algo que puede resultar paradójico teniendo en cuenta que, al llegar al poder, ellos también pasan a formar parte de esa elite a la que tanto critican. Por último, los niveles de religiosidad y euroescepticismo son variables entre las distintas formaciones, al igual que ocurre con asuntos más polémicos —tales como aborto, eutanasia y todos aquellos que de alguna forma responden a cuestiones de ética— donde sus opiniones usualmente se encuentran más divididas.
Sea como sea, guste más o guste menos, la extrema derecha «está de moda» en Europa. Esta inclinación quedó en evidencia en junio de 2024, cuando se celebraron las elecciones al Parlamento Europeo y el claro triunfador resultó siendo el bloque derechista/centroderechista Partido Popular Europeo (PPE) con 188 de 720 escaños. Más allá de esa victoria, lo verdaderamente destacable del caso es que, gracias a los resultados obtenidos en esa oportunidad, la mayoría de los eurodiputados de la actual legislatura corresponden a espectros políticos de derecha y ultraderecha: al PPE se le suma el Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), los Patriotas por Europa y la Europa de las Naciones Soberanas.
Previo a los comicios europeos del pasado año, muchos partidos de extrema derecha ya habían logrado un importante incremento en su número de adeptos, e incluso llegaron a conformar gobiernos, verbigracia la coalición italiana Fratelli d’Italia (FdI), liderada por la actual presidente del Consejo de Ministros Georgia Meloni. En otros países, el cambio fue algo más paulatino, pero terminó de «explotar» con dicha instancia de consulta popular comunitaria. Es el ejemplo de Portugal, quien convoca a este artículo.
El ¿modélico? sistema político portugués
Desde hace varias décadas, la tierra del fado es un referente de estabilidad política dentro del continente europeo y su madurez democrática resulta un modelo a seguir. No obstante, algunos de los hechos ocurridos durante el último quinquenio parecen estar poniendo en duda su status.
El pueblo luso —ese mismo que en 1974, gracias a su pacífica Revolução dos Cravos, supo derrocar una dictadura de más de 40 años de duración sin derramar una sola gota de sangre— se encuentra hoy frente a un escenario particular. Las principales preocupaciones de sus ciudadanos están vinculadas a los problemas en el acceso a la vivienda y los salarios bajos, además del deterioro de la sanidad y la educación pública. A ello se le añade una creciente desconfianza hacia la clase política, que hace que los portugueses se muestren cada vez más desilusionados y pesimistas respecto a su futuro.
¿Qué ha ocurrido exactamente? En pocas palabras, Portugal parece haber perdido su histórica capacidad de consenso.
El inicio de la fragmentación
No resulta sencillo establecer una fecha exacta para el comienzo de esta debacle. Ya en 2021 el Parlamento luso comenzaba a verse envuelto en problemas de negociación, cuando el presupuesto propuesto por el gobierno minoritario del socialista António Costa —que ejercía como premier desde 2015 — fue rechazado por la Asamblea. En plena pandemia de Covid-19 y debido al fuerte bloqueo, el presidente Marcelo Rebelo de Sousa tuvo, entonces, que convocar a elecciones anticipadas para enero de 2022.
Luego de los comicios, A. Costa pudo seguir gobernando, pero lo cierto es que la falta de entendimientos nunca finalizó. Para colmo de males, al año siguiente el líder fue acusado como sospechoso en un caso de corrupción. Renunció a su cargo en noviembre de 2023 y, como había que encontrarle un sucesor, hubo que adelantar nuevamente el proceso electoral.
Los resultados del sufragio de marzo 2024 fueron muy reñidos: el estrecho vencedor fue la coalición de centroderecha Aliança Democrática (AD) con el 29% de los votos, seguido de cerca por el centroizquierdista Partido Socialista (PS) con un 28%, mientras que el ultraderechista Chega! sorprendió con un 18%. De esa forma, aún sin mayorías parlamentarias, Luís Montenegro del Partido Social Demócrata (PSD) de AD se convirtió en el nuevo primer ministro. Pero la calma no perduró por mucho tiempo. Hace algunos meses estalló un verdadero escándalo al descubrirse que, aún luego de asumir su puesto público, L. Montenegro seguía manteniendo vínculos con su empresa familiar Spinumviva, existiendo la posibilidad de que haya incurrido en un conflicto de intereses. Por eso, M. Rebelo de Sousa no tuvo más alternativa que disolver la Asamblea General y convocar a las urnas de forma precoz para mayo del presente año.
Actualidad
Finalmente, el pasado 18 de mayo tuvieron lugar elecciones legislativas. Fueron las terceras en tan solo tres años, algo que da cuenta del preocupante bloqueo institucional que azota a Portugal. El bucle de repeticiones electorales se hace insostenible para una ciudadanía hastiada, que tan solo pretende que su clase política se ponga de acuerdo y que, de una vez por todas, comience a ejercer las responsabilidades que le corresponden.
Por si lo anterior fuera poco, esta nueva jornada de sufragio no modificó el escenario. Eso sí: pasado el escrutinio de votos, se constató que hubo un giro hacia la derecha y la extema derecha. L. Montenegro de AD obtuvo un 32% de las papeletas, mientras que Pedro Nuno Santos de PS un 23% y André Ventura de Chega! un impresionante 22%. La predilección por AD demuestra que, para el pueblo luso, alcanzar la estabilidad, hoy, es más importante que los escándalos éticos de sus líderes. A pesar de ello, los porcentajes alcanzados por L. Montenegro siguen impidiéndole gobernar con mayoría parlamentaria y, por eso, se verá nuevamente obligado a conformar convenios.
Los ciudadanos ya cumplieron con su deber cívico. Lo que ocurra a partir de ahora será, entonces, exclusiva responsabilidad de los líderes políticos. Claro que para llegar a buen puerto estos últimos deberán ser capaces de anteponer sus intereses partidistas a los del pueblo. Y el pueblo, quiere soluciones…
El importante rol de M. Rebelo de Sousa
En Portugal, la figura presidencial no dispone de ningún poder ejecutivo, pues quien lo ostenta es el Primer Ministro. Sin embargo, sí cumple un importante papel mediador cuando hay crisis políticas, al estar constitucionalmente habilitado para disolver el Parlamento y convocar a elecciones anticipadas. Además, tiene otra serie de potestades reconocidas, como la de ser el responsable de declarar el estado de emergencia en situaciones excepcionales.
Durante su mandato iniciado en 2016, el actual presidente M. Rebelo de Sousa ya ha tenido que incurrir en todas las medidas antes mencionadas: ha declarado el estado de emergencia durante la pandemia de Coronavirus, así como también ha anulado legislaturas parlamentarias, ha llamado a sufragios adelantados, y ha intercedido en antiguos trances políticos. Hoy, el carismático líder conservador de 72 años debe volver a concentrarse en las tres últimas.
Marcelo (a secas, porque los portugueses habitualmente lo llaman solo por su nombre de pila), es un Presidente especial. Su personalidad descontracturada y afectuosa le ha permitido cosechar amistades incluso fuera de su partido político (el PSD). De hecho, su buena relación con el ex primer ministro socialista A. Costa le ha valido el apodo de «el conservador más de izquierdas» por parte de la prensa lusa.
A pesar de sus fortalezas, Marcelo se vuelve a enfrentar a la necesidad de mediar entre líderes opuestos, que parecen estar cada vez menos dispuestos a dialogar entre sí. Debido a esto, se maneja con extrema cautela y, antes de encargar formar gobierno, se reúne con todos y cada uno de los líderes que participaron en los comicios —instancias conocidas como rondas de consulta— para intentar garantizar la estabilidad. A pesar de todas estas precauciones, el convulso escenario actual le deja un margen de maniobra verdaderamente estrecho: poco puede hacer el simpático Jefe de Estado ante tanta intransigencia.

Chega! y su impacto en la política portuguesa
La moderación solía ser la regla en Portugal, pero ya no lo es: el astronómico crecimiento de la joven agrupación nacida en 2019 es prueba de ello. Tan solo tres años más tarde, en las elecciones parlamentarias de 2022, esta logró convertirse en la tercera fuerza política del país al conseguir un 7% de apoyo popular, en las de 2024 trepó al 18% y, en las de este año, alcanzó un 22%.
La elección de su nombre —Chega! en español significa ¡Basta!— es toda una declaración de intenciones. Por un lado, muestra empatía con los ciudadanos al mostrar fastidio por el sistema político regente y, por otro lado, viene a transformar. En su manifiesto político fundacional se autoconsidera un partido: 1) Nacional; 2) Conservador; 3) Liberal; y 4) Personalista. Considera como legados indiscutibles los valores de razón (como medida de todas las cosas), libertad (en sus más diversas formas y contra todo tipo de totalitarismos), propiedad (como derecho inviolable), justicia, seguridad, dignidad (de la persona humana), y vida (desde la concepción hasta la muerte natural).
Dentro del ámbito económico, sus propuestas más destacadas se centran en el establecimiento de un Estado mínimo, reducido solamente a sus funciones esenciales y que no intervenga en cuestiones de mercado, salvo para regularlo en caso de ser necesario. Además, se propone desmantelar la Autoridade Tributária e Aduaneira, a la que considera una auténtica «máquina de extorsión fiscal» a la que están sometidos los ciudadanos. Pretende, básicamente, reformar la política impositiva del país.
En lo vinculado a lo legal y lo jurídico, Chega! asegura poder garantizar el fin de la «cultura de la impunidad» introduciendo cambios decisivos en la legislación penal. Aspira a retomar la cadena perpetua en delitos graves y perturbadores de la paz social, además de redefinir las sanciones para crímenes como homicidios, terrorismo, violación y abuso sexual de menores.
En términos estrictamente político-institucionales, la agrupación propone reconfigurar los criterios y las formas de representación política, estableciendo así un sistema estatal transparente, eficiente, eficaz, y abierto a la participación ciudadana. Se muestra, además, firme en la lucha contra la corrupción.
Por otra parte, el rechazo absoluto al racismo, la xenofobia y cualquier otro tipo de discriminación es uno de sus máximas dentro del ámbito social, de la misma forma que también lo es la promoción de una verdadera cultura de libertad que se oponga a las limitaciones que la «corrección política» suele imponer.
Ya sea en su estatuto o en sus discursos públicos, hay dos puntos concretos que frecuentemente encienden polémica. Uno de ellos tiene que ver con la visión que la agrupación posee acerca de las cuestiones migratorias: rechaza la inmigración ilegal y prioriza la llegada de individuos/grupos cuyos países de origen sean afines a la cultura y los valores occidentales (la idea es clara y válida en el sentido de que el fenómeno está causando grandes estragos en el continente europeo, pero, a su vez, contrastante con el postulado de «no discriminación» de Chega!). El segundo punto se relaciona con los aspectos religiosos: busca prohibir prácticas que ofendan las raíces culturales del país y el continente, tales como antisemitismo, ideologías de género o aplicación de la sharía. Asimismo, intenta establecer un Estado neutral, pero reconocedor y respetuoso del papel decisivo que la Iglesia católica ha tenido en la historia de Portugal (esto último es algo absolutamente innegable, pero nuevamente contrastante, ya que no conecta con el dogma de «promoción de una verdadera cultura de libertad» que el partido político busca fomentar).
Por último, y no menos importante, diplomacia: Chega! pretende consolidar a Portugal como un actor relevante dentro del escenario internacional, reafirmando su identidad, su historia, su cultura y su lengua. Además, aspira a fortalecer el vínculo entre las comunidades portuguesas repartidas por el mundo.
Como puede constatarse, la formación política se muestra apegada a la tradición y a las raíces lusas, a la par que enemiga del multiculturalismo y del marxismo cultural. Su enfoque, radicalmente diferente al de los partidos convencionales, viene ganando cada vez más adeptos. Portugal, un país que durante tanto tiempo fue visto como un bastión de moderación en el escenario europeo, comienza a modificar su conducta política. Esto trae consigo dos grandes interrogantes: ¿Es el fin del «excepcionalismo» portugués?; ¿Está en crisis el histórico bipartidismo luso? Por el momento, ninguna de ellas tiene una respuesta certera.
Lo que sí está claro es que, al menos desde 2021, hay un Parlamento en crisis, que no logra avanzar en las tareas que le son encomendadas por el pueblo portugués. Y es que los representantes políticos que lo componen están tan ideológicamente fragmentados entre sí, que no son capaces de debatir con madurez y respeto. De cualquier forma, cabe preguntarse si lo que ocurre con los líderes/partidos de las últimas —y fallidas— legislaturas no es, acaso, un espejo de lo que ocurre en la sociedad. Dicho de otra manera, ¿es la Asamblea o son los ciudadanos quienes se encuentran segmentados? No resulta sencillo averiguar quién es el verdadero responsable de esta situación. O quizás sí.
Suele ser habitual culpabilizar a partidos radicales por la existencia de fragmentación política y social. En múltiples ocasiones, el líder de Chega! A. Ventura ha sido acusado de contribuir a la «grieta» entre los portugueses. De hecho, sería poco objetivo negar que ciertos puntos propuestos en su programa de gobierno pueden resultar, cuanto menos, polémicos. Empero, tal como se detallaba en el artículo «Conmigo o contra mí: El fenómeno mundial de la polarización» de ESCANEO POLÍTICO, los encargados de aportar —positiva o negativamente— a la causa son, en realidad, tres: la clase política, los civiles y los medios de comunicación. Es tarea de todos trabajar activamente para que las divisiones —que son una cosa tan natural siempre que se mantengan en niveles moderados— no se conviertan en ruptura y desencuentro social.

Futuro incierto
Las pasadas elecciones legislativas del 18 de mayo sembraron más dudas que certezas. La falta de mayorías absolutas impide la conformación rápida de un nuevo Gobierno y obliga a los líderes a negociar. ¿El problema? Su falta de flexibilidad y la negativa que muestran estas agrupaciones a pautar entre sí. De hecho, el vencedor L. Montenegro ha manifestado públicamente no estar dispuesto a negociar con A. Ventura (aún considerando que su partido político podría aportarle unos nada despreciables 58 escaños).
Lo anterior resulta particularmente llamativo teniendo en cuenta que en varios países de Europa, ciertos partidos tradicionales han aceptado la posibilidad de negociar con grupos radicales y, en situaciones concretas, han llegado incluso a conformar coaliciones con estos. El caso portugués viene siendo exactamente al revés: tanto el PSD como el PS se vienen negando firmemente a aliarse con Chega! Existe una suerte de «cordón sanitario» que no permite que las agrupaciones convencionales se muevan de su margen habitual. La radicalización portuguesa ya es una realidad (pues A. Ventura crece como espuma en número de papeletas), pero aún no tan acentuada como en el caso de sus vecinos. Y sí, también aquí Portugal vuelve a hacer las cosas a su manera.
El próximo mes de septiembre la nación europea celebrará elecciones municipales, mientras que en 2026 tendrá comicios presidenciales. Considerando el panorama que se tiene actualmente, la incertidumbre en ambos procesos será máxima.
Reflexiones finales
El Parlamento portugués ha pasado de ser un sitio de decisión y negociación, a ser un escenario de constante confrontación. Está paralizado. Y un Parlamento paralizado no legisla, no guía, no ordena, no resuelve. En pocas palabras, es ineficiente. Urge volver a tender puentes y retomar el camino del diálogo. No importan ni Chega!, ni el PSD, ni el PS. Solo importa darle, por fin, estabilidad a una ciudadanía ya fastidiada.
Como ya se mencionaba en el artículo «Porque solo Portugal podía hacerlo: Revolución de los Claveles» de ESCANEO POLÍTICO, el desafío actual es el de sostener una democracia robusta frente a la apatía ciudadana y la polarización interna. Aquella Revoluçao de 1974 es una llamada a mirar hacia el pasado para inspirarse hoy. En tiempos donde los consensos tambalean y las soluciones parecen esquivas, aún es posible encontrar salidas civilizadas. La tierra del fado ya pudo hacerlo una vez. Puede —y debe— volver a hacerlo ahora. Pero será a su manera, siempre a su manera. Porque Portugal, con su arte de la calma… está sencillamente destinado a destacar.
*Foto de portada: Bandera de Portugal. Créditos: Freepik.
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