Siria en manos de Ahmed al-Sharaa: La diplomacia de un pasado oscuro

*

🇸🇾 | A casi seis meses de haber derrocado al régimen de Bashar al-Assad y tomar el poder, ¿debería Occidente confiar ya en la política exterior que el líder propone?



Presentación

A comienzos de este año, en el artículo «Monitoreo de tendencias: Política Internacional en 2025 – (Parte II)» de ESCANEO POLÍTICO, ya se adelantaba que Siria sería uno de los países que, en los próximos meses y gracias a su complejo contexto sociopolítico, acapararía la atención de la comunidad global. Y efectivamente, así viene siendo.

Todo estalló en diciembre de 2024, cuando tras una rápida, contundente e inesperada ofensiva de tan solo 11 días, grupos rebeldes islamitas lograron tomar la capital, Damasco, y así derrotar al régimen del aquel entonces presidente Bashar al-Assad. Desde hace varios años, este líder —que había heredado el poder dictatorial en 2000 luego del fallecimiento de su padre— venía perdiendo aprobación pública a causa del descontento ciudadano con la situación general del país. Y es que, desde marzo de 2011, la nación siria arrastraba una guerra civil sangrienta que venía trayendo como consecuencia desplazamientos forzados y pérdidas humanas, a la que se le sumaban los altos niveles de pobreza y la violenta represión que el oficialismo ejercía contra críticos y opositores. Luego de la revuelta, el destronado jefe de Estado no tuvo otra opción más que la de huir, siendo asilado por su aliado Vladímir Putin en Rusia.

La caída de B. al-Assad estuvo dirigida por un excombatiente del grupo terrorista, paramilitar y yihadista Al-Qaeda, que en aquellos tiempos se identificaba con el seudónimo de Abu Mohammed al-Jolani. Este individuo, cuyo nombre verdadero es Ahmed al-Sharaa, actualmente encabeza la organización Hayat Tahrir al-Sham (HTS) y ya no oculta su identidad. De hecho, desde la asonada, se ha convertido en el presidente sirio de facto.

Para muchos ciudadanos, el levantamiento orquestado por A. al-Sharaa y su consecuente asunción como primer mandatario trae alegría y alivio a su pueblo. Muchos consideran que su gestión política pondrá fin a lo que fue un período difícil para la historia del país, y esa esperanza justifica el retorno casi instantáneo de miles de sirios que antes se refugiaban en países vecinos —como Egipto, Irak, Jordania, Líbano y, especialmente, Turquía— a su tierra. En el ámbito internacional, contrariamente, se sospecha acerca de las verdaderas intenciones del nuevo líder. Y es que su pasado guerrillero siembra más dudas que certezas, particularmente a quienes observan el escenario desde Occidente. Las acciones y las declaraciones públicas efectuadas por parte de este a lo largo de las últimas semanas, muy lejos de apaciguar la incertidumbre, la incrementan.

El objetivo de este artículo es, entonces, recapitular los hechos de forma sintetizada, para luego proceder a reflexionar acerca del llamativo comportamiento del actual máximo dirigente sirio. Haciendo hincapié en sus proyectos y lineamientos en política exterior, se buscará comprender qué es lo que verdaderamente pretende A. al-Sharaa con su rotundo cambio actitudinal.

¿Gobierno provisorio?

En teoría, la flamante administración gubernamental encabezada por A. a-Sharaa debería ser de carácter transitorio y, a propósito de ello, se había pautado convocar a elecciones para el pasado mes de marzo. Sin embargo, eso no ha ocurrido hasta el momento. ¿La justificación oficial? Desde la cúpula aseguran que los aspectos impiden la correcta organización de un proceso electoral con garantías, al igual que retrasan la redacción de una nueva Constitución que sustituya a la actual, son concretamente dos: el gran desplazamiento de personas y la interrupción en muchos servicios públicos, ambos consecuencia de tantos años de conflicto armado interno.

Lo anterior es, en cierta medida, razonable. Resulta imposible negar que la infraestructura general del país se encuentra prácticamente en ruinas debido a los continuos enfrentamientos civiles. Por ende, no resulta viable —ni seguro— llevar a cabo un procedimiento de sufragio en semejantes condiciones. Sin embargo, hay quienes entienden que esta decisión roza el autoritarismo, pues impide que los ciudadanos expresen libremente su voluntad y elijan al gobernador que deseen tener a partir de esta nueva etapa.

Por otra parte, que A. al-Sharaa no haya cumplido con el primer compromiso asumido desde su llegada al poder, que era el de llamar a su pueblo a las urnas, puede dar pie a que ciertos actores internacionales comiencen a preguntarse si el objetivo real del líder era devolverle la paz y la democracia a sus ciudadanos o si, por el contrario, solo quería «adueñarse» del país y ver crecer su poder.

Asimismo, el nombramiento de ministros y directivos pareciera indicar que, más que un gobierno eventual, se apunta a uno de mediano/largo plazo. Con un gabinete compuesto por más de 20 carteras, destaca el recién creado Ministerio de Deportes y Juventud, así como también el Ministerio de Gestión de Emergencias y Desastres. Ambos fueron estratégicamente gestados, pensando en las prioridades de una «nueva Siria» que pondría foco tanto en la población joven como en la preparación para afrontar desafíos de cualquier tipo. Los ministerios más potentes, entiéndase Defensa y Exterior, están en manos de Murhaf Abu Qasra y de Asad al-Shaibani, respectivamente.

Política exterior renovada

Inmediatamente luego de llegar al sillón presidencial, A. al-Sharaa se concentró en dar un mensaje de tranquilidad a sus ciudadanos. Les aseguró que sería un líder moderado y respetuoso de las instituciones, y que trabajaría arduamente por alcanzar un gobierno representativo y de consensos.

Además de las cuestiones vinculadas a democracia y divisiones internas, en la actualidad, Siria atraviesa una larga lista problemas domésticos. Uno de ellos es su caótica situación económica. Tantos años de conflicto no solo destruyeron su infraestructura y su capacidad productiva, sino que también impactaron negativamente en las cadenas de suministro, desordenándolas. La enorme mayoría de las actividades, sin importar su rubro, se desarrollan de forma informal. Existen mercados negros de alimentos, medicamentos y bienes esenciales. Un amplio porcentaje de población se encuentra bajo el umbral de pobreza, por lo que, cuando las familias no cuentan con la posibilidad de recibir remesas de sirios exiliados en el extranjero, las ONGs y los organismos internacionales se convierten en su única fuente de auxilio. La moneda nacional, altamente devaluada en los últimos tiempos, ha hecho que los bienes y los servicios se encarezcan, agravando aún más al panorama. Para colmo de males, los civiles suelen ser víctimas de saqueos y extorsiones, dos prácticas habituales que los grupos violentos llevan a cabo para sustentarse.

Para intentar resolver —o al menos, mitigar— la grave crisis financiera de su país, presidente ha optado por buscar alternativas fuera de fronteras. Insta a los líderes de Occidente a levantar las sanciones que le fueron impuestas a Siria en la época de B. al-Assad, argumentando que dicho régimen ya no existe. Para lograrlo, intenta dar una imagen seria y creíble por todos los medios posibles. Quiere demostrar que él ya no es el mismo que antes y que está dispuesto a hacer las pases con ese mismo Occidente que alguna vez tanto llegó a odiar. Asegura que, ahora, solo quiere lo mejor para su pueblo.

Encuentros relevantes

A lo largo de los primeros seis meses de 2025, ha venido manteniendo una nutrida agenda en materia internacional, donde no han faltado reuniones, cumbres, firma de acuerdos y establecimiento de nuevas alianzas. Todo, con el fin de lograr notoriedad y demostrar que ya no es quien era, para así poder reunir los apoyos necesarios en pro de legitimizarse —tanto dentro como fuera de su país— y conseguir los recursos financieros que tanto necesita para recomponer su nación.

Una de sus actividades más destacadas ha sido su reunión con el presidente estadounidense Donald Trump el pasado 14 de mayo. El diálogo tuvo lugar en Riad, capital de Arabia Saudita, al margen de la cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo que allí fue celebrada. Ambos estuvieron acompañados por el príncipe heredero Mohammed bin Salman —quien actuó como anfitrión— y contaron con la presencia virtual del presidente turco Recep Tayyip Erdogan. El norteamericano optó por confiar en el sirio y anunció que levantaría las sanciones impuestas desde 2011 sí y solo sí Siria se une a los Acuerdos de Abraham. También exigió ciertas medidas vinculadas a seguridad, como la deportación de combatientes yihadistas extranjeros que permanecen en territorio sirio y la expulsión de grupos armados palestinos que operan en él. En ese sentido, también propuso la posibilidad de cooperar mutuamente en pro de la desaparición —total— de ISIS. Básicamente, D. Trump apunta a una alianza práctica, sin voluntad de involucrarse en las cuestiones políticas internas del país asiático.

Exactamente una semana antes, el 7 de mayo, A. al-Sharaa también se reunió con su homólogo francés Emmanuel Macron. La cita se llevó adelante en el Palais de l’Élysée de París, y tuvo una gran significancia para ambas partes. Para el caso Francia, el careo se justifica por su interés en preservar su seguridad nacional, tanto en lo vinculado con la amenaza terrorista que podría suponer el regreso de Estado Islámico, como con la cuestión migratoria y los tráficos ilegales. Para Siria, en tanto, este resulta útil para obtener un importante reconocimiento externo que avale su gestión, sin contar, además, el puente que el país galo representa para conectar con otros puntos de Europa.

Misiones diplomáticas de Siria en el extranjero

Otra parte importante de la estrategia de reinserción internacional de A. al-Sharaa viene siendo su apuesta por el reforzamiento de oficinas consulares y embajadas esparcidas por el mundo. Además, destaca la apertura —y en algunos casos, la reapertura— de sedes en países/zonas tácticas.

Como es bien sabido, una representación diplomática —sin importar donde se establezca— no solo sirve como herramienta de auxilio a expatriados, sino también para robustecer vínculos bilaterales entre Estados. Eso es justo lo que necesita Siria en estos momentos y, por ende, la decisión de priorizarlas es absolutamente acertada.

A continuación, el listado completo de delegaciones sirias fuera de fronteras (nótese que algunas de ellas están autorizadas para operar en otros países vecinos, teniendo como tarea asignada el velo por los intereses de ciudadanos sirios que allí residan).

PaísCiudadTipo de RepresentaciónObservaciones
AlemaniaBerlínEmbajada
ArgeliaN/IEmbajada
Opera también para Marruecos y Túnez
ArgentinaBuenos AiresEmbajada
ArmeniaErevánEmbajada
AustriaVienaEmbajadaOpera también para Italia
BaréinManamaEmbajadaJunto a la Embajada en Abu Dabi, también opera para Arabia Saudí
BélgicaBruselasEmbajada
BrasilBrasiliaEmbajada
BrasilSan PabloConsulado
BulgariaSofíaEmbajada
ChileSantiagoEmbajada
ChinaPekínEmbajada
ChipreNicosiaEmbajada
Corea del NortePyongyangEmbajada
CubaLa HabanaEmbajadaOpera también para Canadá y Estados Unidos
EgiptoEl CairoEmbajadaOpera también para Libia
Emiratos Árabes UnidosAbu DabiEmbajadaJunto a la Embajada en Manama, también opera para Arabia Saudita
Emiratos Árabes UnidosDubaiConsulado
EspañaMadridEmbajada
FranciaParísConsuladoOpera también para Reino Unido
GreciaAtenasEmbajada
IndiaNueva DelhiEmbajada
IndonesiaYakartaEmbajadaOpera también para Australia
IrakBagdadEmbajada
IránTeheránEmbajada
JapónTokioEmbajada
JordaniaAmánEmbajada
KuwaitN/IEmbajada
LíbanoBeirutEmbajada
HungríaBudapestEmbajada
MalasiaKuala LumpurEmbajada
MauritaniaNuakchotEmbajada
OmánMascateEmbajadaOpera también para Qatar
NigeriaAbuyaEmbajada
Países BajosLa HayaMisión Permanente de la República Árabe Siria ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas
PakistánIslamabadEmbajada
PoloniaVarsoviaEmbajada
República ChecaPragaEmbajada
RumaníaBucarestEmbajada
SenegalDakarEmbajada
SerbiaBelgradoEmbajada
SudáfricaPretoriaEmbajada
SudánJartumEmbajada
SueciaEstocolmoEmbajada
SuizaGinebraMisión Permanente de la República Árabe Siria ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra
TanzaniaDar es-SalaamEmbajada
TurquíaEstambulConsulado
UcraniaKievEmbajada
VenezuelaCaracasEmbajada

Fuente: Datos disponibles en la Web oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores y Expatriados de Siria, a fecha 2 de junio de 2025

La importancia de los símbolos

Un proceso transformativo que viene de antaño

La organización que lidera A. al-Sharaa, HTS, rompió vínculos con Al-Qaeda de forma oficial en 2016. ¿El motivo? Privar a Occidente de motivos para atacarla. ¿El problema? A pesar de sus esfuerzos, no ha logrado disipar las sospechas de ciertos analistas y gobiernos occidentales al 100%, pues muchos la clasifican como una agrupación terrorista.

El hecho de que hayan pasado casi diez años desde el quiebre en la relación entre HTS y Al-Qaeda, da cuenta de que la táctica del actual presidente sirio de facto viene siendo previamente planificada, al menos, desde entonces.

Actualidad

A. al-Sharaa intenta presentarse como un líder moderado dentro y fuera de su país. Desde su ascenso mediático en diciembre de 2024, ha mostrado un discurso y una estética visual sumamente coherente con el mensaje que pretende transmitir. Casi no se constatan errores en su accionar y, en caso de tenerlos, son pocos y muy sutiles. Esto puede ser —otro— indicio de que el líder haya estado planificando cuidadosamente —y por mucho tiempo— su estrategia de comunicación.

El líder parece ser todo un auténtico experto en simbología. A nivel interno, para reforzar sus discursos hablados, e intentando mostrar cercanía con la gente, recorre Siria de punta a punta. Dialoga, consulta, intercambia con los ciudadanos. A pesar de su mentalidad islamita, se reúne con representantes de minorías religiosas como la cristiana, la alauita y la drusa. Muestra respeto, tolerancia y flexibilidad hacia quienes son diferentes. Por otra parte, viene aplicando una serie de medidas que, aunque puedan parecer nimiedades, dicen mucho, como el hecho de no haber —hasta el momento—prohibido el consumo de alcohol, ni haber impuesto códigos de vestimenta a las mujeres. Y con respecto al asunto de género, destaca un acto por demás sugerente: mostró públicamente a su esposa, Latifa al-Droub, algo poco habitual en hombres musulmanes conservadores. En ambos casos eso ocurrió en el exterior del país: una en Arabia Saudita y otra en Turquía, donde llegó a reunirse con su par, la primera dama Emine Erdoğan.

Concediendo entrevistas a medios internacionales y asistiendo a cuanto evento forastero se le presente, luce como un hombre amigable y respetuoso frente a todos. Conversa con sus interlocutores de forma pausada, nunca muestra prisa en sus gestos y movimientos. Se exhibe, en definitiva, optimista y seguro de sí mismo.

Por último, el mandatario sirio también ha cambiado su forma y estilo de vestir, dejando de llevar el típico turbante que usan los yihadistas y comenzando a lucir uniforme militar. En algunas visitas protocolares al extranjero, ha llegado, incluso, a portar trajes de sastre, demostrando que es capaz de adaptarse sin problemas a las claves occidentales. Se esfuerza por acoplarse a las necesidades y costumbres de los sitios a los que asiste, llegando a combinar el color de sus corbatas con aquellos presentes en las banderas de sus anfitriones.

Cambios en la bandera nacional

La adopción de un nuevo pabellón patrio, o más bien, el retorno de uno que ya había sido empleado antes, da cuenta del peso que tienen los símbolos para esta nueva administración gubernamental. El modelo anterior puso fin a los más de 50 años que la familia al-Assad se mantuvo autoritariamente en el poder. El nuevo, en cambio, representa una nueva era de liderazgo, y ya se luce en edificios oficiales, embajadas/consulados en el extranjero e, incluso, en la sede de ONU.

El significado detallado de este emblema es toda una declaración de intenciones: La franja verde está ligada a la esperanza, a la renovación, a la libertad, a la democracia y a la unidad. La franja blanca, en tanto, está ligada al pasado glorioso, a la pureza, a la paz y al futuro augurioso. La franja negra, por su parte, representa las raíces árabes de Siria, aludiendo a su resiliencia tras las opresiones sufridas por el pueblo sirio y los árabes. Por último, las tres estrellas rojas en el centro se vinculan a la historia y a la geografía, representando inicialmente a las provincias Damasco, Alepo y Deir Ezzor (esto inicialmente, ya que con el paso de los años el país ha multiplicado sus distritos y cada estrella pasó a encarnar más regiones). Su color rojo pretende honrar la sangre de los mártires que dieron su vida por la libertad y la justicia, además de plasmar el anhelo de unión del pueblo sirio y la diversidad de grupos que lo constituyen.

Reacciones internacionales

La respuesta de la comunidad global ante el fenómeno A. al-Sharaa debería ser analizada en dos etapas. La primera es la que corresponde a su victoria en la revuelta de 2024 y su meteórico ascenso al poder, mientras que la segunda es la que comenzó en marzo de este año y se mantiene hasta la actualidad con su consolidación como presidente de facto.

La reacción generalizada durante la parte inicial fue, básicamente, la de perplejidad. El mundo observaba atónito lo que fue el levantamiento ante el régimen del autoritario B. al-Assad, no solo por la rapidez de su ejecución, sino también por la figura que orquestó dicho movimiento insurgente: el excombatiente yihadista, antes conocido por su nombre de guerra A. M. al-Jolani.

Posteriormente, habiéndose ya establecido en el poder y mostrando su verdadera identidad, A. al-Sharaa comenzó a trabajar arduamente para limpiar su imagen. En cierta forma, sus reuniones, diálogos y negociaciones están dando frutos. Si bien gran parte de los actores internacionales todavía muestran cierto recelo hacia su pasado, algunos de ellos ya comienzan a mostrar cierto grado de apertura hacia el nuevo líder sirio. Son los casos de Estados Unidos y Francia (anteriormente detallados en el apartado «Política exterior renovada» de este artículo). El primero ya comenzó a levantar los bloqueos económicos impuestos al país asiático, mientras que el último reabrió la embajada que tenía en aquel territorio, pero que años atrás había cerrado. La Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, anunció que la Unión Europea pronto restablecerá la delegación diplomática que de antaño tenía en Damasco, mientras que la presidente de la Comisión Europea, Ursula Von de Leyen, aseguró que aumentaría la ayuda humanitaria para Siria a la par de haber iniciado con la eliminación de las penalizaciones económicas.

Pese a los leves indicios de acercamiento entre Siria-Occidente, lo que rige es la cautela. Tanto Europa como Estados Unidos investigan minuciosamente al presidente sirio de facto y observan con lupa cada una de sus acciones. Lo que comenzó siendo desconcierto, se ha tornado prudencia. No obstante, la desconfianza, aún, no se desvanece del todo.

Intereses geopolíticos y polarización interna

La llegada de A. al-Sharaa al poder ha tenido mucha repercusión en el mundo, especialmente debido a su historial violento. Pero lo cierto es que el líder se encuentra frente a un doble reto: por un lado debe seguir intentando convencer a Occidente de que su cambio es real y de que sus intensiones son buenas, pero por otro también debe batallar contra la segmentación social a nivel doméstico. Y es que, desde hace varias décadas, Siria es un territorio cuya población está fuertemente enfrentada debido a diferencias religiosas, étnicas y políticas.

A propósito de estas fracturas internas, el especialista en conflictos militares Jesús A. Núñez Villaverde, en su artículo «Siria se la juega sin margen de error» publicado por el think tank español Real Instituto Elcano, asegura que por más que A. al-Sharaa insista en incorporar todas las sensibilidades presentes en sus planes de reunificación y reconstrucción, no le será sencillo lograrlo. De hecho, desde que tomó el mando, el líder no ha podido subordinar a su autoridad a todos los grupos armados que aún se encuentran activos, así como tampoco ha sido capaz de imponer el orden público en todos los rincones del país. La minoría alauí (núcleo principal del antiguo régimen de B. al-Assad) y los drusos (interesados en mantener al menos las prerrogativas que incluso el régimen dictatorial les otorgaba) han sido dos de sus principales dificultades. Por otra parte, las Fuerzas Democráticas Sirias (alianza de milicias kurdas, árabes, asirias, armenias, turcomanas y circasianas que han contado con el apoyo de Estados Unidos y son especialmente relevantes en el noreste del país) no terminan de adaptarse a la nueva administración pese a haberlo acordado por escrito. Igualmente desafiante es la inferencia de países vecinos en asuntos internos: mientras que naciones como Qatar y Arabia Saudí ofrecen ayuda humanitaria o cubren el salario de los funcionarios públicos, otras, como Israel y Turquía, compiten por aprovechar la debilidad del nuevo régimen para ganar posiciones de ventaja a favor de sus propias conveniencias.

A lo anterior, hay que añadir que el colapso de B. al-Assad impactó negativamente en el Eje de la Resistencia —grupo compuesto por Irak, Irán, Líbano, Rusia, Venezuela, Yemen y algunas tropas palestinas que tienen como enemigo acérrimo a Estados Unidos e Israel—, ya que perdieron un aliado importante.

¿Una estrategia encubierta?

Las posibles «malas intenciones» de A. al-Sharaa —entendidas no como un juicio moral, sino como hipótesis de agenda oculta— podrían estar enmarcadas dentro de:

1) Búsqueda de legitimación internacional para consolidar poder interno: Se trata de una herramienta bastante común en regímenes autoritarios, en la que se utiliza la apertura exterior como fachada para obtener licitud. A través de ella, podría estar pretendiendo aliviar sanciones sin comprometer cambios estructurales, conseguir inversión extranjera que sirva para reforzar sus redes clientelares internas, o bien, tomándola como escudo para neutralizar a su oposición.

2) Reposicionamiento para controlar el aparato de seguridad: El líder podría aspirar a reorganizar su maquinaria represiva con nuevos aliados que le sean verdaderamente leales a él, y no a estructuras anteriores. En ese sentido, también podría utilizar su discurso antiterrorista para perseguir opositores bajo la excusa de mantener la paz.

3) Redirección ideológica no real: Detrás de su actual discurso cubierto por la fachada del pragmatismo y la diplomacia, podrían esconderse otras lógicas. Esta narrativa le permitiría mantener vínculos con redes yihadistas o agrupaciones radicales que operan desde la clandestinidad, que funcionarían como mecanismo de presión regional, exportando inestabilidad controlada hacia países vecinos en caso de verse acorralado.

4) Explorar alianzas transaccionales sin asumir compromisos auténticos: Podría establecer alianzas sin tener como verdadero objetivo integrarse al sistema internacional, sino para explotar divisiones geopolíticas ya existentes, como la Occidente con China o Rusia.

Para una lectura más matizada de lo que está ocurriendo en Siria, aunque sin ingresar en la dicotomía simplista entre buenos y malos, es importante analizar también cuáles podrían ser los impactos positivos que podría tener A. al-Sharaa en su nuevo rol.

1) Integración y estabilización regional: La apertura de canales diplomáticos con países vecinos y actores globales podría contribuir a reducir las tensiones existentes y fomentar un clima de mayor cooperación, incluso en cuestiones como seguridad fronteriza, especialmente con Arabia Saudita, que podrían ayudar a disminuir los niveles de violencia en dichas zonas.

2) Renovación institucional: La apertura a organismos multilaterales podrían ser indicios de una búsqueda de normalización política y económica, aunque sea de modo gradual. De igual forma, estos podrían generar mecanismos de control y presión internacional que permitan que Siria avance en reformas políticas internas y cuestiones vinculadas a derechos humanos.

3) Reducción del aislamiento y alivio económico: El deshielo diplomático puede permitir el levantamiento progresivo de sanciones internacionales (algo que ya comenzó a gestarse), y así impactar positivamente en las condiciones sociales y económicas de la población. La llegada de inversiones y ayuda internacional podría facilitar la reconstrucción de infraestructuras básicas y servicios públicos.

4) Cambio de narrativa y apertura pragmática para una transición política pacífica: Un discurso como el que viene manteniendo el mandatario, caracterizado por elementos de reconciliación y apertura, podría llegar a sentar las bases para un cambio político menos violento. La búsqueda de acuerdos internacionales podría ser una estrategia para evitar que Siria caiga nuevamente en un conflicto prolongado.

Todas estas hipótesis no son excluyentes entre sí. Justamente, la ambigüedad de la figura de A. al-Sharaa le permite moverse con fluidez entre lo pragmático, lo ideológico y lo simbólico. Y esa es, probablemente, su herramienta más poderosa… y peligrosa.

Estimaciones finales

Siempre que se intente analizar cualquier fenómeno vinculado a la región MENA (acrónimo proveniente del inglés, que hace referencia a la amplia zona conformada por Medio Oriente y África del Norte) desde la óptica occidental, se debe proceder con extrema cautela. Lo cierto es que, al partir desde una base postural tan diametralmente opuesta, es fácil caer en el prejuicio.

A pesar de ello, en este caso concreto, sí que es posible realizar algunas valoraciones y esbozar ciertas «teorías» acerca de la cuestión Siria y su presidente de facto A. al-Sharaa, especialmente, porque involucra de manera directa a terceros países. El hecho de que nuevo líder apunte a abrirse al mundo con tanta vehemencia y se esfuerce tanto por expandir los vínculos internacionales de un país que durante tanto tiempo permaneció en un estado de aislamiento casi total ha tenido, para bien o para mal, un enorme impacto en Occidente.

La figura de A. al-Sharaa, en sí misma, es uno de los factores que despiertan más suspicacia en los observadores externos, incluyendo gobiernos. Ya en su victoria en el golpe contra B. al-Asaad es posible inducir que hubo una gran preparación previa de su parte, pues tanto él como su equipo estudiaron el contexto regional con suma meticulosidad, y supieron aprovechar las debilidades que el oficialismo tenía en aquel momento. Ocurre que, a las divisiones internas del país, se le sumaba el hecho de que los países vecinos y algunos de sus principales aliados estaban distraídos en otros asuntos como la guerra Rusia-Ucrania o la de Israel-Palestina. Evidentemente, A. al-Sharaa tuvo la lucidez necesaria para elegir el momento justo en el cual atacar y, entonces, pudo obtener su primer objetivo: apartar al autoritario B. al-Asaad para el mismo tomar el mando del país. Resta por ver si podrá lograr alcanzar el segundo: ser reconocido y legitimado por el mundo.

Tras décadas operando desde las sombras, el líder brindó su primera muestra de «transparencia» al dar a conocer su nombre verdadero y, seguidamente, con algunas medidas domésticas importantes y una actitud humilde —pero segura— en el plano internacional, ha ido logrando abrir puertas que antes estaban cerradas para su país. Empero, hay actores que aún no se sienten del todo convencidos acerca de su transformación y cuestionan la posible existencia de objetivos ocultos. Sencillamente, no estiman posible que un exguerrillero yihadista sea capaz de convertirse, de un momento a otro, en un estadista moderado. Además, todo parece indicar que su victoria en el golpe contra B. al-Assad fue producto de una meticulosa preparación previa,

Si bien el mandatario se presenta como un patriota que aspira a reconstruir y reunificar un país devastado como consecuencia de casi tres lustros de guerra civil, hay algunos expertos que no confían en sus intenciones. Es el caso del analista francés especializado en islam político Thomas Pierret, quien lo define como «un radical pragmático» que solo ha moderado sus acciones y discursos para atraer apoyos, en principio hacia su agrupación, HTS, y ahora a Siria.

De cualquier forma, aún es demasiado pronto para emitir juicios definitivos. La naturaleza de la metamorfosis de A. al-Sharaa —incluyendo sus alcances, límites y objetivos reales— es todavía impredecible. Tras su retórica conciliadora, indudablemente, se esconde un pasado siniestro: Solo el tiempo permitirá conocer si verdaderamente ha renunciado, o no, a este.

Sea como sea, lo más importante, hoy, son los aspectos humanitarios. El fin de la dictadura de B. al-Assad es un importante hito histórico, pero hay que tener en cuenta que, por sí solo, no asegura un futuro más próspero para los sirios. No se puede obviar que el mundo árabe está plagado de ejemplos donde los intentos de transiciones políticas pacíficas fallaron —como fueron los casos de países como Irak, Libia o Yemen— y donde las intervenciones internacionales no resultaron fructíferas. Elementos como la violencia residual, las rivalidades sectarias y los desafíos propios de la gobernanza podrían llegar a entorpecer los avances que se han obtenido hasta el momento. Para estabilizar al país y lograr que el cambio sea duradero, será necesario de un esfuerzo colectivo y un plan coordinado, que reúna a actores locales, regionales y globales.

*Foto de portada: Mapa Siria | Créditos: Clare Nicholas – Pinterest.

Artículo recomendado:


Compartir en:



NEWSLETTER

¿Quieres apuntarte al boletín de noticias de ESCANEO POLÍTICO? Añade tu correo electrónico y recibe todas las novedades del sitio en tu bandeja de entrada.


© ESCANEO POLÍTICO 2024-2026