Pasaporte, ciudadanía y poder blando

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🌐 | Geopolítica de la movilidad: ¿Cómo puede un simple documento de viaje evidenciar las desigualdades que existen en el sistema internacional?



Introducción

Según el Diccionario de la Lengua Española correspondiente a la Real Academia Española (DLE-RAE), el término «pasaporte» proviene del vocablo francés «passeport» y puede ser definido como una «licencia o despacho por escrito que se da para poder pasar libre y seguramente de un pueblo o país a otro» .

Dicho en otras palabras, un pasaporte es un documento que acredita un permiso legal para que un individuo pueda trasladarse desde y hacia un respectivo país. Es expedido por las autoridades gubernamentales nacionales de este y cuenta con validez internacional. Se trata de una suerte de librillo, en cuyas hojas se colocan sellos o estampas para marcar el ingreso o la salida de un determinado territorio, así como también algunos tipos de visados. Por lo general, suelen contener información personal acerca de su portador, incluyendo nombre completo, fecha y lugar de nacimiento, fotografía, firma, y, además, fecha de expedición y caducidad del documento. Los hay de tipo ordinario, dirigidos a ciudadanos en general, y los de tipo especial, dirigidos a diplomáticos y ciertos funcionarios internacionales. Tampoco han sido inmunes a los avances tecnológicos y a la digitalización presente en prácticamente todos los ámbitos del globo: cada vez son más los países que apuestan por emitir pasaportes biométricos —que integran microchips en su interior— con el fin de agilizar su lectura y dificultar su falsificación.

Más allá de las generalidades antes mencionadas, puede afirmarse que un pasaporte es mucho más que una mera credencial de viaje: es una herramienta de poder. El objetivo de este artículo es, justamente, esclarecer esta afirmación. A continuación, a partir de datos actuales, se intenta desglosar el fenómeno. Seguidamente, se esbozan algunas líneas de análisis para conocer y comprender la jerarquía implícita que existe en el sistema internacional, en la cual no todos los pasaportes —y por ende, las ciudadanías— valen lo mismo en términos geopolíticos.

Índices de Pasaporte

Muchas son las empresas de asesoría en residencia y ciudadanía por inversión que, año a año, elaboran sus propios rankings de pasaportes globales. En estos listados, firmas consultoras como la canadiense Arton Capital, la dubaití Nomad Capital, la británica Henley & Patners, o la también británica The Latitude Group (matriz tanto de Latitude Residence and Citizenship, como de RIF Trust) intentan calificar a los documentos de viaje según su grado de apertura y el «poder» que estos son capaces de otorgarle a sus poseedores. Ciertamente, cada uno de estos índices utiliza metodologías y criterios específicos para medir los datos, y esto puede provocar que un determinado país pueda variar su posicionamiento de ranking en ranking. Sin embargo, a grandes rasgos, los resultados suelen ser bastante homogéneos y los puntajes extremos (entiéndase: naciones más abiertas y naciones menos abiertas) casi siempre coinciden, sin importar quien esté detrás del estudio.

En esta oportunidad, se considerará únicamente el Passport Index 2025 de Arton Capital, que analiza de forma completa la información gubernamental disponible en más de 199 países/territorios del mundo.

Características y metodología

Para determinar el rango individual de cada pasaporte, la institución contempla la necesidad —o no— de visados para su ingreso, además de su tipo (visa a la llegada, eTA o eVisa) y, en caso de requerir un criterio de desempate, utiliza el Índice de Desarrollo Humano 2018 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (IDH PNUD), que es un indicador significativo de la percepción del país en el exterior. Por otra parte, para determinar el rango de poder territorial de un pasaporte, lo que hace es considerar el área total —en km²— a la que este otorga acceso.

Resultados destacados 2025

• A nivel global, el pasaporte más valeroso del mundo es el de Emiratos Árabes Unidos, permitiendo el acceso a 179 países. Los de España, Singapur, Francia, Alemania, Bélgica, Finlandia, Italia, Dinamarca y Países Bajos completan el top 10. Otros puestos destacados son: Portugal (12.°), Suiza (13.°), Corea del Sur (21.°), Japón (26.°), Nueva Zelanda (30.°), Canadá (35.°), Reino Unido (40.°), Estados Unidos (41.°), Mónaco (42.°), Brasil (43.°), Argentina (45.°), Israel (50.°), Ciudad del Vaticano (55.°), Ucrania (58.°), Taiwán (82.°), Rusia (87.°), Turquía (88.°), Venezuela (89.°), Qatar (95.°), Sudáfrica (96.°), Arabia Saudí (100.°), Bielorrusia (111.°), China (112.°), Marruecos (120.°), Cuba (136.°), India (139.°), Jordania (161.°), Egipto (162.°), Haití (172.°), Irán (183.°), Corea del Norte (191.°) y Pakistán (195.°). Irak, Siria y Afganistán tienen, en tanto, los pasaportes menos poderosos del planeta y se ubican en los lugares 197.°, 198.° y 199.°, respectivamente.

• Desglosados por continente, quienes gozan de los mejores resultados en movilidad global son: Canadá en las Américas, Emiratos Árabes Unidos en Asia, Seychelles en África, España en Europa y Nueva Zelanda en Oceanía.

• Evaluando ciertos organismos internacionales y bloques de integración regional, los documentos que más destacan en términos de poder son: Brasil tanto en los BRICS+ como en el Mercosur, Francia tanto en el G-7 como en el G-20, España en la Unión Europea, Singapur en la ASEAN y Seychelles en la Unión Africana.

• Existen cuatro colores que reinan en las carátulas de los pasaportes del globo, a saber: 1) Azul, empleado en un total de 85 países/territorios, donde el más fuerte es el de Emiratos Árabes Unidos, seguido por el de Corea del Sur; 2) Rojo, empleado en un total de 66 países/territorios, donde el más fuerte es el de España, seguido por el de Singapur; 3) Verde, empleado en un total de 40 países/territorios, donde el más fuerte es el de México, seguido por el de Ciudad del Vaticano; y 4) Negro, empleado en un total de 7 países, donde el más fuerte es el de Nueva Zelanda, seguido por el de Trinidad y Tobago.

• The Passport Index también ofrece un ranking que ordena a las naciones según la puntuación que obtienen como países acogedores, algo que básicamente depende del número de pasaportes que estos aceptan sin visado o con visado a la llegada. En 2025, el podio al país más abierto del mundo se lo lleva el oceánico Samoa, a quien le suceden sus vecinos continentales Tuvalu y Micronesia. Los Estados más cerrados, en cambio, son Turkmenistán, Corea del Norte y Afganistán.

• España posee la credencial de viaje con mayor grado de poder territorial, pudiendo acceder a un área de 114.242.747 km². Los también europeos Francia, Alemania, Bélgica, Finlandia, Italia, Dinamarca, Países Bajos, Luxemburgo, Portugal, Suiza, Austria, Grecia, Noruega e Irlanda le siguen muy de cerca, ya que con sus pasaportes pueden llegar a 114.242.727 km². Siria, por el contrario, es el país cuyo documento permite acceder a la menor superficie mundial, 11.607.609km².

Apertura global: visualización general

Mapa que indica el grado de poder que tienen los pasaportes emitidos por los distintos países del mundo | Créditos: passportindex.org
Referencias: Los tonos amarillos indican mayor apertura al mundo, mientras que los tonos marrones indican menor apertura al mundo.

Análisis de situación

Un privilegio heredado

Los resultados del Passport Index 2025 de Arton Capital demuestran que el fenómeno de la movilidad internacional está claramente condicionado por la ciudadanía: No es lo mismo tener acceso sin visa —o con visa de fácil tramitación— a 40 países, como es el caso de Afganistán, que a 178, como es el de Emiratos Árabes Unidos.

«Acceder al mundo» no solo permite —y simplifica— viajes de turismo y recreación, sino que también amplía el abanico de oportunidades laborales, académicas y sanitarias de las personas, e incluso, es capaz de supeditar sus posibilidades para la obtención de refugio y vinculación con redes internacionales.

Capital simbólico

La nacionalidad puede abrir o cerrar fronteras y, debido a la incidencia que esta tiene en la calidad de vida de los individuos, pasa a ser un sinónimo de status. En las últimas décadas, este «objeto de deseo» se ha convertido en una estrategia migratoria pero, sobre todo, en una inversión en libertad. Fenómenos como el de las ciudadanías múltiples (vistas como un plan personal/familiar y obtenidas por ascendencia), o el de las ciudadanías por inversión (a través de programas gubernamentales que las «venden» a cambio de aportes económicos) están en pleno auge.

Cada vez son más las personas que buscan obtener ciudadanías y pasaportes alternativos de forma legal. La enorme cantidad de empresas consultoras que se dedican a explotar esta industria (muchas de ellas ya mencionadas en el apartado «Índices de pasaporte» de este artículo) son una fehaciente prueba de ello. A su vez, la abundancia de compañías de este tipo llevan a cuestionar qué tan sólida es la idea de «patria» cuando una persona puede tener dos o más documentos de viaje y, por ende, optar con cuál de ellos moverse por el mundo, así como también pone en tela de juicio hasta qué punto la nacionalidad se convierte en un bien negociable, que va mucho más allá de la identidad. La realidad es que la ciudadanía, desde hace mucho tiempo, dejó de ser un simple documento técnico y, hoy en día, forma parte del repertorio de recursos de quienes entienden que, para jugar bien en el tablero global, ya no alcanza con el conocimiento de idiomas o la posesión de títulos universitarios: El escudo que se lleva impreso en la tapa del pasaporte también importa. Y bastante.

El rol de los gobiernos nacionales

El pasaporte es un indicador geopolítico inequívoco: Además de su grado de estabilidad interna, los lineamientos en política exterior que aplique un determinado país y los acuerdos bilaterales/multilaterales que haya firmado, son elementos que, necesariamente, determinan el valor de su pasaporte. Las naciones que salen mejor posicionadas en rankings como el de Passport Index, son aquellas que implementan las mejores estrategias en lo que a política internacional se refiere: apuestan por alianzas inteligentes.

En sentido contrario, aquellos países con conflictos diplomáticos, crisis humanitarias o regímenes cuestionados internacionalmente son lo que suelen tener los pasaportes más débiles. Eso hace no solo hace que la movilidad de sus ciudadanos se encuentre más limitada, sino que en algunos casos sus documentos pueden llegar despertar sospechas, generar restricciones y provocar estigmas en puestos/controles migratorios. Dicho de otra manera, lo que para algunos es un trámite rápido y sencillo en un aeropuerto, para otros puede volverse una auténtica odisea burocrática.

Por otra parte, el hecho de que los distintos Estados se asocien a bloques regionales resulta ser otro factor clave, debido a que la confianza mutua suele dar paso a la apertura de fronteras. Son los ejemplos de la Unión Europea o el Mercosur, en donde los habitantes de esas regiones pueden gozar de una mayor libertad de circulación (en comparación con quienes no conforman esos grupos).

Estimaciones finales

Es bastante habitual leer y oír expresiones acerca de que el mundo se está volviendo un sitio cada vez más interconectado y, gracias a esto, más pequeño. Sin embargo, ¿es esto realmente así? Quizás no tanto. No, al menos, en lo que refiere a ciudadanías y pasaportes. A pesar de los avances en tecnología y comunicaciones, aún siguen existiendo fronteras físicas, jurídicas y simbólicas. Y es que sencillamente, no todos los individuos circulan igual. No todos los países «acceden al mundo» de la misma forma.

La movilidad es, en pocas palabras, una extensión del poder blando: la capacidad de influir y conectar sin recurrir a la fuerza. Empero, este poder no está distribuido de manera equitativa.

En ese sentido, el pasaporte es una marca geopolítica. A partir de él, el sistema internacional aplica una suerte de «rating» donde cada ciudadano ocupa un lugar específico según el comportamiento de su respectivo gobierno. Ocurre que, así como el Producto Bruto Interno (PBI) o el Índice de Desarrollo Humano (IDH) dan cuenta acerca de factores económicos y sociales de un país, el documento de viaje que este emite habla de su inserción internacional. A fin de cuentas, la facilidad —o no— con la que alguien puede trasladarse por el mundo, habla acerca del tipo de relaciones que su Estado haya forjado a nivel global. Sí: hay pasaportes de primera y hay pasaportes de segunda.

*Foto de portada: Pasaportes del mundo | Créditos: passportindex.org


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