Ayer y hoy: El complejo vínculo entre Israel e Irán

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🇮🇱 – 🇮🇷 | «Guerra de los 12 días»: Contextualización histórica e implicancias globales del más reciente enfrentamiento entre dos añejos rivales.



Presentación

A partir del pasado 13 de junio, tras el último estallido del —nada nuevo— conflicto entre Israel e Irán, se abren diversas interrogantes. Y es que, si bien este parece haberse aplacado gracias a una supuesta tregua entre las partes, aún no existen garantías reales de que la discordia haya verdaderamente finalizado. Por ende, aún no es prudente hacer referencia a los efectos de estos acontecimientos en tiempo pasado. Todavía se anhela conocer cuál será la duración real del enfrentamiento, qué consecuencias tendrá en la ya inestable zona de Oriente Medio/Próximo, si derivará o no en algún cambio de régimen político, así como también en qué grado afectará los mercados y el comercio mundial. Asimismo, surgen dudas acerca de las posibles alteraciones que pueda llegar a generar el involucramiento de Estados Unidos —primer agente externo en sumarse a la pugna de forma oficial, inicialmente como mediador y luego como atacante directo— en el accionar de terceros. Ninguna de estas interpelaciones tienen una respuesta clara, pues no solo se trata de un evento que está en pleno curso, sino que, además, cuenta con líderes sumamente impredecibles en sus dos bandos rivales y, a postre, está localizado en un punto del globo enormemente complejo per se.

De cualquier modo, sí que es posible realizar un compendio de lo ocurrido en las últimas semanas. Y ese es, justamente, uno de objetivos de este artículo. Primeramente, se pretende analizar cuáles han sido los efectos instantáneos que los violentos cruces de ida y vuelta han tenido sobre los habitantes de los países partícipes. Más adelante, se exploran las primeras reacciones de la comunidad internacional ante los hechos, haciendo hincapié en la conducta estadounidense —inicialmente diplomática, luego protagonista— y las consecuencias, también primarias, de esta.

Finalmente, por medio de un breve recuento histórico, se apunta a cumplir con el segundo propósito del texto, que es el de dar a conocer cómo se han ido modificando los vínculos bilaterales entre Israel e Irán con el correr del tiempo y, especialmente, cómo ha sido posible que hayan arribado al punto de enemistad actual. Sucede que, aunque cueste creerlo, alguna vez, ambos supieron mantener una relación cordial…

El inicio del —más reciente— caos

Ataque israelí

Durante la madrugada del 13 de junio, el ejército de Israel ha dado inicio a una serie de ataques contra instalaciones nucleares y bases militares iraníes. Según declaraciones del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, la operación que fuera denominada «León Naciente» pretende garantizar la supervivencia de su pueblo, ya que estima que Irán está cada vez más cerca de atentar contra su integridad a través de la generación de armas de destrucción masiva.

Contraataque iraní

La enérgica ofensiva israelí trajo como consecuencia el fallecimiento de Hossein Salami (jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán); Fereydoon Abbasi (exdirector de la Organización de Energía Atómica de Irán); Mohammad Bagheri (jefe del Estado Mayor del ejército), y cinco destacados científicos nucleares: Mohammad Mehdi Tehranchi (expresidente de la Universidad Islámica Azad de Teherán); Abdolhamid Minouchehr, Ahmad Reza Zolfaghari y Amirhossein Feqhi (académicos de la Universidad Shahid Beheshti de Teherán); y un especialista identificado con el apellido Motallebizadeh. La respuesta del líder supremo del país atacado, Alí Jamenei, no se hizo esperar y tan solo algunas horas después de la embestida, aseguró —mediante un comunicado público— que su nación contraatacaría de forma aplastante. Y así fue: esa misma noche lanzó decenas de mísiles balísticos y drones a Israel.

Combate oficializado

Desde entonces, aunque hayan variado en intensidad, las arremetidas de ida y vuelta no han cesado. A los heridos y fallecidos, se suman las personas desaparecidas que están siendo buscadas por rescatistas entre los escombros de edificios destruidos, así como también aquellas que han decidido evacuar la zona por sus propios medios. Las diferencias entre las dos partes, tan aparentemente irreconciliables, contribuyen a la posibilidad de un conflicto más extendido en el tiempo, especialmente teniendo en cuenta las décadas que estas llevan disputando entre sí.

Efectos inmediatos en ambos países

Consecuencias directas en la población civil

Como siempre ocurre en los conflictos armados, los ciudadanos son siempre los más perjudicados gracias a efectos colaterales como destrucción de hogares, daños a infraestructuras de hospitales y colegios, colapso de servicios públicos esenciales, bloqueos en vías de transporte, además cortes de suministros básicos y deterioro en redes de comunicación. A todo esto, suelen añadirse las migraciones forzadas, el extravío de personas y animales de compañía, los daños físicos y psicológicos de las víctimas y, lo peor, los decesos. La pugna entre Israel e Irán no es la excepción a esta regla. Grupos poblacionales de ambos bandos han sido fuertemente damnificados.

Desigualdades en prevención y protección

En el caso concreto de Irán, no hay sistemas de alarma ni sirenas que alerten a los civiles acerca de la inminente ocurrencia de ataques externos. Esta falta de preparación previa hace que la gente no sepa cómo actuar ante la violencia. Hay quienes —atemorizados y desorientados— intentan escapar por todas las vías posibles, pero los vuelos cancelados y el caos en las calles lo dificultan enormemente. Asimismo, las conexiones a internet son inestables y, por ende, los iraníes encuentran obstáculos al querer contactarse con el exterior o, sencillamente, informarse acerca de los acontecimientos. Ante la incertidumbre, muchos optan por abastecerse de gasolina, medicinas y alimentos.

Israel, por su parte, tiene una realidad diferente a la de Irán, pues cuenta con poderosas herramientas de defensa, entre la que destaca su magnífico Domo de Hierro. Este ha permitido interceptar la enorme mayoría de los misiles balísticos lanzados por su enemigo, empero, no es 100% infalible, pues algunos de estos proyectiles sí han logrado atravesar la cúpula y alcanzar a los ciudadanos hiriéndolos o, en el peor de los casos, causándoles la muerte.

La superioridad aérea y militar de Israel sobre la de Irán es innegable y, gracias a ella, el primero pudo salvaguardar muchas más vidas respecto al segundo. De cualquier modo, fuera de los aspectos puramente estratégicos, hay una divergencia clave entre ambos, y es la que hace a lo humanitario. Es claro que Israel sí protege a sus civiles, ya sea declarando estado de emergencia nacional, suspendiendo todas las actividades no esenciales o emitiendo alertas masivas a sus teléfonos móviles. Irán, en cambio, pareciera estar dejando a la deriva a su pueblo. Este «desapego» recuerda a las actitudes que viene manteniendo la organización terrorista Hamás en la Franja de Gaza —donde B. Netanyahu también mantiene otro frente activo desde octubre de 2023—, ya que el grupo no solo ha utilizado a sus habitantes como escudos humanos, sino que también ha camuflado sus bases militares sobre edificios residenciales. Hay quienes consideran que este tipo de «tácticas» —que también son aplicadas en Irán— tienen como objetivo de modificar la narrativa de los medios de comunicación: de esta forma, pareciera que Israel ataca a civiles inocentes cuando, en realidad, lo que ocurre es que, apuntando a neutralizar bases militares enemigas, cae en la trampa y termina dañando a terceros sin la intención de hacerlo.

Respuesta global

Como era de esperarse, el ataque de Israel con la posterior represalia de Irán fueron hechos que causaron múltiples y variadas reacciones dentro de la comunidad internacional. Hubo quienes se posicionaron a favor del primero, mientras que otros defendieron al último. Sin embargo, por fortuna, la gran mayoría de los actores optaron por la sensatez y el sentido común, instando a las partes a desescalar.

Región MENA

Naturalmente, los vecinos de los países involucrados manifiestan enorme inquietud debido a los efectos que los cruces violentos entre Israel e Irán pueden llegar a tener en sus propios territorios. La amenaza de expansión conflictiva es latente y, por ende, muchos países ya han tomado determinadas medidas de seguridad en pro de prevenir y amortiguar posibles daños. Naciones como Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Qatar optaron por cerrar su espacio aéreo para protegerse de potenciales ataques.

América Latina

Los posicionamientos frente al conflicto han estado fuertemente divididos en dicho rincón del planeta. Países como Brasil, Chile, Cuba, México y Nicaragua condenaron el accionar de Israel, a la par que exhortan a las partes involucradas a ejercer moderación. Perú, por el contrario, ha tomado una postura algo más sensata e imparcial, mostrándose afín a la idea de negociar pacíficamente a través de las vías institucionales del derecho internacional. Paraguay manifestó su apoyo hacia Israel y su derecho a defender su existencia, pero también hace un llamado a la paz en la región. Argentina, en tanto, ha expresado incondicional respaldo hacia la nación liderada por su amigo B. Netanyahu y critica duramente los planes atómicos de Irán.

Unión Europea

En esta crisis internacional, la alianza del Viejo Continente vuelve a ubicarse en el rol de espectadora. Su respuesta ha sido rápida, más limitada: apela a la diplomacia y solicita una urgente desescalada, mientras coordina la evacuación de sus ciudadanos en la zona. A pesar de la proximidad geográfica y los lazos históricos, el bloque carece de capacidad real para influir en los violentos acontecimientos actuales, por lo que termina siendo desplazado por potencias más firmes y decididas, que no padecen los problemas de consenso interno que este sí tiene. Por otra parte, el Grupo de los 27 sigue comprometido con buscar una solución al conflicto entre Rusia y Ucrania —principal amenaza a su seguridad continental—, y esto, ciertamente, afecta su margen de maniobra diplomática en otros frentes. Para colmo de males, su antiguo aliado y protector, Estados Unidos, ya no lo tiene prácticamente en cuenta al momento de actuar ni contempla sus opiniones (un aspecto al que ya se hacía referencia en artículos como «¿Es el fin del atlantismo?» y «Europa en reconfiguración geopolítica» de ESCANEO POLÍTICO).

China

Ideológicamente afín a Irán, el gigante asiático se ha opuesto a cualquier violación contra la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de su compinche. Sin embargo, lo ha hecho de forma cautelosa y sutil, mostrando preocupación por las consecuencias que podría llegar a tener una escalada en el conflicto. En esta oportunidad, estrategia mata sentimentalismos: su involucramiento directo en la causa es poco probable, debido a que el país prioriza sus vinculaciones comerciales con la región más que cualquier otro aspecto.

Eje de la resistencia

El grupo —no oficial— conformado por ciertos actores de Irak, Líbano, Palestina, Rusia, Siria, Venezuela y Yemen, ha sido, en las últimas décadas, una importante fuente de apoyo para Irán en su objetivo por contrarrestar la influencia de Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo/Medio. El problema es que, actualmente, muchos de los integrantes de dicha alianza están debilitados (como es el caso de Hezbolá en Líbano, o el de Hamás en Palestina), aislados del mundo (situación que experimenta Venezuela gracias a su presidente Nicolás Maduro, tal como se expuso en el artículo «Apuntes sobre el descalabro venezolano» de ESCANEO POLÍTICO), si no directamente derrotados (con el ejemplo del expresidente sirio Bashar al-Assad, cuya caída ya fue detallada el artículo «Siria en manos de Ahmed al-Sharaa: La diplomacia de un pasado oscuro» de este mismo blog). Por tanto, es poco probable que estos miembros aporten a la causa más que solidaridad simbólica hacia la nación iraní.

Rusia

El caso de la nación integrante del recién mencionado Eje de la resistencia es un tanto particular. Si bien en los últimos años el presidente ruso Vladímir Putin le ha facilitado ayuda militar a Irán, lo cierto es que, actualmente, el líder se encuentra ocupado atendiendo otro asunto mayor, como lo es su enfrentamiento con Ucrania. Además, tal como ocurre en China, el mandatario ruso tampoco puede descuidar su vínculo cordial con otros países importantes de la región —tales como Arabia Saudita o Emiratos Árabes Unidos— por lo que, su patrocinio a Irán, en este caso concreto, también podría llegar a ser limitado, al menos oficialmente.

Estados Unidos: Un actor destacado

Negación de participación inicial

El tradicional aliado de Israel, negó haber participado en la operación inicial ni en las consiguientes. Irán desconfía de esta afirmación, ya que considera que no es posible que el país de B. Netanyahu haya podido haber actuado en solitario. Los ya característicos comportamientos y discursos ambiguos del presidente Donald Trump —que algunas veces aplica la diplomacia y, otras, las amenazas de fuerza— alimentan estas sospechas.

De la mediación a la acción

Es bien sabido que tanto Estados Unidos como Israel comparten el objetivo de impedir que Irán fabrique armas nucleares, aunque sus mecanismos para conseguirlo tienen una sutil diferencia: Mientras B. Netanyahu optó por la vía militar desde el momento cero, D. Trump prefirió, en principio, seguir invirtiendo en la construcción de su imagen como negociador global (tal cual viene haciendo con el conflicto, también en curso, entre Rusia y Ucrania). Por eso, el norteamericano comenzó apostando por el diálogo para lograr un acuerdo nuclear directo entre su país e Irán. Sin embargo, estas actitudes diplomáticas no duraron mucho tiempo, ya que las presiones internas de su agrupación política —el Partido Republicano— y las provenientes desde Israel, contribuyeron a moldear su postura.

Prueba de lo anterior es la serie de mensajes que el mandatario dejó en la red social de su propiedad —Truth Social— el pasado 17 de junio, todos ellos dirigidos a Irán. A través de ellos: 1) mostraba orgullo por su tecnología defensiva y se jactaba de tener control absoluto sobre los cielos del país medioriental; 2) amenazaba directamente a A. Jameneí, afirmando saber dónde se encuentra escondido, aunque asegurando que no lo eliminarían (matarían), siempre y cuando este cumpla con la condición de no atacar con sus misiles a soldados ni a civiles estadounidenses; y 3) exigía la rendición incondicional de los iraníes. Estos comunicados, lógicamente, generaron molestia en Irán. El líder supremo no solo rechazó la exigencia del tercer punto, sino que alertó a Estados Unidos que, en caso de intervenir a favor de Israel, sus bases militares desplegadas en la zona —en países como Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Jordania, Kuwait y Qatar, entre otros— enfrentarán graves consecuencias. Mencionada intimidación se extendió a Francia y Reino Unido, ya que ambos países también mantienen tropas en las áreas de Bahréin, Emiratos Árabes, Jordania y Omán. Todas estas naciones podrían ser, por ende, blancos de venideras arremetidas por parte de Irán.

Ataque directo a bases nucleares iraníes

Luego de sus polémicos avisos y en un gesto poco habitual, D. Trump optó por mantener la cautela. Aseguró que se reservaría algunos días para reflexionar acerca de si tomaría o no una decisión más drástica, ya que estimaba poco pertinente apresurarse en esta clase de asuntos. A pesar de la pausa anunciada, el líder rápidamente tornó a su esencia de impulsividad y, de forma abrupta, atacó tres importantes bases nucleares iraníes —Fordow, Natanz e Isfahán— el 22 de junio. Nuevamente a través de Truth Social, el estadounidense aseguró que la operación «Martillo de medianoche» había sido rotundamente exitosa, ya que había logrado devastar el programa nuclear de Irán. Al mismo tiempo, las autoridades estadounidenses recalcaron que su objetivo no es provocar un cambio de régimen de los ayatolás, pues no están en guerra contra Irán sino contra el uso de armas nucleares (algo que para algunos actores no resulta del todo convincente).

Reacciones mundiales ante la escalada

China, Rusia y Omán condenaron firmemente el accionar estadounidense. Más sensatos, Arabia Saudí, Irak, Qatar y la Unión Europea piden una desescalada para evitar riesgos de desestabilización regional. Por su parte, el Papa León XIV, en representación de El Vaticano y la Iglesia católica, clama por la paz de la humanidad.

El asalto estadounidense es evidentemente preocupante. Con él se confirmó la primera participación —oficial— de un tercero en este conflicto. Sus implicancias totales son aún desconocidas y se teme que pueda llegar a generar un efecto dominó, arrastrando a otros actores al escenario bélico.

Réplica de Irán

Aún se aguarda por conocer cuál será la reacción definitiva de Irán. Sin embargo, y por lo pronto, el país liderado por A. Jameneí parece haber tomado el camino de la represalia, pues tan solo algunas horas más tarde del atentado recibido, respondió —de forma indirecta— bombardeando una zona residencial de Tel Aviv, donde fallecieron algunos civiles y varios edificios quedaron en ruinas. No conforme con ello, al día siguiente fue por más. El 23 de junio atacó —ahora sí de forma directa— a Estados Unidos, lanzando misiles contra una base militar que este país norteamericano mantiene en Qatar. Este último, por tanto, ya afirmó reservarse el derecho a responder de forma equivalente a lo que consideró una «agresión descarada y gratuita» a su soberanía.

De cualquier modo, en esta oportunidad, la ofensiva a Qatar no generó consecuencias mayores, por lo que sospecha que Irán quiso mostrar fuerza, pero sin causar un confrontamiento aún más grave que el actual. Sucede que un contraataque más serio implicaría grandes riesgos para él por varios motivos: 1) Quedaría expuesto a una revancha aún más significativa por parte de Estados Unidos, así como también al ingreso de nuevos actores al campo de batalla, que claramente desencadenarían una espiral de violencia incalculable; 2) La alternativa de cerrar del estrecho de Ormuz —aspecto que la nación medioriental está evaluando para presionar a Estados Unidos— también podría resultar contraproducente, pues a través de dicha vía marítima circula nada más y nada menos que una quinta parte del tráfico mundial de petróleo, por lo que la decisión de bloquear su paso molestaría a sus aliados árabes y, sobre todo, a China, su principal cliente; 3) El abandono al Tratado de No Proliferación —otra de sus posibilidades estudiadas— podría tener múltiples y significativas implicaciones, ya que levantaría sospechas provenientes del extranjero acerca de una posible militarización de su programa nuclear al dejar de estar obligado a ser controlado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), motivaría a sus vecinos a imitar si ejemplo provocando una carrera armamentística regional, lo excluiría —aún más— de la escena internacional generándole nuevas sanciones, y aumentaría el riesgo de intervenciones militares preventivas por parte de enemigos, entre otros; y 4) Su falta de socios internacionales potentes limitan su capacidad de acción, ya que solo cuenta los miembros de Hamás en Palestina, los rebeldes hutíes en Yemen y los integrantes de Hezbolá en Líbano, todos actualmente debilitados.

Los tres grandes protagonistas de este conflicto:

De izquierda a derecha: Benjamín Netanyahu (PM de Israel), Alí Jameneí (Líder Supremo de Irán), Donald Trump (Presidente de Estados Unidos) | Créditos de las imágenes: gov.il – spanish.khamenei.ir – whitehouse.gov

¿Alto al fuego?

El pasado 23 de junio, el presidente D. Trump anunció al mundo que se establecería un cese total y definitivo de las hostilidades entre Israel e Irán. El sorpresivo mensaje fue enviado por medio su plataforma de comunicación favorita, Truth Social. La tregua, en teoría, comenzaría entre esa misma medianoche y el mediodía del 24 de junio. Según el líder, el primero en iniciarlo sería Irán y, 12 horas más tarde, Israel haría lo mismo, dando así por terminado al enfrentamiento al que él mismo bautizó como «Guerra de los 12 días».

Curiosamente, ninguno de los dos grandes protagonistas de esta historia hicieron referencia alguna a los comunicados del estadounidense, lo que despierta suspicacias acerca de las palabras de D. Trump. De hecho, Israel e Irán continuaron atacándose mutuamente con nuevas oleadas de misiles incluso después de la hora pautada para el inicio del alto al fuego. Esto lleva a cuestionar cuáles son los verdaderos motivos que pudieron haber motivado al presidente norteamericano a asegurar, con un tono tan optimista, que el combate ya había finalizado, o, en caso de haberse gestado un verdadero preacuerdo, qué fue lo provocó que este se irrespetara.

El que los dos rivales mediorientales no hayan frenado su combate desató la furia en D. Trump, quien desde la mañana del 24 de junio no dejó de emitir mensajes dirigidos a estos a través de sus redes sociales. Todos estos comunicados, cargados de enojo y decepción con ambas partes, exigían una tregua urgente. La verborragia del estadounidense, al menos en el corto plazo, pareció haber surtido efecto. Desde entonces, las aguas parecen haberse calmado, al menos parcialmente, ya que no se han registrado ataques significativos en las últimas horas.

Es de suponer que continuar con los enfrentamientos implicaría un desgaste militar, económico y político innecesario tanto para israelíes como para iraníes y, por tanto, una estrategia poco prudente. En menos de dos semanas, Israel logró eliminar importantes figuras militares y dañar las infraestructuras nuclares más resistentes de su adversario, pero, aún así, no ha logrado derrotar completamente su liderazgo. A pesar de ello, avanzar en pro de finalizar su misión no resultaría inteligente, pues no le conviene contradecir directamente a su protector, Estados Unidos. A Irán, por su parte, tampoco le resultaría provechoso seguir batallando, considerando las impredecibles venganzas que podría recibir de regreso y su falta de aliados para la guerra.

Más allá de las hipótesis antes esbozadas, lo cierto es que la falta de declaraciones conjuntas alimenta la incertidumbre —que viene identificando a esta disputa ya desde sus inicios — porque nadie sabe ya qué esperar de los actores involucrados, mucho menos del presidente D. Trump. Así las cosas, no hay certezas de que la paz duradera esté efectivamente cerca.

En cualquier caso, resulta más certero pensar que se trate solo de una interrupción temporal del pleito, pues aún restan muchas cuestiones por resolver. Considerando que Israel golpeó fuerte, pero Irán aún no está acabado, cabe cuestionar, por ejemplo, si este último reanudará o no sus actividades nucleares en caso de no alcanzar un tratado favorecedor, así como si se reactivarán o no las conversaciones formales con Estados Unidos —y otros actores relevantes— para pautar lo que será su futuro programa atómico. En otro orden, también existen dudas sobre lo que ocurrirá con las tropas extranjeras presentes en la región a partir de ahora. En definitiva, todo lo que existe son dudas infinitas.

De alguna manera, los tres principales protagonistas del conflicto —incluyendo a Estados Unidos— «ganaron» algo: B. Netanyahu la narrativa de fuerza frente a Irán, A. Jameneí la supervivencia a un ataque feroz y la conservación de su programa nuclear, D. Trump un logro diplomático personal, pero… ¿Están realmente satisfechos con lo alcanzado y se encuentran dispuestos a detenerse aquí? Solo el tiempo lo dirá.

Relaciones bilaterales mutantes

La recientes ofensivas entre Israel e Irán marcan un nuevo capítulo en las múltiples —y añejas— confrontaciones que estos han mantenido en los últimos años. Pero, tal como se afirmaba al inicio de este artículo, las cosas no siempre han sido así. Hubo un tiempo en el que ambos supieron ser buenos compañeros regionales. Conocer la historia reciente de ambas naciones puede resultar útil para comprender los acontecimientos actuales.

Antigua complicidad

Bajo el Gobierno del sha Mohammad Reza Pahlaví, en el siglo XX, concretamente en 1953, Irán llegó a ser uno de los primeros países musulmanes en reconocer al Estado de Israel. Además, durante la Guerra Fría, ambos estaban alineados a Estados Unidos (Israel porque una parte importante de su población era de origen europeo, e Irán porque el régimen del sha en aquel momento buscaba la occidentalización de su pueblo). Adicionalmente, compartían algunos intereses comunes y juntos conformaban una alianza energética y estratégica, en la que intercambiaban petróleo por tecnología.

Cambios tras el cambio de régimen iraní

Los problemas llegaron tras la Revolución Islámica de 1979 en Irán, que logró derrocar a M. Reza Pahlaví y colocar al ayatolá Ruhollah Jomeini en su lugar. El en aquel entonces recién llegado líder supremo, transformó por completo la política exterior de su país, pasando ahora a rechazar al «imperialismo occidental» que lo llevó a romper relaciones diplomáticas con Israel, quien pasó a ser uno de sus objetivos a destruir. Tras su fallecimiento en 1989, A. Jameneí tomó el mando de la nación, siguiendo con la misma línea de trabajo.

El antagonismo, en tanto, ha ido creciendo. Israel acusa a Irán de apoyar económica y militarmente a grupos como Hamás, Hezbolá o los hutíes de Yemen con el fin de atentar contra su integridad. Al mismo tiempo, Irán ve a Israel como un brazo armado de Occidente en su región, y también como un usurpador de territorios palestinos. En estos últimos casi cincuenta años, ambos han conformado una suerte de guerra no declarada entre sí, donde los bombardeos, ciberataques, operaciones encubiertas, sabotajes y matanzas selectivas han sido habituales.

Aumento de la conflictividad

Hubo un acontecimiento que recrudeció la lucha entre ambas naciones ya enemistadas: los atentados terroristas sufridos por Israel el 7 de octubre de 2023 en manos de Hamás, respaldados —extraoficialmente— por Irán. Estos trajeron como consecuencia la posterior ofensiva israelí en la Franja de Gaza, que continuó con los enfrentamientos con Hezbolá en el Líbano y con los ataques a objetivos iraníes en Siria. Ya en abril del año pasado, Israel atacó la sede diplomática iraní en la capital siria de Damasco, lo que hizo que Irán montara en cólera y tan solo unos días más tarde bombardeara a su enemigo. Y de esa forma, las agresiones de ida y vuelta marcaron prácticamente todo el 2024.

2025: Escalada cualitativa

Tras algunos meses de relativa «calma» , los sorpresivos combates iniciados por Israel este mes de junio y las consecutivas represalias de Irán, marcan un punto de inflexión. Por primera vez, ambos se atacaron en sus propios territorios y, luego de casi cinco décadas de enemistad clandestina, optaron por la confrontación directa que, a propósito, parecen haber trasgredido todos los límites.

Puntualizaciones finales

Necesaria prudencia

Desde ESCANEO POLÍTICO se defiende siempre la labor institucional, la diplomacia y el diálogo para la solución pacífica de conflictos. Como ya se ha mencionado reiteradamente en varios artículos de este blog, los asuntos vinculados a la región MENA deben ser tratados con suma cautela cuando se parte desde la óptica occidental. Esto, debido a que las diferencias en valores y cultura, sumadas a la gran influencia que el islam ejerce en dicha zona resultan, sencillamente, poco comprensibles para quienes no habitan en ella. En ese sentido, se sostiene la importancia de respetar las diferencias entre ambas realidades, a la par de intentar no promover discursos de odio contra ninguno de los dos bandos involucrados. Líderes políticos, organismos internacionales, referentes académicos, medios de comunicación y opinión pública en general, deben aportar su grano de arena para no acrecentar las profundas grietas ya existentes.

Convivencia en la diversidad

Es de sobra conocido que Israel e Irán tienen fuertes disparidades religiosas entre sí, pero, al mismo tiempo, tienen la particularidad común de ser dos grandes «incomprendidos» por sus vecinos. En ese sentido, es preciso considerar que: 1) Irán no solo es el único Estado persa en una región mayoritariamente árabe, sino que, además, es uno de los pocos países islámicos con mayoría chiita en medio de un área donde prima la sunita. Mencionadas diferencias le han dificultado construir coaliciones estables con naciones colindantes y han contibuido a aislarlo del sistema global. De hecho, en el ámbito de las relaciones internacionales es habitual hacer referencia a su caso puntual como uno de «soledad estratégica» , ya que no todo su entorno cercano comparte sus ideas radicales ni sus planes expansionistas; y 2) Israel es reconocido por más del 80% de los 193 miembros de la ONU. No obstante, desde su establecimiento estatal oficial en 1948 —e incluso desde mucho tiempo antes— su población viene siendo cuestionada y perseguida por meras cuestiones dogmáticas. Siendo un país mayoritariamente judío en una zona predominante árabe, ha sido blanco de múltiples ataques antisemitas a lo largo de los años.

En el ámbito político, en tanto, Irán parece ser la antítesis de Israel, y viceversa. 1) Irán es una República Islámica. Se trata de un sistema teocrático donde el poder está en manos del líder supremo, hoy A. Jameneí, que es la figura institucional más importante del país. El cuasi omnipotente ayatolá opera como jefe de Estado y es responsable de las Fuerzas armadas, la Policía Nacional, la —controvertida— Policía de la Moral, y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, entre otras instituciones. Además, elige a los miembros del Consejo de Guardianes (un grupo de clérigos y juristas afines a él, que pueden anular leyes que contradigan los principios doctrinales de la nación, así como también avalar/objetar candidaturas de iraníes que aspiran a desempeñar cargos públicos). El presidente, hoy Masoud Pezeshkian, es la segunda máxima autoridad oficial del país después del líder supremo, y tiene como tarea la gestión diaria del gobierno aunque, en la práctica, su rol es simbólico y casi no tiene influencia sobre temas de seguridad o defensa; y 2) Israel, por su parte, es una democracia parlamentaria, que cuenta con una clara división de poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Allí, el presidente, hoy Isaac Herzog, es jefe de Estado y ejerce una función más bien protocolar, aunque es el encargado de elegir al primer ministro, hoy B. Netanyahu. Este último es jefe de Gobierno y asume tareas ejecutivas. Por último, destaca la Knéset (Asamblea), un órgano unicameral compuesto por 120 parlamentarios que se ocupa de la legislación del país.

Con lo anterior puede constatarse que, al igual que ocurre en el ámbito religioso, Irán e Israel comparten también una similitud política: sus dos líderes más importantes (léase A. Jameneí y B. Netanyahu) se caracterizan por su alto grado de personalismo y su fuerte carácter. Debido a eso, se torna difícil alcanzar acuerdos duraderos entre ambos, pues sus cabecillas parecen estar más interesados en satisfacer sus respectivos egos, que en buscar alternativas en pro de alcanzar la paz definitiva para sus naciones. De igual forma, este tipo de actitudes pueden llegar tener efectos colaterales en conflictos transfronterizos como el actual, ya que pueden repercutir —positiva o negativamente— en el concepto general que la comunidad internacional pueda formar acerca de los dos países. Lo cierto es que, en tiempos de guerra, el accionar de ninguno de estos dos mandatarios debería extrapolarse a los civiles: no es aceptable juzgar a un pueblo por su gobernante de turno, ni tampoco guiarse por simpatías/antipatías para fijar una postura al respecto.

Llamado a la cordura ante la incerteza generalizada

En menos de dos semanas, el enfrentamiento entre Israel e Irán, ha estado sumando a actores externos de forma sumamente vertiginosa. Estados Unidos (D. Trump), quien comenzó involucrándose de forma pacífica y buscando una solución diplomática, con el transcurso de los días pasó a la acción militar directa, y eso ha contribuido a generar una enorme incertidumbre en todo el globo, debido a sus constantes ambigüedades. El desasosiego en la región de Oriente Próximo/Medio es máximo, pues se teme que el líder provoque un aumento en los niveles —de por sí ya altos— de violencia y conflictos. Es necesario desescalar y, de ser posible, garantizar un parate definitivo. Cuanto antes. Esto no se trata de bandos políticos, sino de humanidad. Mientras un grupo de líderes miden fuerzas, miles de civiles inocentes pagan las consecuencias, en algunos casos, con sus propias vidas.

Apuestas renovadas por la diplomacia

El futuro de Oriente Medio/Próximo está en juego, pero también lo están los acuerdos y las instituciones del multilateralismo al entero. Resulta sustancial, entonces, aprender de la experiencia. Hay que retornar a él y defenderlo.

Se trata de un camino de ida y vuelta. Israel y sus aliados deben respetar a Irán, así como también Irán y sus socios deben hacer lo propio con Israel. Viene siendo tiempo de priorizar la sana convivencia y comenzar a aceptarse mutuamente, a pesar de las diferencias. Tal cual supieron hacerlo alguna vez…

*Foto de portada: Banderas de Israel e Irán | Créditos: Pinterest.

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