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🌐 | Las principales claves acerca del significativo evento celebrado en La Haya y sus efectos en el vínculo transatlántico.
Introducción
Los pasados 24 y 25 de junio, en la ciudad neerlandesa de La Haya, la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) celebró una nueva edición de su Cumbre.
El presente artículo pretende analizar los pormenores de este gran evento multilateral, dando a conocer quiénes fueron los líderes políticos que conformaron su selecta lista de asistentes y en qué aspectos estuvieron centrados sus debates. Asimismo, explora los principales puntos de acuerdo y desacuerdo entre los participantes, buscando, a la par, evaluar el posible impacto que podrían llegar a tener las resoluciones conjuntas allí tomadas.
La Alianza
Generalidades
La OTAN es, en pocas palabras, una alianza política y militar conformada por 32 países de Europa y América del Norte, en la que sus miembros se comprometen a protegerse mutuamente ante cualquier amenaza externa. Está regida por el Tratado del Atlántico Norte —que fue firmado el 4 de abril de 1949 en Washington, Estados Unidos— y opera con arreglo al principio de que, un ataque contra uno o varios de ellos, pasa a ser considerado como una agresión dirigida al grupo todo.
El ente tiene como finalidad garantizar la libertad y la seguridad de sus integrantes, tanto a través de medios políticos (promoviendo valores democráticos e impulsando la cooperación mutua en cuestiones vinculadas a defensa), como militares (priorizando la resolución pacífica de conflictos y llevando a cabo operaciones solo en el caso de los esfuerzos diplomáticos previos resulten infructíferos).
La sede política de la organización se encuentra ubicada en Bruselas, Bélgica. Allí, cada miembro del grupo posee una delegación permanente y un embajador que lo representa. Otro actor relevante en la entidad es el Secretario General, quien es considerado su principal portavoz. Al día de hoy, dicho cargo es ostentado por el neerlandés Mark Rutte, siendo este el encargado de dirigir los procesos de consulta y la toma de decisiones, garantizar que los dictámenes sean aplicados y guiar al personal internacional, entre otras funciones.
Encuentros de alto nivel
Las reuniones ministeriales son bastante frecuentes en la institución, más no sus cumbres. Estas últimas son juntas periódicas de las que participan Jefes de Estado/Gobierno de los 32 países miembros, debatiendo sobre asuntos de seguridad y defensa común. La actividad, por ende, bien podría ser catalogada como un foro.
Durante dichas instancias de intercambio, es habitual que se introduzcan nuevas políticas e iniciativas, que se busque ampliar el número de miembros del grupo, y se generen nuevas asociaciones con Estados y organizaciones globales no pertenecientes a la Alianza. Debido a esto, el evento suele generar muchas expectativas en la comunidad internacional. De hecho, la declaración final conjunta —que es firmada por la totalidad de las partes y manifiesta la voluntad colectiva del bloque— junto a la foto oficial, suelen ser los dos elementos más esperados de cada edición.
Cumbre de la Haya 2025
Consideraciones previas
Previo a detallar las particularidades del último encuentro de la Alianza, es preciso enmarcarlo dentro del complejo escenario global actual. Y es que, como ya se viene afirmando reiteradamente en varios artículos de este blog, el multilateralismo está en crisis. Sucede que, durante las últimas décadas, los organismos internacionales han venido perdiendo credibilidad, pues en la mayoría de los casos no están siendo del todo eficaces al momento de cumplir con los objetivos para los que fueron creados, así como tampoco parecen estar adaptándose de la mejor manera a los cambios que el sistema viene proponiendo. A esto se suma la creciente tendencia de ciertos países a priorizar la soberanía por sobre la cooperación, algo que corrompe los compromisos con el derecho internacional y explica la —cada vez más frecuente— falta de normas compartidas.
Debido a lo anterior, los institucionalismos vienen, naturalmente, perdiendo porte. Y la OTAN no es la excepción a esta regla. Últimamente, el ente no solo ha presentado dificultades al momento de proveer paz y seguridad a sus miembros (su leitmotiv), sino que también se ha visto afectado debido a la falta de consenso entre estos (el cooperativismo está fallando).
La situación actual es bastante crítica. De hecho, en el artículo «¿Es el fin del atlantismo?» de ESCANEO POLÍTICO, ya se hacía referencia a los serios problemas por los que viene atravesando la Alianza últimamente. Allí se mencionaba que, por varias razones, son tiempos difíciles para las relaciones transatlánticas. Una de los principales factores que condicionan su supervivencia es, sin lugar a dudas, el presidente estadounidense Donald Trump. Y es que, en reiteradas ocasiones, fiel a sus posturas antimultilateralistas, el mandatario ha mostrado gran descontento con Europa. El líder considera que el Viejo Continente no está esforzándose lo suficiente para mantener al grupo en pie y la acusa, además, de esperar que su país sea su eterno escudo protector. Por eso, busca intimidarla con la posibilidad de quitarle apoyo económico y militar en caso de hacer caso omiso a sus peticiones.
En ese sentido, la desesperación europea es notoria. Y la explicación es sencilla. Al desgaste de sus lazos con la nación norteamericana, se suma la fuerte amenaza proveniente de Rusia. Y es que el país liderado por Vladímir Putin mantiene, desde febrero de 2022, una guerra con Ucrania. Los ucranianos, en tanto, aspiran a convertirse no solo en miembros de la OTAN sino también en integrantes de la Unión Europea, y esto es algo que el mandatario ruso no ve con buenos ojos, pues lo considera como un obstáculo para la expansión de su influencia regional. Estas realidades hicieron que, luego de tantos años de aparente pasividad, el Viejo Continente comience a tomar consciencia acerca del complejo panorama que lo rodea, tal como se explicaba en «Europa en reconfiguración geopolítica» de ESCANEO POLÍTICO. A razón de esto, el bloque mueve sus fichas a toda turbina, buscando nuevos socios (a través del reforzamiento de lazos con países oceánicos como Australia, la evaluación seria de la firma de un tratado de libre comercio con el Mercosur, o el acercamiento a Reino Unido tras más de 5 años de Brexit), trabajando sobre su falta de unanimidad interna (uno de sus mayores obstáculos desde su conformación) y esforzándose por garantizar su propia seguridad.
Considerando todos los aspectos antes mencionados, no es difícil adivinar lo significativa que podía llegar a ser la Cumbre celebrada días atrás. El 2024 y el 2025 vienen siendo años plagados de conflictos desarrollándose en simultáneo, algo que no se veía desde el final de la Guerra Fría. Es de esperar, entonces, que este encuentro sea seguido de cerca por tantas personas, ya que sus resoluciones pueden tener un fuerte impacto en la arquitectura de la seguridad global de los próximos años.
Agenda oficial
A lo largo de sus dos jornadas de duración, el evento contó con un amplio abanico de actividades, tanto oficiales como extraoficiales. Y es que, como ya es habitual en cada edición, los asistentes siempre intentan aprovechar las grandes oportunidades que —por sí solo— genera un foro de estas características. El de 2025 no fue la excepción: a partir de reuniones satélite, todos buscaron estrechar lazos, recaudar apoyos y, básicamente, obtener diversos beneficios para la política exterior de sus respectivos países.
A continuación, un recuento de lo que fue el roadmap (hoja de ruta) formal de la Cumbre, que comenzó con ciertos preparativos el 23 de junio, como la junta entre M. Rutte y el primer ministro neerlandés Dick Schoof, así como también la conferencia abierta que el primero brindó a medios de comunicación acreditados. Ambos acontecimientos allanaron el camino hacia los dos siguientes instancias de Cumbre pautadas.
24 de junio
• Discurso bienvenida de M. Rutte, dando inicio a doble instancia de debates.
•Reunión entre M. Rutte y el primer ministro albanés Edi Rama.
• Ceremonia de firma y sesión plenaria del Foro de la Industria de Defensa, con apertura a cargo de Ruben Brekelmans —Ministro de Defensa del Reino de los Países Bajos— y presencia de líderes políticos, militares e industriales. Su objetivo fue promover los esfuerzos en el rubro.
• Encuentro entre M. Rutte y presidente ucraniano Volodímir Zelenski.
• Reunión tripartita entre M. Rutte, la Unión Europea y Ucrania.
• Encuentro entre M. Rutte y el primer ministro neozelandés Christopher Luxon.
• Encuentro entre M. Rutte y el Ministro de Asuntos Exteriores japonés Takeshi Iwaya.
• Cena de gala ofrecida por los reyes Guillermo y Máxima de los Países Bajos, dirigida todos los Jefes de Estado/Gobierno y sus respectivos/as cónyuges. Fue celebrada en el bonito palacio Huis ten Bosch (una de las tres residencias oficiales de la Familia Real Neerlandesa).
• Cena de trabajo del Consejo Altántico Norte en la sesión de Ministros de Defensa, presidida por R. Brekelmans.
• Cena de trabajo del Consejo OTAN-Ucrania en la sesión de Ministros de Asuntos Exteriores, a cargo del Secretario General Adjunto de la organización, Mircea Geoană.
25 de junio
• Declaraciones de M. Rutte antes del comienzo de la Cumbre.
• Declaraciones de líderes asistentes antes del comienzo de la Cumbre.
• Encuentro entre M. Rutte y el presidente estadounidense Donald Trump.
• Ceremonia de bienvenida y fotografía oficial.
• Reunión del Consejo del Atlántico Norte a nivel de Jefes de Estado y de Gobierno.
• Firma de la Declaración de la Cumbre de La Haya, emitida de forma conjunta por los Jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN.
• Conferencia de prensa abierta de M. Rutte, dirigida a medios de comunicación acreditados.
• Reunión entre M. Rutte y socios del Indopacífico, con posterior firma de Declaración.
• Reunión entre el Secretario General, el Presidente de Ucrania y los líderes de los países del E5 (Alemania, Francia, Italia, Polonia y Reino Unido).
La declaración unánime
El 25 de junio los Jefes de Estado/Gobierno decidieron adoptar una serie de medidas vinculadas a la defensa de la Alianza, y de forma conjunta firmaron un documento donde se comprometen a trabajar por su reforzamiento. En él se distinguen varios puntos importantes:
• Reafirmación del deber con la OTAN y con en el Artículo 5 del Tratado de Washington de 1949, que hace referencia a la defensa colectiva.
• Afianzamiento de la determinación por proteger a la ciudadanía, defender la Alianza y salvaguardar la libertad y la democracia.
• Reconocimiento de Rusia y del terrorismo como las dos principales amenazas regionales.
• Compromiso a invertir anualmente el 5% de cada PIB nacional hacia 2035, donde un 3.5% será destinado a recursos básicos de defensa y a asegurar la supervivencia del ente, mientras que el restante 1.5% a proteger la infraestructura, garantizar la preparación civil, impulsar la innovación y proteger la industria.
• Cláusula de revisión en 2029: Fiscalización de la trayectoria y el equilibrio del gasto, de acuerdo al entorno estratégico y los objetivos de capacidad actualizados.
• Ratificación del pacto soberano y permanente de brindar apoyo a Ucrania —cuya seguridad es considerada clave incluso para la de la propia Alianza— a través de contribuciones directas a su defensa.
• Búsqueda de expansión rápida de la cooperación transatlántica en materia de industria de defensa, aprovechamiento de tecnologías emergentes y promoción del espíritu de innovación en pro de impulsar la seguridad colectiva.
• Aumento de esfuerzos para eliminar las barreras comerciales en materia de defensa entre los Aliados.
• Agradecimiento por la hospitalidad brindada por el Reino de los Países Bajos y anuncio de reuniones venideras en Turquía y Albania.
Nota: La Declaración completa de la Cumbre está disponible en sitio web oficial de la OTAN (nato.int) y puede visualizarse presionando sobre este enlace.
Aspectos a destacar
La Cumbre 2025 de La Haya estuvo plagada de momentos, acciones y discursos dignos de analizar. Seguidamente, un breve resumen de los más destacados.
• La foto oficial y sus mensajes no escritos: La captura fue tomada sobre un escenario teñido del color que la OTAN utiliza para representar su logo y su imagen de marca, es decir, azul. Allí, los líderes asistentes a la Cumbre —Jefes de Estado/Gobierno u otros representantes de alto nivel— posaron junto al Secretario General de la institución. Resaltan las ubicaciones privilegiadas de los presidentes de Estados Unidos y Francia dentro del grupo. No es casualidad. Las expectativas en cuanto a D. Trump eran máximas, pues no solo era la primera vez que este asistiría a una Cumbre de la Alianza desde que asumió su segundo mandato presidencial el pasado mes de enero, sino que su excéntrica personalidad y sus conocidas posturas antimulteralistas sembraban más dudas que certezas. En lo que refiere a Emmanuel Macron, el francés viene, desde hace varios meses, intentando liderar —junto a Reino Unido— una Europa debilitada y fragmentada. Era esperable, por tanto, que ambos ocuparan los espacios centrales del retrato. Por otra parte, hay un caso exactamente contrario: el del español Pedro Sánchez, quien, a juzgar por su postura tensa y su rostro cargado de seriedad, parecería no haber querido estar presente en aquel lugar. El Presidente luce solo y excluido del resto, una actitud no verbal que complementó sus discursos hablados (que serán analizados más adelante).
• El esfuerzo europeo: El compromiso de aumentar el gasto de defensa asumido en la declaración conjunta fue una forma de demostrarle a Estados Unidos —y particularmente a D. Trump— que el concepto que tiene respecto a Europa es erróneo, pues ella también está dispuesta a realizar esfuerzos para garantizar la seguridad de los miembros de la Alianza. Además, esta táctica sutil podría contribuir a convencerlo de no retirar la ayuda económica y militar en un momento tan complejo y amenazante para ella. En todo caso, si el plan no llegara a buen puerto y el líder norteamericano decidiera finalmente abandonarla a su suerte, ella estaría un poco más preparada para actuar en solitario.
• El rol de M. Rutte: El Secretario General del organismo, en consonancia con los intereses europeos, parece haber planificado el evento en torno a D. Trump. Sus insistentes halagos hacia el mandatario, pero, sobre todo, sus esfuerzos por defender y promover la importancia del aumento de gasto en defensa común resultaron, en ciertos momentos, demasiado evidentes. Esto es algo entendible en un momento como el actual, donde se necesita salvaguardar la unidad, pero si se mantiene en el tiempo, puede ser peligroso para el mantenimiento de un correcto equilibrio multilateral. La autonomía europea no debería quedar marginada solo por querer satisfacer al integrante más poderoso del grupo.
• Voces partidarias y disidentes: Todos los miembros del grupo han consensuado en la necesidad de reforzarse defensivamente, pero no todos coincidieron en las formas de alcanzar dicho objetivo. Los aspectos territoriales (en concreto: la cercanía con el factor amenazante) y económicos (situación financiera de cada país) son los que más pesan al momento de tomar postura. Polonia y Suecia, por su parte, son dos de los países más convencidos acerca de la relevancia que tiene destinar mayores porcentajes de PIB en el rubro militar. El primero ha llegado al punto de (auto)proponerse construir el ejército terrestre más grande del continente, y es que motivos para colocar a la seguridad como prioridad absoluta no le faltan. Se trata de una nación que durante muchos años vivió bajo las influencias de la Unión Soviética y conoce de sobra los peligros que podría suponer una posible expansión del dominio de V. Putin en sus tierras, tal como ahora está ocurriendo con su vecina fronteriza, Ucrania. En sentido contrario, pese a que la declaración de 2025 fue firmada por todos los miembros de la Alianza, hay algunos que no se privaron de mostrar su disconformidad. Fue el caso de P. Sánchez, quien sostiene que existen otros asuntos más urgentes que atender, y estima que es más pertinente invertir dinero en el ámbito social en lugar de adquirir más armas. De esta manera, el Jefe de Gobierno deja en claro que, para él, esta no es una necesidad objetiva, sino más bien una decisión puramente política que proviene de Washington y que no está dispuesto a seguir al pie de la letra esas órdenes impuestas. Si bien otros países como Italia o Bélgica comparten postura debido a sus respectivos déficits fiscales y la dificultad que significa para ellos «donar» el 5% de su PBI a la OTAN, el español fue el único que se ha expresado abiertamente al respecto (de allí su incomodidad durante la realización de la foto oficial, algo a lo que se hacía referencia algunos párrafos más arriba).
• La presencia ucraniana: Si bien Ucrania no forma parte de la OTAN, su presidente Volodímir Zelenski si ha sido invitado al encuentro. El mandatario aprovechó la ocasión para buscar más apoyo político, militar y económico occidental en su guerra con Rusia, vigente desde febrero de 2022. Consciente de que las prioridades de la Alianza son otras, el líder pretendía, al menos, mantener a su país en el centro del diálogo. Logró reunirse con M. Rutte y con la presidente de la Unión Europea, Ursula Von der Leyen. Además, fue convidado a participar de la cena de gala ofrecida el 24 de junio por los reyes Guillermo y Máxima. Pero lo más importante es que pudo dialogar cara a cara con D. Trump en un momento tan trascendental del conflicto bélico en curso, donde el desgaste es notorio.
• Observadores externos: Históricamente, las cumbres de la OTAN siempre han sabido despertar el interés de diversos actores internacionales. En este caso concreto y considerando las debilidades que Occidente viene mostrando en los últimos tiempos, es esperable ciertos países se ubiquen en la primera fila de espectadores. China, por ejemplo, podría aprovechar las tensiones entre Estados Unidos y Europa para estrechar sus lazos comerciales con el último. Asimismo, la propia Rusia —principal peligro para la región, siempre atenta a cualquier muestra de fragmentación que le permita expandir su dominio e influencia— es, naturalmente, otro agente que vigila con lupa el foro y sus resoluciones.
Consideraciones adicionales
Estados Unidos: D. Trump se sabe victorioso
Tras pasarse tantos años reprochándole a sus compañeros de Alianza por su poco compromiso con la seguridad regional, finalmente, el mandatario estadounidense logró su objetivo e impuso sus condiciones. Ahora sí, el reparto de obligaciones comienza a tornarse, según su criterio, algo más justo.
Europa: Despertar de consciencia
Como ya se afirmaba al inicio de este artículo, el Viejo Continente parece estar —por fin— empezando a dejar de lado su parálisis. Desde hace algunos meses, concretamente desde el retorno de D. Trump al poder, Europa trabaja a todo ritmo por buscar alternativas ante la posibilidad de que el norteamericano le cierre definitivamente el paraguas protector bajo el que tantos años se ha resguardado. Ante tanta incertidumbre, quiere hacerse fuerte y autónoma. Eso sí: no pierde las esperanzas de recuperar el vínculo que antiguamente tenía con su socio y, por eso, intenta cumplir todos sus caprichos, incluyendo el de una cuota equitativa de en los aportes, aún siendo que muchos de sus países no están en condiciones reales de llevar a cabo esa inversión. Mal que mal, si el compañerismo de antaño no regresa, al menos podrá presumir de nuevas herramientas y recursos para estar mejor prevenida ante amenazas de seguridad.
España: P. Sánchez como el gran obstáculo atlántico
El presidente español, con sus declaraciones, logró generar malestar entre sus homólogos. Sucede que su rechazo a aumentar la inversión militar —algo que D. Trump viene reclamándole a Europa hace tantos años— podría poner en peligro los resultados que con tanto esfuerzo fueron alcanzados en la Cumbre. De hecho, el norteamericano ya amenazó con cobrarse el desplante aumentando sus aranceles a España. ¿La duda? El país liderado por P. Sánchez forma parte de la Unión Europea, y, en esta no se negocian tasas individuales, sino conjuntas. Por lo tanto, en caso de que el estadounidense finalmente decida llevar a cabo su venganza, debería aplicarla sobre la totalidad del bloque, algo que evidentemente contrastaría con los valores de cooperación que intenta pregonar la OTAN, pero que el líder ya ha sabido pasar por alto en anteriores oportunidades. Resta por saber que ocurre a futuro. Sea como sea, mientras tanto, el Jefe de Gobierno español se coloca en el centro de todas las miradas. Existen dos formas de analizar su conducta: 1) Bien como un acto de valentía, pues, del Grupo de los 32, ha sido el único capaz de oponerse abiertamente a los dictámenes estadounidenses, algo que no solo provocó el aislamiento con el que tuvo que lidiar durante el evento, sino que también le generó críticas provenientes de la oposición política en su tierra natal; o 2) Bien como una jugada política para ganar apoyos dentro de España, ya que en los últimos tiempos su gobierno viene perdiendo aprobación pública debido a que se ha visto opacado por varios casos de corrupción que han salpicado a algunos de sus colaboradores más cercanos, e incluso, a sus familiares directos.
Puntualizaciones finales
Los 32 miembros de la OTAN, con su ambicioso compromiso de aumentar el gasto de defensa en un 5%, marcaron un nuevo rumbo para la seguridad regional de los próximos años. De cualquier modo, cabe mencionar que gastar más no necesariamente es gastar mejor. De hecho, la OTAN actualmente invierte en defensa mucho más que su principal enemiga, Rusia. Empero, sus resultados no vienen siendo del todo positivos. Esto demuestra que, quizás, la clave no esté en qué tantos recursos tenga a su disposición, sino de qué forma los utilice. Concretamente en Europa, el mayor problema es la falta de consensos internos, ya que esto no le permite poder establecer estrategias militares comunes ni planificar su accionar coordinadamente. Por otra parte, las desigualdades económicas dentro del continente son innegables, y los esfuerzos por contribuir con la cuota exigida por la Alianza a partir de ahora, no serán equitativos, pues para algunos será mucho más difícil reunir el monto requerido. Dejando de lado el concepto que se pueda tener acerca de su —polémico— desempeño político a nivel interno, hay algo de razón en los planteos del presidente español: cada euro que se invierte en la compra/construcción de armas y municiones, en la adquisición de aviones y drones, en la capacitación de los soldados, o en la mejora de infraestructuras, es un euro que se pierde en educación, sanidad o vivienda. No obstante, la amenaza de Rusia es real, especialmente para los miembros de Europa del Este, a quienes el fantasma del pasado soviético les atemoriza. ¿Cómo lograr, entonces, un equilibrio entre bienestar social y defensa colectiva? Todo un dilema.
Por lo pronto, la declaración de la última Cumbre de La Haya ya dicta los nuevos pasos a seguir. ¿Será esta la solución para calmar a D. Trump?; ¿Será esta la solución para hacerse fuertes frente a Rusia? Solo el tiempo responderá estas preguntas. Lo único que sí está claro es que, al menos simbólicamente y en papel, la Alianza muestra mayor credibilidad ante los enemigos que pacientemente aguardan por su colapso. Con algo de suerte, los objetivos allí escritos se materializan y la OTAN vuelve a convertirse en el pilar de seguridad que alguna vez supo ser, superando así las dificultades que supone el actual contexto global.
*Foto de portada: Foto oficial de bienvenida Cumbre 2025 OTAN | Créditos: nato.int
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