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🇻🇦 | Moderación y equilibrio: Las dos claves que vienen marcando su liderazgo religioso y político.
Presentación
La expresión «luna de miel» hace referencia a los comienzos de un matrimonio, en los cuales el entusiasmo y el respaldo mutuo suelen ser, casi por norma general, los elementos regentes de la pareja en cuestión. Empero, este fenómeno no es exclusivo de las relaciones románticas. Desde 1933, durante la presidencia de Franklin D. Roosevelt en Estados Unidos, el análisis político ha venido tomando en préstamo dicho concepto. Y es que resulta perfecto para describir el período inicial de la enorme mayoría de las gestiones gubernamentales, sin importar su rango. Cuando recién asumen sus cargos, los líderes acostumbran a gozar de mayores niveles de popularidad y confianza, sencillamente porque generan expectativas de cambio en sus respectivas sociedades. Con frecuencia, gracias a la legitimidad que les otorga su reciente triunfo electoral, la opinión pública valida su accionar y es menos propensa a criticarlos, resultando más tolerante y comprensiva con ellos. Claro que este idilio no es eterno, ya que existen varios factores que pueden condicionar su grado de alcance y su extensión. A grandes rasgos, su duración promedio puede establecerse entre los primeros tres meses y cuatro meses, siendo habitual considerarlo también como «el fenómeno de los 100 días».
Siguiendo los lineamientos antes mencionados, el objetivo de este artículo es analizar la luna de miel del flamante papa León XIV —quien el pasado 8 de mayo fue electo como máximo regente de la Iglesia católica— y explorar cómo este viene articulando la política exterior de la Santa Sede. Y es que, como ya es bien sabido, a lo largo de la historia, cada sumo pontífice electo siempre ha cumplido un doble rol: religioso y político, pues no solo es Obispo de Roma, sino también Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano. Con sus 0.44km², este territorio soberano europeo es el más pequeño del mundo en términos de extensión geográfica, además de que cuenta con menos de 900 habitantes y no dispone de ejército propio. Aun así, el micro-Estado es dueño de un enorme poderío proveniente de su influencia simbólica, de su diplomacia y de su capacidad de moldear la conciencia global. Por lo tanto, es posible afirmar que un papa es mucho más que un mero representante espiritual, y que su figura excede los límites de su comunidad religiosa.
Así las cosas, teniendo en cuenta su notoria relevancia como actor internacional, vale la pena interiorizarse sobre su modelo de gestión. Tras el fallecimiento de su antecesor, ESCANEO POLÍTICO publicaba el artículo «Cónclave 2025: El adiós al papa Francisco y el desafío de elegir a su sucesor», en donde se evaluaba el importante legado del sumo pontífice argentino, se detallaban las peculiaridades de lo que sería la asamblea para buscar al heredero de San Pedro y, además, se exploraba cuáles serían los principales desafíos —internos y externos—que tendría que enfrentar el elegido. Habiendo concluido el complejo proceso de votación, siendo anunciado el nombre del nuevo cabecilla y cursando este ya más de tres meses de pontificado, es momento de realizar balances.
Cónclave 2025: Resultado
Tras el fallecimiento del papa Francisco el pasado 21 de abril, el Colegio Cardenalicio de la Iglesia católica organizó una reunión —más conocida como cónclave— con el fin de encontrar a su predecesor. Dicha asamblea tuvo lugar en la Capilla Sixtina del Vaticano, comenzando el 7 de mayo y finalizando al día siguiente, concretamente tras la cuarta votación: algo que bien podría considerarse un tiempo récord, especialmente teniendo en cuenta la crisis interna que viene enfrentando la Iglesia católica en los últimos tiempos, así como también el complejo contexto global de la actualidad.
La instancia contó con la participación de más de 130 cardenales menores de 80 años, provenientes de diversos países del globo y con corrientes doctrinarias sumamente heterogéneas. Casi todos ellos fueron nombrados por sumo pontífice argentino durante su papado, algo que, sin dudas, añadió un plus especial al acontecimiento.
En conjunto, los prelados resolvieron que el estadounidense de nombre secular Robert Francis Prevost sería su nuevo regente máximo. La noticia fue divulgada públicamente sobre la tarde/noche de ese mismo 8 de mayo por parte del protodiácono Dominique Mamberti, quien desde el balcón central de la Basílica de San Pedro pronunció —visiblemente emocionado— la tan esperada frase en latín «Habemus Papam» y, además, anunció que el 267⁰ papa y 9⁰ soberano de Ciudad del Vaticano tomaría el nombre de León XIV.
Es habitual que previo a cada cónclave surjan quinielas que intenten vaticinar quien será el purpurado que se convertirá en el próximo sumo pontífice, y el de 2025 no fue la excepción. En esta oportunidad, a diferencia de algunos candidatos más mediáticos y/o polémicos, R.F. Prevost no figuraba entre los candidatos más resonantes a ocupar el cargo. Al mismo tiempo, su nacionalidad lo colocaba en una posición de desventaja, debido a que la cúpula católica siempre había mostrado cierta resistencia a designar a un papa estadounidense (por temor a reforzar involuntariamente el poder global que Estados Unidos ya tiene). Aun así, para sorpresa de todos, su experiencia pastoral y su carácter sensato, sumados a sus fuertes dotes de intermediación hicieron que sus homólogos lo escogieran como líder.
Sobre León XIV
Identidad y legajo
Familia y orígenes: Nacido en la ciudad de Chicago en 1955, Robert Francis Prevost es el primer papa agustino de la historia, así como también el segundo americano en ocupar ese rol. Hijo de Louis Marius Prevost, de ascendencia francesa e italiana, y de Mildred Martínez, de ascendencia española, tiene también dos hermanos: Louis Martín y John Joseph.
Formación académica y episcopal: Cursó estudios en el Seminario Menor de los Padres Agustinos en la ciudad estadounidense de Holland, Míchigan. En 1977, se licenció en Matemáticas en la Universidad Villanova (Pensilvania), donde también se especializó en Filosofía. Al año siguiente, obtuvo una maestría en Divinidad en la Catholic Theological Union (Unión Teológica Católica) de Chicago. Seguidamente, se trasladó a Roma para instruirse sobre Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, licenciándose en 1984 y doctorándose en 1987.
Labor misionera y eclesiástica: Su trayectoria es sumamente vasta y, por tanto, difícil de condensar en pocas líneas de texto. A grandes rasgos, su carrera clerical comenzó en su ciudad natal, trabajando para la orden agustina, la misma que posteriormente decidió enviarlo como misionero a Perú. Ordenado sacerdote en 1982, R. F. Prevost sirvió en ciudades norteñas como Chiclayo, Chulucanas, Piura, y Trujillo, ocupando diversos cargos, entre los que destacan los de vicario parroquial, funcionario diocesano, profesor de seminario y administrador parroquial. En 2001 y hasta 2013 fue prior general de los agustinos, donde mantuvo importantes vínculos con congregaciones extranjeras, especialmente españolas. En 2015 el papa Francisco lo nombró obispo de Chiclayo, cargo que ocupó hasta 2023. Ese mismo año el sumo pontífice argentino lo elevó a la categoría de cardenal y, al mismo tiempo, lo denominó prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, roles que desempeñó hasta abril de 2025.
Elección del nombre papal: Guardando un alto grado de coherencia con el estilo de liderazgo que viene mostrando hasta el momento, León XIV afirmó haberse inspirado en la figura de León XIII para escoger su nueva identidad. Y es que aquel sumo pontífice también se caracterizó por ser un líder diplomático que, además, supo promover importantes reformas sociales durante su tiempo.
Escudo y lema: Según el sitio web Order of Saint Augustine, ambos reflejan tanto la pertenencia de León XIV a la Orden de San Agustín como la visión espiritual de su papado. Sucede que el blasón contiene elementos como un libro cerrado y un corazón a travesado por una flecha (haciendo referencia a la importancia que la congregación agustiniana le otorga a la lectura y al estudio de la Palabra), además de un lirio blanco (ya presente en el escudo papal de León XIII, que además simboliza la pureza y la gracia de la Virgen María). Allí también aparece la frase «In Illo uno unu» (pronunciada por San Agustín en un comentario al salmo 127), que significa «En Aquel que es Uno (Cristo), somos Uno» y que para el estadounidense resulta ser mucho más que un eslogan. Y es que su leit motiv pastoral es, justamente, la promoción de la unidad y la comunión dentro de la Iglesia, tal como se especifica en el portal informativo de la Santa Sede Vatican News.
Estilo e impronta
Hubo dos grandes acontecimientos que han servido como carta de presentación de León XIV. Uno de ellos fue su primera aparición pública en el balcón de San Pedro tras ser anunciado como nuevo papa el 8 de mayo y, el otro, la misa inaugural que llevó a cabo 10 días más tarde en la Capilla Sixtina. Ambos permitieron conocer un poco más acerca del sumo pontífice:
1) Sensibilidad, humildad y orgullo por sus raíces multiculturales: En la tarde/noche de su nombramiento, justo antes de efectuar su primer discurso, se mostró fuertemente emocionado y las palabras parecían no poder salir de su boca al observar a la multitud que aguardaba por oírle. Cuando por fin logró manifestarse, lo primero que hizo fue pronunciar algunas palabras en italiano, donde instaba a la paz mundial. Seguidamente, mencionó y reconoció a su antecesor Francisco por su servicio y entrega al frente de la Iglesia católica. Asimismo, también se encargó de agradecer a los cardenales que participaron en el cónclave por la confianza que estos depositaron sobre él al elegirlo como nuevo líder. Tras leer un pasaje en latín, sorprendió a la multitud de fieles presentes con una pequeña disertación en español, en la que envió una salutación especial a su antigua diócesis en Chiclayo, Perú.
2) Acople a protocolos litúrgicos y señales de apertura diplomática: La celebración eucarística para estrenar su papado se caracterizó por su gran despliegue institucional e incluyó ritos tradicionales como la recepción del anillo del pescador y la colocación del palio. Contó con la presencia de numerosos líderes internacionales, tales como el vicepresidente estadounidense James David Vance y la presidente peruana Dina Boluarte, ambos representando a los dos países más estrechamente ligados a León XIV. Al evento también asistieron primeros ministros como Friedrich Merz (Alemania) o Dick Schoof (Países Bajos), presidentes como Gustavo Petro (Colombia), Daniel Noboa (Ecuador), Isaac Herzog (Israel), Santiago Peña (Paraguay) o Volodimir Zelenski (Ucrania), y matrimonios reales como el conformado por Felipe y Matilde (Bélgica) o el de Felipe VI y Letizia (España).
Al margen de los dos hechos recién mencionados, León XIV ya ha otorgado pistas adicionales que permiten vaticinar el rumbo y la orientación que tomará su liderazgo. Ocurre que, en el Vaticano, cada gesto cuenta. La política interna y externa de dicha institución no se ejerce solo con palabras o documentos, sino también con imágenes, itinerarios, ausencias… y el nuevo Sumo Pontífice tiene consciencia absoluta acerca de ello. En sus primeros 100 días de gestión, se ha esforzado en darse a conocer, marcar posturas en asuntos globales concretos, evidenciar prioridades y revelar alianzas implícitas. A continuación, un listado de los principales elementos que vienen caracterizando sus formas.
• Liderazgo de bajo perfil: A diferencia de algunos de sus antecesores más recientes, León XIV privilegia la sobriedad por sobre el impacto mediático. De hecho, hasta el momento el estadounidense no ha hecho declaraciones polémicas. Más que como un diplomático, parece actuar como un monje: de forma modesta, reflexiva, serena. Esto, quizá, podría llegar a ser una de sus mayores fortalezas en un mundo cada vez más ruidoso y violento. En ese sentido, la elección de León XIV por parte de los cardenales el 8 de mayo podría ser considerada, sencillamente, inteligente. Por otra parte, la falta de carisma personal que algunos cuestionan, bien puede ser compensada con su prudencia y su experiencia pastoral.
• Búsqueda de unidad y consensos internos: Partidario del diálogo y la intermediación, promueve los esfuerzos alcanzar acuerdos a pesar de las diferencias. En absoluta concordancia con esta visión, su primer viaje al exterior resultó ser muy significativo: el destino elegido fue la ciudad turca de Iznic, donde hace exactamente 1.700 años se llevó a cabo el Primer Concilio de Nicea, un importante sínodo de obispos cristianos que permitió pactar unánimamente en pro de resolver algunos conflictos internos de aquel entonces. Esta acción permite vaticinar que una de las principales prioridades de León XIV será mejorar la relación entre las distintas corrientes del cristianismo —sean estas reformistas o tradicionalistas— y, por qué no, con otras religiones.
• Retorno a los símbolos tradicionales: Sus gestos y su estética ponen en evidencia la intención de volver a adoptar una imagen más institucional y ajustada a las tradiciones litúrgicas. De hecho, ya en su primera aparición pública el sumo pontífice rescató la muceta roja, la estola papal y la cruz dorada, todos elementos que habían sido abandonados durante el papado de Francisco. Asimismo, también se diferenció de su antecesor optando por residir en el Palacio Apostólico, cumpliendo con la tradición habitual. Claro que esto no necesariamente debería ser entendido como una contradicción respecto a sus discursos —en los que promueve Iglesia abierta, cercana a sus feligreses y adaptada al mundo actual—, sino más bien como un equilibrio entre conservadurismo y modernización.
• Justa mixtura entre solemnidad y humildad: Vinculado al punto anterior, León XIV muestra modestia y sencillez en el trato con su comunidad, pero, al mismo tiempo, respeto por la institucionalidad eclesiástica y sus característicos rituales. Los sitios que ocupó durante su primera misa fueron una prueba viva de ello, ya que predicó desde uno de los laterales de la Capilla Sixtina y no subió al altar sino hasta el momento de dar la comunión a los fieles.
• Promoción de una Iglesia universal: Gracias a sus raíces multiculturales y su experiencia internacional, León XIV sabe de sobra acerca de extremos. Conoce en profundidad tanto el centro como las periferias, algo que podría otorgarle ciertas facilidades al momento de intentar conectar con sus seguidores, pues no ignora las particularidades, necesidades y tensiones de cada región en la que estos habitan. Este perfil integrador contribuiría positivamente al proyecto vaticano de proximidad y empatía que, desde hace ya varias décadas, tiene en vilo a la institución.
• Apertura comunicacional: La llegada de León XIV conectó a la Iglesia con el mundo digital. Y es que, por primera vez en la historia del Vaticano, un sumo pontífice cuenta con un perfil en la red social Instagram. Bajo el nombre de usuario @Pontifex se publican imágenes de audiencias, momentos de oración y otros acontecimientos relevantes, a la par que se comparten citas espirituales inspiradoras. Sin dudas, se trata de un gesto moderno, simbólico y estratégico, pues esta plataforma permite establecer un contacto más directo con los fieles, además de facilitar la llegada de la institución a las generaciones más jóvenes. Una apuesta acertada y sumamente coherente con las líneas del nuevo papa: mezclar ceremonia y cercanía, divinidad y humanidad.
• Guiño a las juventudes: Desde el 28 de julio hasta el 3 de agosto, la capital italiana, Roma, acogió el Jubileo de los Jóvenes. Dicho evento peregrino —celebrado cada 25 años— incluye actividades diversas, tales como encuentros temáticos, misas y momentos de oración, así como también la posibilidad de obtener indulgencia plenaria. Su hito más importante radica en atravesar las Puertas Santas. El de 2025 tuvo como lema «Peregrinantes in Spem» («Peregrinos de esperanza») y su mayor propósito fue el de conectar a los jóvenes con la fe e incentivarlos a convertirse en agentes de cambio global. Con más de un millón de asistentes, fue el primero bajo el mandato de León XIV, quien se encargó de presidir su misa de clausura dejando varios mensajes relevantes a los presentes, siendo «(…) aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos (…)» uno de los más destacados.
Otras peculiaridades
• Carácter cosmopolita: Por haber nacido en el seno de una familia multicultural y por sus múltiples viajes/estancias en el extranjero, bien sea por motivos académicos o laborales.
• Ideologías tendientes al centrismo: Ni extremadamente conservador, ni extremadamente progresista.
• Ética de corte tradicionalista: Se opone al aborto, a la eutanasia, a la libre portación de armas y a la pena de muerte.
• Protección de la familia: Estima importante impulsar a aquellas de tipo tradicional —basadas en la unión estable entre hombre y mujer— y no aprueba al 100% todo lo vinculado a ideologías de género, aunque reconoce que la Iglesia católica necesita adaptarse a las nuevas realidades presentes en las sociedades modernas.
El legado del papa Francisco
El argentino de nombre secular Jorge Mario Bergoglio fue el 266.⁰ pontífice máximo de la Iglesia católica y el 8.⁰ soberano del Vaticano. Llegó al poder el 13 de marzo de 2013 tras haber sido electo en el cónclave que buscaba al sucesor del papa Benedicto XIV, quien dimitiera sorpresivamente del cargo debido a indisposiciones físicas vinculadas a su envejecimiento.
Francisco lideró la Santa Sede hasta el día de su fallecimiento, el pasado 21 de abril, y lo hizo con un estilo sumamente particular. Fue el primer individuo de origen americano en acceder al rol cúspide del ente, y sus raíces condicionaron fuertemente sus más de 12 años de papado: Redefinió las prioridades de la institución, poniendo el foco en el Sur Global, ampliando su agenda hacia sitios y continentes olvidados, visitando países sin peso diplomático, así como también nombrando cardenales en zonas remotas (llegando a modificar así el Colegio Cardenalicio). Asimismo, apostando a mayores grados de apertura y flexibilización eclesiástica, el sudamericano también se encargó de tender puentes hacia grupos sociales que antes eran marginados (divorciados, miembros de la comunidad LGBTQ+, migrantes…), además de promover el diálogo y la cooperación interreligiosa.
Su estilo personal directo, su lenguaje espontáneo y su rechazo a las formas cortesanas hicieron que, en algunas oportunidades, llegara a chocar con las estructuras más rígidas del Vaticano y desatara numerosas polémicas. A causa de su falta de grises cosechó amores y odios por igual, pero nada de eso detuvo su inercia reformista. León XIV, en tanto, apunta a darle continuidad al proyecto enfocado en las periferias y los necesitados que Francisco llevó adelante durante su pontificado, pero con algunos matices. Aunque siga presente, el impulso reformador del nuevo papa es más mesurado y equilibrado, pues el estadounidense no busca imitar al argentino. Sin embargo, entre posturas comunes, podrían citarse:
• Católicos nominales # Católicos practicantes: Durante su pontificado, Francisco pronunció multiplicidad de discursos y opiniones que generaron controversia a nivel global. Uno de los más recordados fue el de considerar hipócritas a todos aquellos individuos que se jactan públicamente de ser religiosos y espirituales, pero que en sus vidas cotidianas no aplican las enseñanzas del dogma. Para el argentino, quienes no actúan del modo en el que predican no hacen más que perjudicar la imagen del catolicismo en el mundo. Incluso previo a su llegada a la Santa Sede, León XIV (todavía R. F. Prevost) coincidió con esta afirmación, demostrando sobreponer las buenas acciones ante las etiquetas.
• Sacerdocio femenino: Ambos mantienen la misma línea de ideas respecto a todo lo vinculado al liderazgo de la mujer en la Iglesia católica. Tanto Francisco como León XIV estiman que una modificación normativa no resolvería los desafíos que enfrenta la institución y que, incluso, podría llegar a generar nuevas dificultades. Si bien durante la gestión papal del argentino sí se otorgaron ciertos puestos relevantes a mujeres dentro del Vaticano, lo cierto es que este nunca se mostró afín a la ordenación femenina pues, a su entender, esta iría a contramano de los postulados del ente. Las dos figuras coinciden en la necesidad de promover formas de participación más integradoras, pero sin modificar la doctrina tradicional que prohíbe su clericalización. Sin embargo, podría afirmarse que el papa actual ofrece mayores garantías al respecto, ya que su capacidad de escucha atenta y sus dones empáticos podrían abrir paso a futuras conversaciones y/o negociaciones entre las partes interesadas. Más allá de que no se vislumbre la posibilidad de que ocurran grandes cambios en el corto/mediano plazo, al menos contribuiría a colocar el tema sobre la mesa y a evaluar alternativas novedosas.
• Política internacional vaticana orientada al Sur Global: El papa Francisco introdujo relevantes cambios diplomáticos en El Vaticano, priorizando al catolicismo que provenía de las periferias geográficas e, incluso, acercándose a países como China, logrando así romper con el ya tradicional alineamiento el micro-Estado solía tener con Occidente. De hecho, durante su papado, no llegó a visitar países fuertemente católicos como España o su Argentina natal, sino que sus viajes estuvieron centrados en aquellos donde la comunidad católica es minoritaria (Argelia, Emiratos Árabes unidos, Mongolia, Sudán del Sur, Timor Oriental, etc.). Es esperable que, en cierta medida, León XIV mantenga esa misma línea, estrechando lazos con comunidades remotas y no cerrándose al eurocentrismo.
A pesar de ser dos figuras cercanas, no son 100% semejantes. León XIV no parece dispuesto a desandar las reformas iniciadas por Francisco, pero sí a reconfigurar la forma de presentarlas: con menos carisma y más cálculo, con menos confrontación y más diplomacia, con menos denuncia directa y más interlocución sutil. Es preciso entender que, León XIV, sencillamente, no es Francisco. Por lo tanto, es inútil pretender que sus modelos de liderazgo sean compartidos en su totalidad. El argentino fue un reformista radical, mientras que el estadounidense es un reformista moderado.
Todo indica que la elección de León XIV responde a una doble necesidad eclesiástica: la del equilibrio entre modernidad y tradición. Por un lado, su figura sería capaz de darle continuidad a la apertura que comenzó Francisco, pero, por otro lado, también apostaría por una mayor firmeza doctrinal y cohesión interna gracias a su carácter sobrio, sus discursos cuidados y su accionar mesurado. Este punto medio podría influir positivamente en la gestión papal del estadounidense, pues le permitiría ganar simpatías entre los sectores más conservadores que no se acoplaban del todo bien al estilo directo —y en ocasiones provocador— del papa argentino. León XIV recoge parte de todo ese legado, pero lo hace con un tono más sobrio y menos disruptivo. Equilibrado, verbalmente contenido y con preferencia por los canales discretos, el nuevo líder se diferencia de la frontalidad de su precursor, algo que podría facilitarle consolidar los avances necesarios sin provocar nuevas resistencias.
La nueva diplomacia vaticana
La llegada de León XIV a la Santa Sede generó gran expectativa a nivel global. A más de tres meses de haber sido nombrado como regente máximo de la Iglesia católica, el mundo aún se pregunta cuál será el rumbo que tome El Vaticano bajo su papado. Y es que, como ya se mencionaba al inicio de este texto, la figura de los papas católicos siempre ha estado asociada a un doble liderazgo: religioso y político. Su voz moral y su influencia espiritual simplemente exceden lo puramente dogmático, a la par que su rol como jefe de Estado de la micro-nación europea lo afianza como actor internacional.
Sus inclinaciones hacia el multilateralismo, la protección de los derechos humanos y el diálogo interreligioso sugieren que el nuevo papa buscará ampliar los espacios de influencia vaticana también en foros y espacios globales. No como potencia moral única, sino trabajando en conjunto, como parte de una constelación de actores que promueven la paz, la cooperación y la dignidad humana más allá de fronteras o credos. Mientras que muchos organismos internacionales están mostrando ciertos signos de agotamiento, León XIV podría posicionarse como un mediador confiable gracias a su capacidad de acordar donde algunos ni siquiera intentan negociar, así como también de llegar a sitios y comunidades que otros ni siquiera contemplan. No en vano, muchos analistas estiman que El Vaticano posee uno de los servicios de inteligencia más poderosos del mundo: con sus más de 180 representaciones diplomáticas desplegadas a lo largo y ancho del mundo, tiene ojos y oídos en todas partes.
Los primeros cien días de León XIV han estado marcados por una intensa agenda en política exterior. Aunque sin grandes estridencias ni giros abruptos, ya ha comenzado a ordenar su equipo de trabajo, renombrando embajadores en zonas significativas como Medio Oriente o renovando figuras representativas en entes como la Secretaría de Estado y el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz. A rasgos generales, su estrategia está centrada en el diálogo y en el multilateralismo, pero también en dar visibilidad a conflictos en territorios olvidados. Su accionar no busca intervenir, sino más bien mediar e interceder. Se trata de un actor focalizado en construir puentes en un mundo cada vez más segmentado y conflictivo.
Respecto a los numerosos enfrentamientos mundiales que actualmente están curso, León XIV mantiene una postura humanitaria, insistiendo en la necesidad urgente de abrir corredores de ayuda y de proteger a las infancias desplazadas, así como también promoviendo el uso de herramientas del derecho internacional para resolver las disputas.
Por otra parte, también ha mostrado interés en el continente africano, usualmente desestimado por agentes globales y medios de comunicación en general. Poniendo especial foco en la región del Sahel, solicita no desatender a una población que vive «entre balas y hambre» (los altos grados de violencia, inestabilidad política e inseguridad alimentaria que azotan la zona vienen trayendo como consecuencia numerosos desplazamientos humanos forzosos). Este gesto podría ser considerado un guiño al estilo franciscano, dirigido a las periferias, las minorías y los individuos más vulnerables.
León XIV y sus posicionamientos más destacados en el ámbito internacional
• Vínculo complejo con Donald Trump: Si bien ambos coinciden en nacionalidad, sus trayectorias personales, visiones políticas y prioridades morales son diametralmente contrarias entre sí. Aunque el presidente estadounidense haya celebrado públicamente la elección de León XIV y la haya calificado como un «honor» para el país, lo cierto es que el sumo pontífice representa valores muy dispares a los promovidos por el mandatario norteamericano. Al igual que su antecesor Francisco, León XIV pregona por una Iglesia abierta e inclusiva, a la par que se muestra afín a la defensa de grupos sociales más vulnerables. Resta por saber cómo será el vínculo entre ambos de ahora en adelante, aunque es esperable que la cuestión migratoria sea uno de los asuntos que genere más rispideces entre las dos figuras.
• Marcada postura pro-Ucrania en guerra con Rusia: La llegada de León XIV al Vaticano supuso un importante cambio de visión institucional respecto al conflicto bélico entre ambos países. Si en su momento Francisco llegó a brindar declaraciones que muchos interpretaron como ambiguas (pues no determinaban claramente quién era el agresor y quién era la víctima), el nuevo papa adopta ahora lineamientos más cristalinos. Se muestra cercano a la nación ucraniana, abogando por una paz verdadera, justa y duradera para ella. Como prueba, Volodímir Zelenski fue el primer presidente que recibió en audiencia oficial. Asimismo, también se ofreció voluntariamente a ejercer como sede mediadora entre las partes enfrentadas. Claro que dicha propuesta no es del todo aceptada por Rusia ni su presidente Vladímir Putin, quien lo estima como poco apropiado. El líder ruso, básicamente, desconfía de la imparcialidad del Vaticano por razones geopolíticas y religiosas, ya que no considera oportuno negociar la paz de dos naciones ortodoxas en un entorno puramente católico. Además, la falta de presiones reales a Rusia por parte de Estados Unidos, impiden la flexibilización del primero y, por tanto, hacen que la propuesta de León XIV se torne utópica.
• Postura matizada en conflicto Israel-Gaza: Ya desde el inicio de su pontificado, León XIV hizo un llamamiento urgente a favor de la población de Gaza, con el objetivo de que esta pueda acceder a recibir ayuda humanitaria. Se trató de una declaración firme, más no confrontativa, pues no lo hizo desde una valoración política, sino humanitaria. De hecho, solicitó un cese al fuego centrándose únicamente en el sufrimiento de civiles inocentes, sin importar el bando del que provengan. Además, recibió personalmente a líderes judíos que asistieron a conocerle y mantuvo un diálogo amable y respetuoso con ellos. Esto marca una clara diferencia respecto a su antecesor Francisco, ya que durante su papado las históricamente complejas relaciones entre Israel y el Vaticano se tensaron, aún más, a raíz de su postura pro-Gaza. Las actitudes de León XIV generan, por tanto, esperanzas de reconciliación. Y es que su personalidad, abierta a la búsqueda de consensos a pesar de las diferencias ideológicas y/o políticas, podrían contribuir de buena manera a la cooperación interreligiosa.
• Vínculos cordiales entre El Vaticano y China: El pasado 5 de junio Su Santidad nombró a Joseph Lin Yuntuan como obispo auxiliar de la ciudad de Fuzhou, denominación que pocos días más tarde fue aprobada por las autoridades asiáticas. Esto confirma la continuidad en el acuerdo que ambas naciones firmaron en 2018 durante el papado de Francisco (a través del cual el papa reconocería a los obispos nombrados por el gobierno chino y, a su vez, este último lo reconocería como único líder de la Iglesia católica). Si bien esta resolución es y ha sido cuestionada por los sectores más conservadores, lo cierto es que ha permitido restablecer las relaciones diplomáticas entre dos Estados que, desde mediados del siglo XX, mantenían ciertas tensiones.
• Impacto global de la inteligencia artificial (IA) en la cotidianeidad: Atento a los avances tecnológicos de la actualidad, León XIV ha manifestado cierta preocupación respecto a las consecuencias que estas herramientas pueden tener sobre la vida de las personas, especialmente en áreas como salud, educación y comunicación. El líder considera que, según cómo estas sean utilizadas, pueden abrir nuevos horizontes de igualdad o pueden fomentar conflictos. Por eso, insta a los responsables de la industria a adoptar criterios éticos claros para su desarrollo y sugiere que los gobiernos coordinen normativas conjuntas para su aplicación. Estima que la IA puede avanzar sin problemas siempre y cuando respete valores como la libertad y la dignidad humana. Considerando los posibles riesgos a los que esta conlleva, advierte que su uso debe ser responsable, constructor (no destructor) de derechos, orientado al beneficio común, además de promotor de diálogo y de fraternidad. En ese sentido, al ser incapaz de replicar el discernimiento moral y forjar relaciones genuinas que solo los humanos pueden, no debería nunca ser un sustituto de sus habilidades y virtudes, sino solo un complemento.
Consideraciones finales
En la elección efectuada durante el último cónclave no ganó ni el progresismo ni el conservadurismo: ganó el centro. León XIV es continuidad franciscana solo a modo parcial, pues desde el comienzo se encargó de trazar su propio camino. Fuera y dentro del Vaticano, su personalidad lejana a las confrontaciones lo tornan un auténtico promotor de paz y un reparador de grietas. Es el papa de la unidad y el consenso.
Hasta el momento, todo parece indicar que el estadounidense es la figura que la Iglesia católica estaba necesitando: un líder que combina a la perfección lo servicial y lo administrativo. León XIV conoce profundamente la realidad social, tanto del centro como de las periferias y, al mismo tiempo, domina sin mayores dificultades los asuntos episcopales internos. Esta doble virtud podría contribuir positivamente a la cuestión vaticana. Primero, porque el nuevo papa podría conseguir readaptar al ente al mundo de hoy y, de esta manera, recuperar el «terreno perdido» en materia de fieles, que se verían animados de retomar los caminos de la fe al toparse con una institución más abierta y cercana. Segundo, porque las destrezas que adquirió a partir de su cargo como gestor le otorgan cierto bagaje acerca de los manejos privados del Vaticano, y esto podría ayudar a resolver viejos problemas eclesiásticos entre bastidores. A lo anterior, León XIV suma una personalidad cauta y moderada, tan necesaria para abordar y mediar en las —tensas— relaciones internacionales de la actualidad. Sus valores de paz, universalidad, inclusión y justicia social podrían ser un foco de esperanza para un sistema internacional cada vez más combativo y fragmentado.
Personalmente sobrio e institucionalmente solemne, el nuevo sumo pontífice encarna un justo equilibrio entre vocación pastoral y liderazgo doctrinario fuerte. Empero, en términos geopolíticos, la gran interrogante es si el tono sobrio y prudente de León XIV conseguirá tener peso real en los conflictos globales de la actualidad, o si este quedará opacado por la lógica del poder más duro. El tiempo lo dirá.
*Foto de portada: Ilustración Papa León XIV | Créditos: Pinterest.
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