Moda & Poder: Rania de Jordania

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Tradición y modernidad: Las claves (políticas) del estilo de una reina que, con naturalidad y elegancia, fusiona lo mejor de Oriente y Occidente.



Un reinado con impronta personal

Orígenes

Oriunda de Kuwait, Rania Al-Yassin —hoy conocida como Rania Al Abdullah o, simplemente, Rania de Jordania— nació el 31 de agosto de 1970 en el seno de una familia palestina de clase media profesional. Hija de un médico y de una ama de casa, su crianza estuvo marcada por la disciplina y la ambición. En su hogar, la educación era concebida como una herramienta de movilidad y ascenso social. Manteniéndose fiel a ese cometido, se formó en Administración de Empresas en Egipto, concretamente en la Universidad Americana de El Cairo (AUC).

Traslado a Jordania y establecimiento de lazos con Abdalá II

Durante el estallido de la Guerra del Golfo, Rania emigró a Jordania junto a su familia y, allí, ya graduada, supo desempeñarse en el sector financiero privado durante varios años, formando parte de importantes corporaciones, tales como Citibank o Apple.

Como puede suponerse, en aquel entonces, su cotidianeidad era absolutamente ajena a títulos y cuestiones reales. Sin embargo, todo cambió en 1992, cuando conoció al todavía príncipe Abdalá II en una cena social. Lo que sigue es historia conocida: se enamoraron, se comprometieron formalmente y, un año más tarde, se casaron.

Ascenso al trono jordano

En febrero de 1999, tras el fallecimiento del rey Hussein, su hijo, Abdalá II, asume como nuevo regente. En coronas europeas, la esposa del monarca a menudo recibe automáticamente el título de reina consorte. En la mayoría de los países árabes, en cambio, ese paso requiere la proclamación formal del nuevo rey y, dicho anuncio, en ocasiones, tarda mucho tiempo en llevarse a cabo. Jordania fue una excepción a la norma, pues Abdalá II nombró a Rania como soberana casi inmediatamente: el 22 de marzo de ese mismo año. Dicho gesto temprano fue un gesto simbólico y político, mediante el cual el flamante monarca le otorgó a su esposa un lugar central en la representación del país, reconociendo sus cualidades profesionales y sus habilidades diplomáticas.

Ejemplar de liderazgo femenino contemporáneo

Sin que la propia Rania llegara a sospecharlo, la formación que recibió durante su juventud en una institución —moderna, bilingüe, prestigiosa y con ambiente internacional— como la AUC, le ha otorgado valiosas herramientas para afrontar el rol público que hoy ocupa. La soberana es una mujer con perfil ejecutivo, global y riguroso, que encaja a la perfección con los requerimientos propios de su status. Es una figura profesional y moderna, que posee un sentido de propósito social poco habitual para las consortes de la región en la que habita. Su militancia social y su agenda de trabajo orientada hacia la educación, los derechos de las mujeres, el diálogo intercultural y la construcción de puentes simbólicos entre Oriente-Occidente, la han tornado una auténtica referente local y global.

Uso estratégico de la estética

A la ardua labor social y diplomática de Rania, se le añade un exquisito criterio estético. De hecho, su estilo no es más que otro medio a través del cual la soberana construye y ejerce su influencia pública: su presencia —siempre calculada y consciente— combina activismo y soft-power (poder blando).

Ella no solo se viste, sino que construye un mensaje. Es el ejemplo perfecto de cómo el estilo puede convertirse en una verdadera herramienta de poder. Por tal motivo, aproximarse a su análisis es mucho más que un simple ejercicio de moda: es buscar comprender —un poquito más— su modo de hacer política (local e internacional). A continuación, una exploración por algunos de los tópicos que la definen.

Rania: comunicación política encarnada

Los pilares de su estilo de vestir

Elegancia modesta y minimalista: Rania suele jugar con paletas de colores sobrias y líneas limpias, en lugar de saturar con opulencia. Se trata de una mujer que no busca el protagonismo (no al menos abiertamente), empero, inevitablemente lo obtiene por su armonía y por su impecable naturalidad.

Fusión Oriente-Occidente: Sus elecciones estilísticas dialogan con Occidente sin renunciar a raíces árabes, equilibrando tradición y modernidad, y funcionando como una extensión de su narrativa política. En su armario no faltan los guiños artesanales y regionales, pero tampoco los cortes contemporáneos ni las marcas internacionales. Su capacidad para articular elementos tan (aparentemente) opuestos con tanta armonía, despierta la admiración de propios y ajenos, pues sus atuendos forman parte de un relato que proyecta liderazgo, continuidad y sofisticación.

Uso consciente del velo (o bien, la ausencia de él): Este punto, estrechamente vinculado al anterior, merecería, sin dudas, un capítulo aparte. Pero lo cierto es que con este pequeño gesto, Rania da al mundo —y en particular a Occidente— un mensaje potente: el de autonomía y contemporaneidad femenina. Si bien ella lo lleva —casi— únicamente cuando debe entrar en una mezquita, defiende su porte y niega que este sea un elemento de opresión, siempre y cuando la mujer que lo luzca lo haga por convicción. De esta manera, logra encabezar un liderazgo femenino que no desafía el sistema con violencia, sino con sutileza estratégica. A fin de cuentas, la intención de su estética no es romper tradiciones, sino reinterpretarlas.

Prendas que dialogan con el contexto: Los colores y estructuras de sus prendas se adaptan a la situación política del momento. Si asiste a eventos sociales apuesta por líneas suaves, tejidos fluidos, gamas pasteles para transmitir cercanía, calidez y empatía Si, en cambio, se enfrenta a audiencias internacionales, elige camisas de popelina, faldas estilo lápiz, o zapatos de tacón marcado, demostrando amoldarse a las costumbres típicas de las líderes políticas y empresariales de Occidente.

Los anteriores puntos —es decir, la ausencia de estridencias, los guiños a Oriente y Occidente, los detalles contemporáneos, el homenaje a sus raíces, las decisiones estilísticas basadas en valores personales, y la flexibilidad cromática según la circunstancia lo requiera— le permiten establecer un potente equilibrio entre sobriedad y frescura, favoreciendo: 1) su conexión con audiencias diversas; 2) el tendido de puentes entre culturas opuestas; y 3) el reforzamiento de la narrativa de una monarquía que busca mostrarse contemporánea sin quebrar la tradición.

Como puede constatarse, nada en su exposición pública es improvisado ni accidental: cada aparición, cada iniciativa, cada mensaje responde a una arquitectura comunicacional precisa… su vestidor, también.

Gestos no verbales

Más allá del terreno de la indumentaria, en su día a día, Rania transmite una serie de señales que, sin palabras, hablan acerca de quién es y cómo piensa. A propósito de ello, la soberana logra dominar con absoluta maestría un raro arte: el de parecer cercana sin abandonar su aura monárquica. ¿Cómo lo logra? A través de tres puntos clave, a saber:

Postura erguida y expresividad controlada: Manteniéndose firme, más no rígida, logra dar órdenes sin imponer.

Gestualidad suave: Con movimientos delicados, que evitan la exuberancia, Rania consigue transmitir seguridad contenida y poder blando.

Mirada directa: Se trata de uno de sus rasgos comunicacionales más fuertes. Sus ojos demuestran escucha y atención, al mismo tiempo que enmarcan autoridad.

Mencionadas características contribuyen a efectuar un relato político silencioso, pero poderosísimo, que se complementa con sus —estratégicamente planeados— outfits que, aunque pueda sonar contradictorio, lleva con naturalidad innata.

Algunos looks destacados

Es habitual que Rania comparta su agenda de actividades públicas en las redes sociales, entre las que destaca su perfil de Instagram (@queenrania), en el que suma más de 10 millones de seguidores. Allí, es posible visualizar instantáneas de los eventos sociales a los que asiste, las visitas institucionales que lleva a cabo, los actos oficiales a los que acude, las ceremonias tradicionales de las que participa y los viajes al exterior que realiza. Tampoco faltan las fotografías familiares (con sus correspondientes y sentidas dedicatorias), en las que la soberana deja ver su faceta más cálida y descontracturada. En tal sentido, la plataforma se vuelve un medio de comunicación preponderante para mostrar transparencia institucional y conectar con la ciudadanía, pero también una vía para que el resto del mundo pueda «espiar» su —tan admirado— estilo.

Como cada aparición suya despierta tanto interés global, las revistas especializadas en moda tampoco dejan de analizar con lupa cada detalle de su estética. A lo largo de los años, Rania ha dado verdaderas lecciones en la materia. Si a su perfil armonioso y sofisticado se le añade intencionalidad política, el balance no puede ser más que impactante. A continuación, algunos ejemplos de outfits que han pasado a la historia.

📷 | Galería deslizante de imágenes

• Imagen 1 – Orgullo regional: En esta oportunidad, Rania se decantó por un vestido confeccionado por la diseñadora libanesa Elie Saab, que complementó con importantes piezas de joyería.

Imagen 2 – Originalidad: Su look de invitada estuvo compuesto por una camisa de Givenchy y una falda larga con un interesante detalle de encaje (que puede interpretarse, por qué no, como un guiño a la moda española y sus mantillas).

Imagen 3 – Binomio atemporal: Enfundada en un elegante vestido negro con detalles blancos de Giorgio Armani Privé, Rania asistió al 60.° aniversario del archiconocido evento musical con el objetivo de promover la campaña educativa 1GOAL Education for all. Moda y activismo social maridados.

Imagen 4 – Moda corporativa: Estampado de rayas diplomáticas en blanco y negro, todo un clásico en el vestuario femenino oficinista y empresarial. Y es que la sastrería trasmite la idea de profesionalismo, e intelectualismo, resultando un comodín para cualquier mujer moderna y trabajadora.

Imagen 5 – Madrina: Para asistir a la ceremonia matrimonial de su primogénito, Rania ha optado por un vestido largo y negro, con cuello alto, de mangas largas y con detalles florales bordados en pedrería dorada, fue confeccionado por la casa francesa Dior.

Imagen 6 – Duelo de abrigos reales: En esta imagen, la soberana de Jodania luce un tapado en tono azul bebé, de doble botonadura, de la insignia italiana Salvatore Ferragamo.

Imagen 7 – Mix de diseños occidentales y guiño al país anfitrión: Para su reunión en Roma, Italia, Rania optó por un vestido burdeos de largo midi de Erdem, un bolso de Louis Vuitton y unos tacones de Bottega Veneta (marca italiana).

• Imagen 8 – Estilo urbano en clave de camaradería con las nuevas generaciones: En uno de los encuentros de liderazgo juvenil más influyentes del planeta, Rania sorprendió a todos luciendo pantalones tie-dye y chaqueta estilo oversize. De esta forma, no solo demostró estar al tanto de las últimas tendencias occidentales, sino que también evidenció su talento para adaptarse a públicos variados.

Reflexiones finales

En el universo político, donde cada gesto se lee como una declaración y cada silencio compite con comunicados oficiales, la estética funciona como extensión y complemento del discurso. Empero, pocas figuras lo entienden tan bien como Rania de Jordania, quien día a día demuestra que su vestuario no es un mero accesorio, sino narrativa pura.

Desde su ascenso al trono, la monarca ha articulado una agenda que mezcla diplomacia, activismo y modernización, posicionándose como una de las voces árabes más influyentes en educación, derechos de las mujeres y diálogo intercultural. Pero su liderazgo estratégico también se justifica (y se construye) sobre la base de su imagen y de todos esos detalles sutiles que componen su lenguaje no verbal.

En cada una de sus exposiciones en sociedad, sus outfits terminan siendo intervenciones calculadas en las que conviven la elegancia clásica y los guiños identitarios, los cortes contemporáneos y los detalles artesanales, la sobriedad cromática y la intención política… Así, su estilo traduce al mundo un mensaje constante: el de una monarca que se proyecta moderna sin renunciar a su tradición, femenina sin perder autoridad y cercana sin sacrificar dignidad.

Al mismo tiempo, su guardarropas simula ser una suerte de mapa político que combina firmas globales occidentales con diseñadores regionales orientales. Dicho gesto equilibra autoridad internacional con orgullo cultural. Diplomacia pura, que la convierte en un puente simbólico entre dos mundos que suelen mirarse con recelo.

En definitiva, Rania concibe a la moda como a una suerte de «arquitecta del poder» que, lejos de ser un elemento superficial, refleja emociones, simboliza culturas y, de esa forma, actúa como mecanismo de diplomacia silenciosa. La soberana, como la brillante estratega de la comunicación visual que es, sabe bien que la estética conecta, conquista, y construye legitimidad sin necesidad de palabras.

Rania de Jordania es una embajadora cultural y política de Oriente Medio y, en este cometido, su vestuario asume un rol central: complementa sus discursos, reafirma sus convicciones y comunica sus valores, además de operar como puente cultural entre el mundo árabe y Occidente.

Y para una mujer capaz de construir marca país (región) a partir de decisiones estilísticas como lo es ella, la imagen, más que un asunto superficial… es una política de Estado.

*Foto de portada: (Recorte) Rania de Jordania en un retrato oficial de 2022, en el que luce un conjunto satinado de color ocre compuesto por blusa con cinturón y pantalón fluido de la firma canadiense Erdem.

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