El discurso de Navidad 2025 de Felipe VI de España: una hoja de ruta cívica

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🇪🇸 | ¿Qué reflexiones deja el monarca a España (y al mundo todo) con su mensaje basado en valores como «unión» y «convivencia«?



En el artículo «Diplomacia Real: El rol de las monarquías en política exterior» de ESCANEO POLÍTICO, se explicaba cómo las distintas coronas reales del mundo contribuían a las relaciones exteriores de sus respectivos países, y se analizaba el caso concreto de Felipe VI de España. Y es que, a fin de cuentas, a nivel externo, el rol de este último es ejercer la diplomacia. Empero, el monarca también tiene responsabilidades internas, tales como la moderación y arbitraje político, la sanción y promulgación de leyes, la convocatoria a elecciones, etcétera. Asimismo, es una figura que representa la unidad estatal, apostando siempre al diálogo, la responsabilidad en el sector público y la convivencia democrática. Es símbolo de permanencia, solidez e institucionalismo.

A continuación, un análisis de su discurso de Nochebuena 2025 y de cómo, en tiempos tan turbulentos como los de hoy, su mensaje puede ser aplicable en todo el globo.

Tradición anual

Como ya es habitual desde su acenso al trono en 2014, justo antes de la llegada de cada Navidad, el rey Felipe de VI ofrece un discurso especial a los ciudadanos. A través de sus alocuciones, no solo expresa sus buenos deseos al pueblo, sino que, además, aprovecha la ocasión para realizar balances anuales, repasar los principales hechos acontecidos en los últimos 12 meses y reflexionar acerca del futuro próximo.

Este 2025 no ha sido la excepción, y el pasado 24 de diciembre a las 21 horas, medios televisivos y radiales de todo el país emitieron «El Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey» en diferido. El vídeo, asimismo, también fue publicado en @casarealtv, que es el canal oficial de la Casa Real en Youtube.

Según la agencia especializada en mediciones Dos30′ sobre datos de Kantar Media, la disertación de este año —que duró cerca de 10 minutos si no se consideran introducción y cierre— alcanzó una audiencia media de 5.9 millones de espectadores, superando levemente las marcas de 2024.

Detalles estéticos y simbolismos

Sitio electo

El discurso fue efectuado desde el Salón de Columnas del Palacio Real en Madrid, repitiendo el escenario de lo que fue el saludo de 2024. La elección no es casual. En las últimas décadas ese mismo espacio ha acogido eventos y acontecimientos de suma relevancia, tales como la firma por parte de España del Acta de Adhesión a las Comunidades Europeas en 1985, la Conferencia de Paz de Madrid de 1991, la abdicación del rey Juan Carlos en 2014, o la entrega del collar de la Insigne orden del Toisón de Oro por parte de Felipe VI a la princesa de Asturias (Leonor) en 2018. Todo un mensaje entre líneas que responde a la necesidad de subrayar —de forma simbólica— la importancia de la institucionalidad, sobre todo en un año tan especial para los españoles, en el que está teniendo lugar el 50.° aniversario de la restauración de la democracia. De hecho, a diferencia de años anteriores y con la probable intención de poner en foco únicamente en la carga histórica del Salón, este 2025 no hubo retratos familiares acompañando la escenografía.

El área escogida para que Felipe efectuara su salutación anual contó con la presencia de elementos decorativos y religiosos vinculados a la época festiva, tales como un árbol navideño y un belén/pesebre de tamaño discreto. Respetando las normas de protocolo y como ya es usual en esta clase de comunicaciones institucionales, también fue posible visualizar las banderas de España y la Unión Europea, reforzando los valores estatales y europeístas que defiende la Casa Real.

Innovación de formato

El mensaje monárquico de 2025 trajo consigo una novedad en lo que a formato respecta. Y es que, luego de haber ingresado andando, Felipe se detuvo frente a la estatua de Carlos VI y, permaneciendo siempre de pie, pronunció todas sus palabras. Esta innovación fue toda una ruptura visual y gestual que simboliza la búsqueda de una imagen de mayor dinamismo, acción, modernidad y cercanía.

Comunicación no verbal

Es bien sabido que existen ciertos elementos que, sin necesidad de palabras, pueden contribuir a transmitir ideas y a expresar emociones. Uno de ellos es la vestimenta. Como muchas figuras públicas, Felipe y su equipo de asesores son absolutamente conscientes de la importancia de la imagen estética y, por tanto, buscan proyectar coherencia en cada aparición mediática. En esta oportunidad, han conseguido cumplir con dicho objetivo. El monarca, decidido a no distraer de su mensaje central, apostó por un atuendo sobrio, compuesto por un traje azul marino y una camisa blanca. Sin embargo, el detalle estuvo en el color de su corbata. Y es que, alejándose de los azules o rojos institucionales más rígidos, se decantó por un diseño con delicadas estampas geométricas sobre un fondo terracota. Su gama, especialmente cálida y terrosa, puede interpretarse como un intento de mostrar proximidad.

Igualmente destacable ha sido la rica gestualidad de Felipe con sus manos, quien realizaba movimientos más amplios y altos cuando mencionaba palabras como «Constitución» o «España» , otorgándoles, así, mayor jerarquía visual y autoridad. Su expresión facial, en tanto, fue mayoritariamente seria, en consonancia con el contenido de su mensaje hablado. Al momento de mencionar a su familia, en cambio, mostró una leve sonrisa y su rostro pareció suavizarse.

Contenido

El duodécimo discurso navideño de Felipe VI como Rey, se caracterizó por ser algo más breve respecto a los anteriores. Sin embargo, conservó el mismo tono formal, sobrio y directo de siempre.

Revisión histórica reciente

El monarca comenzó su mensaje apostando al recuerdo histórico como modo de legitimación institucional. En ese sentido, se encargó de mencionar dos aniversarios significativos para España, como lo son los 40 años de su entrada de al bloque de la Unión Europea y las cinco décadas desde el inicio de su Transición democrática, señalando que ambos acontecimientos representan la unidad, la responsabilidad colectiva y el progreso compartido.

Legados constitucionales

Prosiguiendo con su discurso y haciendo un guiño a la Constitución de 1978, sostuvo que esta ha sido la base de un proyecto común que sigue vigente hasta el día de hoy. Asimismo, destacó que, desde su establecimiento, el país no ha dejado de transformarse profundamente, consolidando sus libertades políticas, su pluralismo partidario, su descentralización y, cómo no, su apertura a la región y al mundo.

Reconocimientos al esfuerzo ciudadano

Seguidamente, identificó algunos de los tantos desafíos a los que distintas generaciones de españoles han tenido que hacer frente en los últimos tiempos, tales como dificultades para conciliar responsabilidades, el aumento del coste de vida, los problemas en el acceso a viviendas, la incertidumbre laboral debido a los rápidos cambios tecnológicos y los fenómenos climáticos (en una clara alusión a la dana que tuvo lugar en Valencia en octubre de 2024 y dejó un saldo de más de 200 personas fallecidas). A su vez, manifestó orgullo por la iniciativa y el compromiso que de los españoles que, a pesar de los obstáculos, no dejan de esforzarse por salir adelante cada día.

Crisis institucional

Las situaciones recién mencionadas provocan hastío, desencanto y desafección ciudadana hacia la democracia y las instituciones que la componen. Por eso, Felipe solicitó ejemplaridad a los poderes públicos. Al mismo tiempo, ha apelado a la reflexión de los civiles, asegurando que España ha sido históricamente capaz de superar obstáculos siempre que se mostró unida, voluntariosa y perseverante.

Diálogo y convivencia

El monarca aseveró que tener objetivos compartidos es sinónimo de progreso y que la base de cualquier proyecto común es la convivencia. Sin embargo, advirtió que esta última no es un «legado imperecedero» sino que requiere de un cuidado constante: la paz civil nunca debería darse por sentada.

Radicalismos

Por ser una figura que representa a la totalidad de los españoles, el Rey es un símbolo de cohesión interna. Respondiendo al principio protocolario de neutralidad institucional, sus mensajes deben apelar siempre a la unidad y esquivar cualquier controversia o polarización innecesaria. Por eso, en su comunicado navideño no hubo referencias explícitas a partidos ni líderes políticos concretos. Eso así: Felipe logró marcar de forma implícita —pero clara— un posicionamiento al hablar del peligro de los radicalismos.

Señaló que los extremismos y el populismo se nutren de la desinformación, las desigualdades, la incertidumbre y el desencanto ciudadano, y advirtió que estos ponen en riesgo la buena convivencia y desgastan —aún más— la confianza en las instituciones. Por tal motivo, insta a los compatriotas a trabajar para combatirlos, asegurando que «en democracia, las ideas propias nunca pueden ser dogmas, ni las ajenas, amenazas» .

Despedida y cierre

La alocución concluyó con la felicitación navideña del Rey, quien pronunció la frase «Felices Fiestas» en castellano y en tres lenguas cooficiales de España: euskera (vasco), catalán y gallego. El simbólico gesto de inclusión siguió una línea coherente con lo que ha sido todo su discurso, mostrando respeto por la diversidad y la pluralidad del país.

Luego de que Felipe haya finalizado su disertación, sobre el himno nacional, se proyectaron de imágenes del rey y de su esposa Letizia, de la princesa de Asturias Leonor y de la infanta Sofía, en diferentes actos y eventos de los que han participado este año. Por último, se mostró el lema «Servicio, compromiso y deber» en perfecta consonancia con la imagen que la Familia Real busca proyectar desde el inicio de su reinado.

📷 | Galería deslizante de fotos – Transcripción completa de la disertación del Rey:

📼 | Vídeo oficial de la disertación del Rey:

Aplicabilidad Global

El discurso navideño del rey Felipe VI de España de 2025 puede ser perfectamente extrapolable a nivel internacional. ¿Por qué? Porque aborda una crisis que es global y no solo española: la de la confianza democrática.

Y es que los altos niveles de fragmentación política y social que caracterizan al mundo de hoy (ver «Conmigo o contra mí: El fenómeno mundial de la polarización» de ESCANEO POLÍTICO) parecen no dejar de crecer, generando dificultades al momento de dialogar, buscar acuerdos y resolver problemas comunes de forma conjunta. Esto, sumado a la incapacidad que los organismos globales están mostrando al momento de atender las necesidades de las sociedades modernas, han provocado una gran crisis en el modelo multilateral (ver «Anuncios de retiro de la OMS: ¿Multilateralismo debilitado?» y «¿Es el fin del atlantismo?» de este blog). Todo esto hace que los ciudadanos de todo el planeta se muestren cada vez más reacios a confiar en la democracia y sus instituciones.

Sin embargo, a pesar de sus falencias, este sistema continúa siendo, hasta hoy, la mejor herramienta disponible para afrontar los desafíos venideros. Solo el diálogo respetuoso, la cooperación, la solidaridad y la generación de normas conjuntas pueden asegurar una convivencia pacífica, aun a pesar de las (inevitables) diferencias. De lo contrario, las sociedades se convertirían en anarquías que pasarían a basarse en «la ley del más fuerte» generando un caos difícil de imaginar.

Tal como se afirma en el rótulo de este artículo, el mensaje de Felipe VI es a fin de cuentas, una auténtica hoja de ruta cívica. No solo para España. También para cualquier nación que enfrente el «hastío» ciudadano ante la política y todo lo que la rodea.

*Foto de portada: Felipe VI de España durante su saludo navideño de 2025 | Créditos: Casa Real.

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