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Las claves (políticas) del estratégicamente colorido, vibrante y audaz estilo de la monarca neerlandesa.
Introducción
Máxima Zorreguieta, argentina nacida en Buenos Aires el 17 de mayo de 1971 es, desde hace casi 13 años, reina consorte de los Países Bajos gracias a su matrimonio con el rey Guillermo Alejandro. Desde entonces, el poder de la sudamericana no ha hecho más que crecer.
Para entender dicho ascenso, es necesario remontarse a sus orígenes. Sucede que la hoy conocida como Máxima de los Países Bajos —aunque cariñosamente también apodada «La Reina Argentina»— no tiene linaje aristocrático alguno. Sin embargo, proviene de una familia de clase media-alta con perfil técnico y burgués, que le transmitió el valor de la formación académica y la profesionalización. Graduada en Economía por la Universidad Católica Argentina (UCA), Máxima logró forjar una exitosa carrera dentro de prestigiosas instituciones del sector financiero internacional, en ciudades como Bruselas y Nueva York.
En 1999, mientras residía y trabajaba en Estados Unidos, viajó a España para asistir a la Feria de Abril de Sevilla (un festival típico y de carácter anual, que se lleva a cabo cada primavera en la capital andaluza). Allí fue que conoció a Guillermo, quien también se encontraba disfrutando del evento. La atracción entre ambos fue inmediata, por lo que decidieron volver a reunirse, ahora ya en la Gran Manzana, algunas semanas más tarde. El resto de la historia es ya conocida: luego de oficializar públicamente su relación, se comprometieron en marzo de 2001 y se casaron en febrero de 2002. Son padres de tres hijas: Catalina Amalia —primogénita y heredera al trono, que actualmente ostenta el título de Princesa de Orange—, Alexia y Ariane.
La pareja ascendió al trono el 30 de abril de 2013, justo tras la abdicación de Beatriz de los Países Bajos en favor de su hijo, Guillermo. Empero, la entrada de Máxima en la Casa de Orange no estuvo exenta de desafíos políticos y polémicas, pues ella no solo no pertenecía a la nobleza europea, sino que, además, era hija de un hombre que había ejercido como secretario de Agricultura durante la última dictadura militar argentina. Por ende, desde sus comienzos y con el propósito de ganarse la estima del pueblo neerlandés, tuvo que ingeniárselas para desplegar una maestría diplomática.
La táctica que Máxima ha utilizado para ser aceptada en los Países Bajos ha sido, ni más ni menos, la del justo equilibrio entre el respeto a la tradición institucional y la frescura de su identidad argentina. Para lograr dicho cometido, la moda ha sido —y es— una herramienta clave. De hecho, en el análisis contemporáneo de las relaciones internacionales, la dimensión estética es una dimensión ineludible en el concepto de soft power (poder blando). Máxima lo sabe y lo aplica a la perfección, comunicando estratégicamente a través de su indumentaria.
Al día de hoy, la Reina no solo usa su imagen para «adornar» sus cargos públicos y estatales, sino también para reforzar su autoridad técnica y su capacidad de mediación global. A propósito de ello, es importante resaltar que, a diferencia del Rey Guillermo, ella no cumple funciones constitucionales, ni tampoco tiene responsabilidades ministeriales directas. Su actuación se basa más bien en ámbitos de representación y compromiso social, entre los que podrían mencionarse: 1) Reina consorte (apoyando al Rey en sus funciones de Estado, unificando, representando y animando al pueblo neerlandés); 2) Miembro del Consejo de Estado, Raad van State (participando en el órgano asesor del gobierno, aunque sin derecho a voto o poder de decisión política); 3) Asesora Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para la Financiación Inclusiva para el Desarrollo (UNSGSA); 4) Patrona de la Cátedra Príncipe Claus (promoviendo la educación y la investigación en desarrollo internacional); y 4) Miembro del Comité para la Financiación Inclusiva de los Países Bajos.
Máxima resulta un fascinante caso de estudio sobre la construcción de legitimidad y autoridad en el siglo XXI. A continuación, en esta nueva entrega de MODA & PODER de ESCANEO POLÍTICO, se presenta un análisis de los mensajes no verbales que se ocultan detrás de su particular estilo personal.
Carácter argentino-neerlandés como activo político
Lejos de pretender ocultar sus raíces latinas, Máxima se esfuerza fuertemente por exponerlas. El uso de prendas de colores brillantes y accesorios audaces son una prueba clara de ello. Esta actitud tiene una lectura clara: la del orgullo por su tierra natal. En Argentina, en tanto, su estilo es una inspiración para muchos y, además, es percibido como una proyección del éxito de la formación nacional, actuando como un vínculo simbólico que facilita las relaciones bilaterales y el diálogo cultural entre Europa y América Latina: una suerte de «puente atlántico».
Al mismo tiempo, sus elecciones estilísticas contribuyen positivamente a la «humanización» de la monarquía neerlandesa, haciendo que esta se diferencie del resto de las coronas europeas al sentirse más cercana y menos rígida en términos comparativos. En tal sentido, la capacidad de comunicar accesibilidad y dinamismo —dos cualidades tan esenciales en una época donde las familias reales buscan mantenerse relevantes en medio de las sociedades democráticas modernas— son uno de sus puntos más fuertes.
En la misma línea, tampoco dejan de sorprender otros guiños que, en materia de moda, la regente se ha encargado de hacer a su país de acogida. Su fidelidad a diseñadores locales —tales como el talentoso Jan Taminiau— suponen un apoyo directo a la industria y economía de la nación europea. Esto va en absoluta consonancia con su habilidad para aprender el idioma neerlandés en tiempo récord, así como también a su alta capacidad para adaptarse a los usos y costumbres neerlandesas, elementos que evidencian lo rápido que ha sido su proceso de integración.
Color como transmisor de emociones
Mientras algunas royals eligen la neutralidad para no equivocarse, Máxima hace exactamente lo contrario: abraza la expresividad. Y el resultado no podría ser más impactante. En la actualidad, su vestidor es, muy posiblemente, el más colorido de entre los de toda la realeza europea —un podio que alguna vez supo compartir con la recordada Isabel II del Reino Unido, quien falleciera en 2022—.
Los outfits de Máxima no solo responden a un gusto personal, sino también a una estrategia comunicacional cuidada, en la que la transmisión de emociones juega un papel central. Su estilo no deja nada al azar: está 100% calculado.
El predominio de colores como rojos, fucsias, amarillos, naranjas y azules en su vestimenta —tanto cotidiana como formal— son ya parte de su identidad visual. Estas paletas cromáticas no solo evocan energía, optimismo y apertura, sino que también la hacen destacar positivamente entre el resto de las personas que se encuentran a su alrededor. Su mensaje se refuerza —aún más— en los momentos en los que opta por vestir conjuntos monocromáticos, a los que les suele añadir complementos a juego.
En tal sentido, su audacia y teatralidad a la hora de vestir no debería ser vista como una mera excentricidad, sino como una forma de flexibilizar la Corona y demostrar que esta también puede ser dinámica y contemporánea.
Dramatismo y maximalismo como diferenciadores
El uso estratégico del color no es la única herramienta de la que Máxima se vale para resaltar en la multitud. A menudo, la Reina apuesta también por volúmenes (ya sea en mangas de blusas/vestidos, en capas/abrigos o en faldas). De esta manera, consigue proyectar autoridad al ocupar espacio visual y construir un aura de grandiosidad moderna, además de mostrar audacia responsable sin romper protocolos institucionales. A fin de cuentas, su táctica resulta siendo una forma de legitimidad estética, que comunica poder sin necesidad de palabras.
Accesorios maximalistas como broches, tocados con plumas, sombreros extra-large, guantes largos y joyería artesanal llamativa son otros de los elementos característicos de su imagen, fusionando identidad cultural y marca personal.
Alegría y expresividad como banderas
En Máxima hay coherencia corporal: a su estilo de vestir cromático, volumétrico y alegre, lo complementan las (casi constantes) sonrisas en su rostro.
Su caso es particular, ya que mientras otras royals operan desde la contención, ella comunica con entusiasmo controlado: saluda, se ríe, gesticula, abraza e inclina su cuerpo hacia la gente. Su lenguaje, por tanto, podría ser definido como expansivo, energético, y emocional. Esos detalles la tornan una presencia memorable donde sea que vaya y son su singular modo de convertir la estética visual en narrativa de Estado.
Sostenibilidad y austeridad como faros
En los últimos años, la crisis climática ha venido marcando —cada vez con más fuerza— la agenda global y, a través de sus elecciones estilísticas, Máxima asume un liderazgo consciente en dicho campo.
Sucede que la Reina ha sabido responder adecuadamente a los paradigmas ecológicos actuales llevando a cabo prácticas simples —pero contundentes— tales como la incorporación de moda circular en su día a día. Reutilizando sistemáticamente sus piezas de vestuario, logra, ni más ni menos, alinear la imagen de la Corona con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (también conocidos como Agenda 2030) de las Naciones Unidas y con las preocupaciones de las nuevas generaciones europeas en materia de ambientalismo.
Pero hay más. Y es que, con este gesto no verbal, la argentina-neerlandesa también brinda otro importante mensaje político: el de austeridad y responsabilidad fiscal. En sociedades como las actuales, donde se exige cada vez más transparencia dentro del ámbito público, esto resulta una clara ventaja estratégica a su favor y contribuye a desactivar las críticas sobre la opulencia de las instituciones monárquicas.
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Los intensos niveles de actividad política y social de Máxima, sumados a la accesibilidad que esta suele mostrar hacia los medios de prensa, permiten que seguidores, analistas y público en general puedan estar al tanto de sus labores y, cómo no, de sus elecciones estilísticas. Por otra parte, la presencia de la Casa Real Neerlandesa en redes sociales como Instagram —a través del nombre de usuario @koninklijkhuis— facilitan aún más la interacción popular con ella y su familia, pues ofrecen material audiovisual relevante y actualizado de forma casi constante.
La amplia disponibilidad de registros fotográficos captando su participación en actos oficiales, visitas de Estado, foros, congresos, viajes familiares y otros eventos domésticos, posibilita seguir con lujo de detalles cuál ha sido evolución de la Reina en materia de moda. Considerando que esta última es una importante herramienta de comunicación no verbal, es indudable que todo lo que la monarca decide mostrar es parte de una estrategia de comunicación que, sin lugar a dudas, contribuye a una mejora la lectura de contextos. A continuación, imágenes de algunos de los tantos outfits de Máxima que han marcado historia.
● Imagen 1 – Vestido de novia: En febrero de 2002, se casó con el rey Guillermo luciendo un diseño valorado en 100.000 euros y firmado por la casa italiana Valentino. Por su sencillez y falta de estridencias, contrasta mucho con lo que es su estilo habitual. Confeccionado en seda mikado, con discreto escote redondeado, mangas francesas y cuerpo liso, solo sumaba dos apliques de encaje a ambos lados de la falda. Sin embargo, los detalles estuvieron en su cola de cinco metros, en el velo de tul floral artesanal y, sobre todo, en su tiara. La pieza fue un guiño a la Casa Orange-Nassau: la había llevado la reina Beatriz en su enlace con el príncipe Claus en el año 1966, pero fue rescatada y modificada exclusivamente para Máxima.
● Imagen 2 – Invitada de boda: en 2004 y siendo aún princesa, acudió al casamiento de Felipe y Letizia de España. Para la ocasión eligió un look monocromático en rosa palo, compuesto por un vestido estilo cocktail de gasa con bordado floral y un abrigo de seda, que luego complementó con un gran sombrero de plumas, guantes, zapatos de tacón y bolso clutch.
● Imagen 3 – Ascenso al trono: El 30 de abril de 2013, Guillermo y Máxima se convertían en los nuevos reyes de Países Bajos. Para uno de los tantos actos que se llevaron a cabo esa jornada, la monarca optó por llevar un vestido de color azul klein confeccionado por Jan Taminiau. A la sofisticada prenda —que contaba con apliques artesanales de pedrería y cristal— se le añadió una elegante capa en el mismo tono. El accesorio más destacado fue, sin lugar a dudas, su corona de zafiros.
● Imagen 4 – España como cuna del amor: En 2019, justo 20 años después de haberse conocido, Máxima y su esposo Guillermo acudieron a la Feria de Abril de Sevilla. No lo hicieron en solitario, sino con sus tres hijas. Lo curioso es que las cuatro mujeres de la familia portaron trajes de flamenca (vestimenta típica del evento) diseñados por la casa española Fabiola 1987. El gesto evidenció la enorme importancia simbólica que tiene la ciudad andaluza para toda la familia.
● Imagen 5 – Prendas disruptivas y guiños al diseño local: En el marco de la prestigiosa Semana de la Moda de Milán, en 2023, la Reina asistió a la exposición «This is Denmark» e impactó a todos con una particular gabardina/trench creada por el danés Claes Iversen. La rompedora pieza incorporaba grandes agujeros decorativos y aros metálicos dorados. El resto del outfit estuvo compuesto por un mono azul turquesa, unos zapatos en tono nude de Ferragamo y un clutch artesanal de color dorado de la marca turca Begüm Khan.
● Imagen 6 – Toque ejecutivo: Como asesora en finanzas del Secretario General de la ONU, António Guterres, Máxima viajó a Manila (Filipinas) en mayo de 2024. En una de sus reuniones, lució un conjunto de blusa con brocado floral blanco de corte peplum y falda estilo lápiz de color rosa empolvado (esta última estrenada en 2013). Como complementos, llevó zapatos de salón y bolso de mano en tonos blush, además de sumar una selección joyas elaboradas con perlas y diamantes (que incluyó pendientes largos, broche y anillo). Fue un look que, ciertamente, evocó su lado más corporativo, recordándole al mundo que, además de formar parte de la Corona neerlandesa, nunca ha dejado ser una prestigiosa economista.
● Imagen 7 – Moda sostenible y joyería con historia: En una visita de Estado a Chipre en 2025, se decantó por lucir un vestido de largo midi con bajo asimétrico que ya había estrenado dos años atrás. Al modelo —confeccionado en terciopelo azul y diseñado por el griego Christos Costarellos— le añadió accesorios y complementos a juego: un tocado de origen irlandés (estrenado en 2023), unos zapatos de tacón del italiano Gianvito Rossi (estrenados en 2017), un bolso de mano de su casa belga de confianza Natan (estrenado en 2018), y joyas de diamantes y zafiros.
● Imágenes 8 y 9 – Orgullo por su origen argentino: En numerosas ocasiones, y ya desde su época como princesa, Máxima ha lucido vestidos creados por su compatriota Benito Fernández, uno de sus diseñadores favoritos.
Apuntes finales
Pocas figuras de la realeza europea utilizan la moda con tanta conciencia política como lo hace Máxima de los Países Bajos. Lejos de ser una extravagancia personal, su estilo extrovertido, vibrante y audaz, funciona como herramienta diplomática, marca país y vehículo emocional del Estado neerlandés, todo sin perder conexión con sus raíces argentinas ni su individualismo: Mientras sus ya característicos llamativos sombreros/tocados reverencian la tradición monárquica europea, sus gemas/joyas artesanales le hacen un guiño a sus orígenes sudamericanos, y sus cinturones/bolsos estructurados dan muestra de su profesionalismo académico a nivel global.
La Reina domina el lenguaje estético con absoluta maestría: cada color, cada textura y cada gesto cuentan una historia sobre identidad, apertura e integración cultural que se complementa con su personalidad simpática. En la arena política internacional, donde la imagen es con frecuencia el primer mensaje, Máxima demuestra que la moda es, en realidad, una de las formas más sofisticadas de la diplomacia.
*Foto de portada: Retrato oficial de la reina Máxima, año 2020 | Créditos: RVD – Martijn Beekman – Royal House of Netherlands.
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