Hacia una Hungría proeuropea: El ascenso de Péter Magyar

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🇭🇺 | ¿Qué impactos tendrá la victoria electoral del TISZA (y el fin de la hegemonía de Viktor Orbán) en la política exterior húngara? ¿Cómo serán las relaciones con la Unión Europea, Rusia y la OTAN a partir de ahora?



Magyar: Irrupción y consagración de un nuevo líder

Triunfo del centrismo político

El pasado 12 de abril la ciudadanía húngara acudió a las urnas para elegir a los 199 miembros de la Asamblea Nacional, quienes, a su vez, serán los responsables de escoger al primer ministro del país para el período 2026-2030.

La mencionada jornada de sufragio trajo consigo la aplastante victoria de Tisza-Tisztelet és Szabadság (TISZA – Respeto y libertad), un partido político habitualmente calificado dentro de los espectros centro/centroderecha. Dicha agrupación nació en 2021 y comenzó siendo una alternativa minoritaria, pero ganó relevancia tres años más tarde, cuando Péter Magyar y su «Comunidad de húngaros de pie» —un movimiento no partidista que este encabezaba en aquel momento— se sumaron a sus filas. A partir de entonces, la popularidad de la organización política no ha dejado de crecer.

La razón del auge de TISZA es una combinación de tres factores relevantes:

1) Campaña electoral eficiente, mostrando cercanía con los ciudadanos y recorriendo el país de punta a punta.

2) Programa de gobierno con fuerte apuesta al diálogo y al consenso, algo altamente adaptado a las necesidades de los húngaros que ya comenzaban a mostrar hastío ante tanta polarización.

3) Desgaste del modelo de Viktor Orbán, quien comanda el partido político de «extrema derecha» Fidesz-Magyar Polgári Szövetség (Fidesz-Unión Cívica Húngara) y que, sin contar su primera gestión desde 1998 a 2002, venía ocupando el cargo de primer ministro desde 2010.

Diversos analistas coinciden en que la propuesta antiestablishment de TISZA —priorizando la transparencia, la rendición de cuentas y la reforma de las instituciones públicas, pero también adoptando una postura centrista o centroderechista que evita las ideologías extremas y se centra en la gestión y la unidad nacional— contrasta fuertemente con los postulados que Orbán y su radical Fidesz venían imponiendo desde hacía más de una década y media. Sin embargo, los puntos más fuertes del párt liderado por Magyan, y los que quizá justifiquen de forma más directa su triunfo en las elecciones parlamentarias de las pasadas semanas son, por un lado, su pragmatismo —al orientarse a resolver problemas concretos de los ciudadanos, tales como economía o servicios, dejando de lado debates ideológicos cerrados que poco aportan a dichas causas— y, por otro lado, su europeísmo moderado —al buscar una integración más constructiva con Europa—.

Auge de un insider

Para contextualizar a los lectores, es vital destacar que Magyar no viene de la oposición tradicional, sino del corazón mismo del sistema que hoy cuestiona. Sucede que, este abogado, nacido hace 45 años en Budapest, supo formar parte del partido de Orbán, Fidesz, hasta 2024, año en el que tuvo un punto de inflexión en su carrera política: un escándalo de indultos por abuso infantil que forzó la dimisión tanto de su exesposa y exministra de Justicia, Judit Varga, como de la expresidente húngara, Katalin Novák. A partir de este hecho, la figura de Magyan fue cobrando cada vez más y más notoriedad pública debido a su firme repudio a la actitud de ambas funcionarias gubernamentales, pasando por alto, incluso, la relación personal que mantenía con Varga.

Los tintes radicales y la sumatoria de delitos de corrupción que Magyar le atribuía al equipo de gobierno de Orbán lo llevaron a abandonar las filas de Fidesz e incorporarse a TISZA, un partido político de derecha moderada, de aspiraciones proeuropeas y tendiente al conservadurismo liberal. Su llegada inyectó una dosis de vitalidad a la organización, que pasó de ser una formación minoritaria a ser la fuerza opositora más potente del país, obteniendo casi un 30% de los votos en las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2024. Ya como eurodiputado, Magyar se ocupó de «internacionalizar» su crítica hacia la gestión de Orbán en Hungría y, poco a poco, fue ganando adeptos en su país.

Dos años más tarde y tras los comicios del 12 de abril, puede afirmarse que los esfuerzos de Péter han rendido frutos. Los resultados electorales no son más que la consagración de un líder que ha sido capaz de movilizar a los desencantados de Viktor, pero también a aquellos que no terminaban de sentirse representados por las opciones disponibles de izquierda política

El discurso directo de Magyar, así como las críticas pujantes a lo que el consideraba un «sistema mafioso» dirigido por Orbán, fueron lo llevaron a la cúspide. Claro que, en las próximas semanas, el flamante vencedor será puesto a prueba: deberá demostrar con hechos lo que, desde hace al menos dos años, viene manifestando con palabras.

Claves del proceso de investidura

● En el sistema húngaro, la nueva Asamblea Nacional es quien elige formalmente al jefe de gobierno. Sin embargo, las últimas elecciones han dejado un panorama claro: el partido político de Mayhar (TISZA) ha obtenido una mayoría de 138 escaños —superando ampliamente los dos tercios del Parlamento—. Por ende, su camino para convertirse en el próximo primer ministro está prácticamente allanado.

● Tras su victoria electoral y con el fin de asumir su cargo lo antes posible, Péter ya ha solicitado al presidente Tamás Sulyok convocar al Parlamento para su nombramiento. En ese sentido, la fecha estimada para su toma de posesión es el 5 de mayo.

● Su margen de maniobra será, naturalmente, amplio. Con tantos diputados a su favor, no solo liderará el cambio, sino que dispondrá de poder legal para cumplir su promesa electoral de reformar la Constitución de inmediato, y así cumplir su objetivo de revertir las leyes impuestas durante las legislaturas de Orbán.

Fin de la era Orbán

Descontento generalizado

Los comicios del pasado 12 de abril contaron con un nivel de participación de casi un 80%, una cifra récord desde la caída del comunismo en 1989. El hecho de que tantos ciudadanos hayan acudido a las urnas a votar no es casualidad. La movilización ha sido, más bien, un reflejo del hartazgo social ante el estancamiento económico y la corrupción que el país viene padeciendo.

Los resultados de estas elecciones, por otra parte, sirvieron como termómetro sociopolítico, y marcaron el fin de una etapa, ya que Orbán fue derrocado tras 16 años ininterrumpidos en el poder. Y es que, con los 138/199 escaños conseguidos por TISZA dentro del Parlamento húngaro, este último se ha asegurado una supermayoría arrolladora. Con más de dos tercios de la Cámara, la agrupación política liderada por Péter tendrá el poder de revertir, sin esfuerzos, las «iliberales» reformas constitucionales de Viktor.

En un gesto poco común tras años de control absoluto, Orbán admitió su derrota la misma noche electoral y calificó el resultado como «doloroso», aunque reconociendo que su adversario TISZA había logrado conectar con una mayoría que Fidesz, evidentemente, ya no estaba representando adecuadamente. De hecho, tras los comicios, su formación quedó reducida a unas 54-56 bancas parlamentarias, su nivel más bajo en casi dos décadas. La caída puede atribuirse a una mezcla entre elementos internos y cambios en la percepción pública, vinculados a:

1) Crisis económica: En los años recientes y en términos comparativos, Hungría ha enfrentado la inflación más alta de la Unión Europea. A razón de ello, el coste de vida se ha visto disparado y los servicios públicos se han deteriorado.

2) Agotamiento del modelo de «enemigo permanente»: La narrativa de Viktor, basada en el conflicto constante con Bruselas y las élites liberales, dejó de ser efectiva. Sus discursos polarizantes, su aislamiento dentro de la Unión Europea y su cercanía con Rusia, pasaron a ser un auténtico lastre que solo bloqueaba fondos comunitarios vitales.

3) Irrupción de Péter Magyar: Como conocedor del sistema desde dentro, este logró capitalizar el descontento social con un discurso de unidad, «renovación moral» y lucha contra la corrupción.

Grises de un gobierno «especial» y la capitalización de su principal opositor

Es importante tener en cuenta que el revés electoral de Orbán no implica que este haya pasado a ser un actor secundario, sino todo lo contrario. Su particular modelo de gestión ha dejado, para bien o para mal, huellas en el sistema político húngaro.

El líder todavía conserva un porcentaje de fieles simpatizantes que valoran, principalmente: 1) Su coraje al momento de defender causas vinculadas a la identidad nacional (sobreponiendo la autonomía del país frente a los «dictados» de Bruselas); 2) Su efectivo programa de seguridad pública y control de fronteras (posicionando a Hungría como uno de los países con menores índices de criminalidad dentro del continente europeo); y 3) Su promoción de valores tradicionales (manteniendo una agenda conservadora en lo que respecta a asuntos como migración irregular o la ideología de género).

No obstante, el apoyo a la gestión gubernamental de Orbán no ha sido homogéneo. Durante su legislatura, este también ha tenido que afrontar duras críticas por parte de sus detractores. Las acusaciones más frecuentes hacia su figura hacían referencia a: 1) Supuesta erosión democrática (que incluyó el desmantelamiento de la independencia judicial, la limitación de las libertades de prensa y la modificación del sistema electoral a favor del oficialismo); 2) Corrupción y «amiguismo» político (que implicó el enriquecimiento ilícito de empresarios afines); y 3) El aislamiento continental (considerando que el uso sistemático del veto para bloquear ayudas a Ucrania lo convirtió en una suerte de «paria» dentro de la Unión Europea y, eso, a su vez, perjudicó económicamente al país, pues llevó a que se congelaran los fondos de recuperación).

En medio de un contexto en el que la ciudadanía se encontraba dividida entre posiciones extremas y un Orbán que, con sus declaraciones y acciones, alimentaba la polarización, llegó Magyar. Este último, a diferencia de otros líderes opositores de Viktor, sí supo capitalizar el malestar civil. En este sentido, es preciso hacer referencia a la efectiva campaña electoral llevada adelante por Péter y su equipo asesor (tal como ya se adelantaba en el apartado «El triunfo del centrismo político» de este mismo artículo).

La estrategia de Magyar fue la de utilizar un lenguaje patriótico, pero moderno. Su mensaje central fue simple y demoledor: «Ni izquierda, ni derecha, solo húngaros». No conforme con eso, el líder también recorrió cada pueblo de su país, siendo capaz de conectar, incluso, con la Hungría rural que Orbán nunca había logrado «conquistar».

Diversos analistas coinciden en que, con Péter al poder, y debido a que este representa ideas conservadoras, nacionalistas y neoliberales similares a las de su predecesor, se espera una relativa continuidad en materia económica. En tal sentido, se estima que se preservará el modelo de incentivos fiscales y protección social conservador impulsado por Viktor. El «cambio», en realidad, estaría focalizado en la restauración del Estado de derecho y en recomponer los vínculos con Bruselas.

En relación con lo anterior, aunque Magyar se haya mostrado —y se muestre— como un firme defensor de la soberanía nacional, siempre busca destacar que lo hace bajo el marco de los valores democráticos de la Unión Europea. Esta postura de cohesión es, justamente, la que le ha permitido captar el «voto huérfano» —es decir, el de aquellos civiles que valoran la estabilidad y la identidad húngara, pero que ya se sentían asqueados por el modelo corrupto, iliberal y asilacionista al que Orbán estaba arrastrando al país—.

Posibles escenarios en política exterior

La conducción de la diplomacia húngara en manos de Orbán fue, posiblemente, uno de los puntos de mayor fricción regional durante su larga etapa como primer ministro. Y es que, en más de una oportunidad, la Unión Europea acusó a Viktor de actuar como un «caballo de Troya» del presidente ruso, Vladímir Putin, de quien se mostraba como gran aliado. Durante estos 16 años, el saliente premier se ha opuesto de forma continua a las sanciones del Grupo de los 27 contra el gigante euroasiático y ha bloqueado el apoyo militar-financiero a Ucrania, algo que lo ha llevado a confrontar con prácticamente todo el bloque comunitario.

Durante su mandato, en modo constante y a pesar de las desavenencias con el resto de los integrantes de la Unión Europea, Orbán ha mantenido como máxima el mantener la independencia en política exterior, argumentando que una nación pequeña como Hungría debía mantener relaciones pragmáticas con todas las potencias —algo que implica vincularse no solamente con Estados Unidos, sino también con China y con Rusia—. Según su criterio, el fin último tendría que ser, siempre, servir a su propio interés.

Siguiendo la doctrina recién mencionada, es de destacar la búsqueda de legitimación externa occidental por parte de Viktor —quien se apoyó en figuras como la del presidente estadounidense Donald Trump—, pero también su apertura hacia Oriente —a través de la construcción de vínculos económicos estrechos con China, permitiendo inversiones masivas que, por motivos de seguridad y competencia, sus socios europeos vieron con cierta dosis de recelo—.

Impacto en Europa

El venidero cambio de guardia en Budapest reconfigurará, sin lugar a dudas, el tablero geopolítico europeo. Con el arribo de Magyar, se espera que Hungría ponga fin al bloqueo sistemático a Bruselas, y comience a matizar posturas respecto a, por ejemplo, la guerra entre Rusia y Ucrania. Sucede que, si bien el vencedor de los comicios mantiene la cautela y muestra matices nacionalistas, se estima que su enfoque «pro-UE» beneficiará al continente, ya que (en teoría) este no se mostraría tan cercano a V. Putin en comparación con su antecesor.

Lo anterior, sumado al hecho de que Péter busca restaurar el Estado de derecho en su país, podría implicar que el eje de Visegrado —compuesto por Hungría, Polonia y República Checa— también se viera favorecido. La confianza mutua volvería a hacerse presente y, de ese modo, los tres volverían a alinearse en materia de seguridad y defensa, tal como alguna vez supieron hacerlo.

A fin de cuentas, con los resultados de las últimas elecciones húngaras, existen dos posibles escenarios para la política exterior del país. El primero de ellos es uno de integración, en el que Hungría recupere su estatus de socio fiable de la Unión Europea y vuelva a convirse en un motor regional junto a Polonia y República Checa. El segundo escenario, en tanto, es uno de transición compleja, en el que Magyar pudiera enfrentar dificultades al momento de desmantelar la burocracia de Orbán, retrasando las reformas y el flujo de fondos.

Conclusiones

El mensaje que los ciudadanos húngaros dejaron con su voto el pasado 12 de abril ha sido claro: prefieren la esperanza de una democracia transparente al aislamiento de un nacionalismo anacrónico.

Ante los eventos acontecidos, la pregunta central es si Magyar será o no capaz de desmantelar la estructura clientelar de Orbán o si, por el contrario, su modelo será tan solo una versión más «suave» del conservadurismo húngaro que viene imperando desde hace 16 años. En cualquier caso, es claro que su camino no estará libre de obstáculos, pues no le será sencillo desmantelar el aparato estatal de Viktor y su red clientelar, restauranndo la independencia de sus instituciones y, cómo no, recuperando la confianza de Bruselas.

Por lo pronto, si el flamante vencedor electoral realmente pretende mantener a la ciudadanía bajo su control, deberá, necesariamente, cumplir su promesa de campaña: la de devolver a Hungría al corazón de los valores democráticos europeos, pero, a su vez, cuidar de no perder su base electoral patriótica.

La victoria de Péter y su agrupación TIZSA no es solo un cambio de siglas en el gobierno, sino que es el cierre de un capítulo de 16 años que definió la resistencia al proyecto integrador de la Unión Europea. Para el Grupo de los 27, este giro en Budapest supone, ciertamente, un respiro estratégico, ya que una Hungría alineada con sus principios y valores fortalece el flanco oriental y permite que el bloque actúe con una sola voz frente a los desafíos que actualmente enfrenta, incluyendo, lógicamente, a Rusia, una de las mayores amenazas a su seguridad e integridad.

¿Podrá el modelo de derecha «proeuropea» propuesto por TISZA servir de ejemplo para otros países de la región que, al igual que Hungría, comienzan a presenciar cierto agotamiento en sus respectivos modelos de «ultraderecha»?

*Foto de portada: Ilustración de Péter Magyan con las banderas de Hungría y la Unión Europea de fondo | Imagen creada con inteligencia artificial (IA).


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Análisis Internacional - Por J. Rodríguez Frola


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