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🇧🇷 | Luiz Inácio Lula da Silva vs. Flávio Bolsonaro: ¿Cómo impactarán los resultados del próximo 25 de octubre en el tablero global?
El pasado 4 de octubre, Brasil celebró elecciones generales, pero, como ninguno de los candidatos que aspiraban a la presidencia obtuvo la mayoría necesaria para ganar en primera vuelta, se llevará a cabo un balotaje definitivo el próximo 25 de octubre. En esta oportunidad, los ciudadanos deberán optar entre el actual presidente progresista Luiz Inácio Lula da Silva —que obtuvo alrededor del 45% de los votos— y el senador derechista Flávio Bolsonaro —que reunió cerca del 47% de las papeletas a su favor—.
El primero integra el Partido de los Trabajadores (PT) y busca alcanzar su cuarto mandato presidencial —considerando que fue el encargado de llevar las riendas políticas del país por dos mandatos consecutivos, de 2003 a 2011, y que 12 años después consiguió regresar al poder asumiendo por tercera vez el cargo que ostenta hasta la actualidad—. El segundo forma parte del Partido Liberal (PL) e intenta «recuperar» el modelo de gobierno de su padre, Jair Bolsonaro —quien se desempeñó como jefe de Estado entre 2019 y 2023—.
Al momento de analizar los resultados de los comicios ya efectuados, es posible extraer algunos datos significativos: 1) Si bien Bolsonaro superó a Lula da Silva por aproximadamente dos millones de votos en primera vuelta, la cifra debe ser relativizada al tamaño del electorado —ya que en la populosa nación sudamericana había, ni más ni menos, 158 millones de personas habilitadas para votar—; 2) El mapa del escrutinio electoral mostró algunas diferencias claves, ya que mientras que Bolsonaro ganó en los estados del Sur, Lula cosechó más simpatías en aquellos del Norte; 3) La abstención alcanzó más del 20% y eso, ciertamente, podría condicionar el juego en la segunda vuelta; y 4) Al margen de lo que pueda llegar a ocurrir en el balotaje, la victoria de Bolsonaro en el Senado ya es inapelable, puesto que consiguió 22 escaños más que en las elecciones de 2022 y llegó a los 121 diputados sobre un total de 513 —convirtiendo a su bancada en la más vasta de un solo partido desde la Constitución de 1988—.
Respecto al triunfo bolsonarista, hay analistas que, buscando explicarlo, se apoyan en la teoría del voto útil o estratégico —que es aquel en el que los ciudadanos dejan de lado sus verdaderas opciones políticas preferidas para elegir candidatos en función del eventual resultado de las elecciones y, de ese modo, apoyan aquellas alternativas que estiman tendrían mayores posibilidades reales de ganar u obtener representación—. Los simpatizantes y militantes heredados de la época de su padre, Jair —cuyo apoyo se ha mantenido prácticamente intacto desde entonces—, son, por su parte, otro elemento que justifica la victoria de Flávio. Por último, los expertos también señalan que la campaña electoral tuvo lugar en un contexto un tanto incómodo para Lula da Silva y que Bolsonaro supo aprovechar esa coyuntura, ya que su propaganda política estuvo basada en dar una respuesta de mano dura a las principales preocupaciones civiles —que son la violencia, la corrupción y la economía—.
Es claro que Flávio irá con cierta ventaja al balotaje. Empero, no tiene los comicios resueltos. De hecho, diversas consultoras demoscópicas proyectan un posible empate técnico. Y es que no resulta en lo absoluto sencillo vaticinar cuál será el vencedor de esta reñida contienda, ya que el electorado se encuentra sumamente dividido. Al igual que en tantos países del globo, Brasil padece altos niveles de fragmentación política y social —una problemática ya desarrollada en el artículo «Conmigo o contra mí: El fenómeno mundial de la polarización» de ESCANEO POLÍTICO— y esta segunda vuelta electoral lo confirma. Que los dos aspirantes al Palácio da Alvorada mantengan ideologías diametralmente opuestas entre sí no es casualidad: ambos representan intereses y sectores poblacionales distintos que, desafortunadamente, muestran cada vez menos predisposición para dialogar frente a frente y consensuar.
En definitiva, habrá que esperar para conocer cómo se comporta la suma de nuevos votos. En ese sentido, tanto la decisión que tomen aquellos que en primera vuelta votaron a los candidatos menores —que en su mayoría ofrecían propuestas de centroderecha— como la que tomen quienes no asistieron a las urnas a principios de octubre —que fueron, ni más ni menos, una quinta parte del electorado— serán trascendentes. Aunque siempre pueden haber sorpresas de último momento, se espera que quienes conforman el primer grupo rechacen masivamente la permanencia de Lula da Silva en el sillón presidencial, ergo, elijan a Bolsonaro. El segundo grupo, en cambio, es el que genera mayores incógnitas para el análisis político y, paradójicamente, también es el que tendrá la palabra final.
Independientemente de quien resulte el ganador de esta siguiente ronda electoral, hay que tener en cuenta que las cifras finales no solo reconfigurarán el mapa político interno brasileño, sino que, además, definirán la forma en la que la mayor economía de América Latina se insertará en el mundo desde 2027 a 2031. A continuación —y sin ingresar en el terreno del gobierno doméstico—, un análisis de las eventuales consecuencias que cada uno de los enfoques en disputa podría tener en materia de política exterior.
Dos candidatos y dos modelos de inserción internacional
Lula da Silva: Pragmatismo multipolar y «autonomía por la diversificación»
Hay dos elementos que han definido las tres legislaturas —y en particular, la actual— de Luiz Inácio: el institucionalismo liberal y el «tercermundismo diplomático». Es altamente esperable que el líder continúe apostando por un modelo de relaciones internacionales basado en el multilateralismo, el fortalecimiento de los foros del Sur Global y una postura de no alineamiento activo en disputas hegemónicas —como la de China y Estados Unidos—. Dicho de otro modo, intentará mantener su estatus de mediador global y, al mismo tiempo, reforzar su imagen de «caudillo regional». Adicionalmente, su meta será ampliar —cuantitativa y cualitativamente— el abanico de socios globales para Brasil.
F. Bolsonaro: Alineamiento ideológico de nicho y «nacionalismo soberanista»
Todo parece indicar que, en materia internacional, Flávio seguirá la línea de realismo soberanista y la diplomacia de identidades conservadoras que supo mantener su padre. Partidario del libre mercado y con una agenda fuertemente enfocada en la lucha contra el crimen organizado, es bastante razonable que se decante por establecer acuerdos de comercio y de cooperación en seguridad transnacional con aquellos líderes con los que comparte mayor grado de afinidad ideológica —como el estadounidense Donald Trump o el argentino Javier Milei—. Básicamente, dejaría de lado el multilateralismo y daría prioridad a las relaciones bilaterales directas, en pro de conseguir resultados más eficientes y sin tanta carga burocrática.
Fortalezas y debilidades
Ambos aspirantes cuentan con ciertas virtudes en el plano de las relaciones internacionales. Luiz Inácio, por ejemplo, emplea el liderazgo climático como soft power, y eso es una clara ventaja en un mundo donde la sostenibilidad está cobrando cada vez más relevancia. Otro de los puntos que el líder tiene a su favor es la capacidad para intermediar en asuntos/problemas regionales, promoviendo la integración y la paz, así como también robusteciendo bloques vecinales —como el Mercosur, la CELAC o la OEA— para así blindar al continente ante las tensiones geopolíticas externas. En esta misma línea, también es preciso hacer referencia a su rol de interlocutor clave en el Sur Global —dentro de grupos como los BRICS+— con el fin de impulsar a actores y economías emergentes.
Flávio, en tanto, promueve una aproximación estratégica prioritaria con países con quienes comparte sintonía ideológica —como Argentina, EE.UU. e Israel—, algo que fácilmente podría atraer inversiones tecnológicas y militares directas en Brasil. El actualmente senador apunta, además, a acelerar los procesos para que Brasil pueda ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y eso obligaría al país a converger sus normas con los estándares de gobernanza y transparencia internacionales más exigentes.
Pese a lo anterior, no es posible obviar que los competidores también tienen algunas flaquezas que deberían ser puestas en consideración. Un paradigma perfecto de esto puede ser la postura de autonomía y neutralidad que Lula da Silva mantiene frente a conflictos internacionales —como la guerra entre Rusia y Ucrania o los conflictos en Oriente Medio—, ya que esta genera —y podría seguir generando— desconfianza en Washington y Bruselas. Por otra parte, en caso de que este renueve mandato, las sanciones y los aranceles comerciales que Estados Unidos viene imponiendo sobre Brasil podrían sostenerse —o incluso, agudizarse—, algo que ciertamente afectaría la balanza comercial de su país.
Si analiza la figura de Bolsonaro, cabe afirmar que uno de sus flancos vulnerables es que, gracias a su estrecha cercanía con figuras de la derecha estadounidense, podría correr el riesgo de subordinar su nación a los deseos e intereses de la potencia norteamericana —perdiendo la soberanía que tanto defiende—. Asimismo, las tradicionales posturas que el bolsonarismo —primero con Jair y ahora con Flávio— ha venido sosteniendo respecto al cuidado medioambiental podrían amenazar los acuerdos comerciales que desde hace más de 25 años negocian el Mercosur y la UE.
El tablero global ante cada escenario posible
La victoria electoral de uno u otro candidato tendría, ciertamente, efectos dispares en los principales agentes que conforman el sistema internacional. Y es que, como se mencionaba al inicio de este artículo, los comicios del próximo 25 de octubre definirán no solo el rumbo doméstico de Brasil, sino también su enfoque al momento de vincularse con el mundo. Dada la relevancia geográfica y económica del país sudamericano, resulta clave considerar qué implicaría la continuidad del lulismo y qué implicaría el retorno del bolsonarismo —esta vez con una renovación generacional—.
Mercado Común del Sur (Mercosur)
Para el bloque económico nacido en 1991 —que actualmente está integrado por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay—, el balotaje que en pocos días celebrará quien fue uno de sus socios fundadores es crucial. Mientras que un triunfo de Lula da Silva representaría revitalización institucional —puesto que traería consigo mayor integración económica y oportunidades de flexibilización, a la par que podría significar recuperar/revitalizar proyectos de infraestructura regional común—, uno de Bolsonaro podría ponerlo en jaque —debido a la poca prioridad que el aspirante a la presidencia le da a los acuerdos multilaterales, pero, sobre todo, a las intenciones que este ya ha manifestado públicamente acerca de retirar la membresía de su país—.
América Latina y el Caribe: CELAC, OEA y crisis democráticas continentales (Cuba, Nicaragua, Venezuela…)
La permanencia de Lula da Silva en el Palacio de la Alvorada garantizaría la continuidad de la cooperación vecinal a través de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y los intentos por reforzar el liderazgo progresista al que el líder ya viene apuntando desde hace ya un tiempo a esta parte. La llegada de Bolsonaro, en cambio, traería un giro conservador y consolidaría un eje regional de derechas —esto considerando que, en los últimos años, dicho espectro político viene conquistando terreno a pasos agigantados— que podría, incluso, llegar a alterar los balances de votación en organismos como la Organización de los Estados Americanos (OEA).
En lo que respecta a crisis democráticas como las que hoy padecen algunos países de América Latina como Cuba, Nicaragua o Venezuela, es natural esperar respuestas totalmente disímiles por parte de los dos candidatos a la presidencia de Brasil. Aprovechando su afinidad ideológica, Luiz Inácio apostaría por la diplomacia de la mediación que mantiene en el presente —promoviendo el constructivismo y la búsqueda de soluciones pacíficas, aunque sin pretender intervenir directamente—. En la acera contraria se ubicaría Flávio, quien, al igual que su amigo ideológico Trump, no dudaría en aplicar la herramienta del aislamiento diplomático —mostrando una postura de confrontación abierta y denunciando públicamente a las instituciones involucradas—.
Estados Unidos (EE.UU.)
Si se analizan las vinculaciones recientes entre Brasil y EE.UU. bajo la administración de Trump, es lógico asumir que una victoria de Lula da Silva no modificaría la tensión diplomática que actualmente existe entre ambos mandatarios. Las desconfianzas mutuas, las disputas por aranceles y las acusaciones por interferencia en asuntos internos proseguirían. En sentido contrario, una eventual llegada de Flávio Bolsonaro al sillón presidencial sería sinónimo de alianza ideológica preferente, en la que la cooperación en defensa, seguridad e, incluso, minerales raros, sería absolutamente fluida.
Unión Europea (UE)
En caso de que Lula da Silva renovara su mandato presidencial, el Grupo de los 27 respiraría aliviado en materia ambiental, ya que ambas agendas de cambio climático se mantendrían sincronizadas como hasta ahora —eso sí: aún persistirían algunas tensiones agrícolas respecto al demorado tratado de libre comercio entre la UE y el Mercosur—. Si, en cambio, Flávio Bolsonaro es quien resultara electo presidente, se constatarían ciertas fricciones por las políticas ecológicas que este aplicaría en la región del Amazonas —aunque podrían encontrar puntos en común en lo que respecta al interés por abrir mercados todavía desregulados—.
Rusia y BRICS+
En caso de que Luiz Inácio permanezca en el poder, el bloque conformado por Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán y Emiratos Árabes Unidos se vería claramente afianzado. El líder de izquierda continuaría promoviendo la expansión del ente y trabajaría por el cumplimiento de sus principales objetivos —entre los que destaca el de la desdolarización del comercio internacional—. Si Flávio se hiciera con la victoria el próximo 25 de octubre, puede que Brasil mantenga su presencia en el bloque por razones puramente económicas, pero lo cierto es que el perfil político «antioccidental» de la agrupación —que en realidad lidera Rusia— se reduciría notablemente.
China
Es presumible que la pragmática nación asiática, siempre fiel a su lema de no injerencia en asuntos internos de terceros, continuará vinculándose con Brasil sin mayores inconvenientes. Pese a ello, es innegable que los resultados electorales sí modificarían el modo de relacionarse con él. Con Lula da Silva como presidente, el gigante asiático se consolidaría como principal socio comercial del sudamericano y la asociación estratégica que ambos conservan se vería profundizada. Tanto es así que, en ese caso, la cooperación financiera y de infraestructura —en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta— aumentaría. Si el ganador de los comicios fuera Bolsonaro, la relación mercantil entre ambos países se enfriaría, mas no se destruiría —esto debido a que China es un aliado indispensable para el sector agro brasileño—.
África y Sur Global
Es plausible que Lula da Silva insista en la diplomacia «Sur-Sur», robusteciendo, por tanto, la agenda de cooperación técnica, cultural y comercial que su país tiene con el continente africano. Con Bolsonaro, muy posiblemente, ocurra exactamente lo contrario. África dejaría de ser una prioridad para él porque sencillamente apuntaría a vincularse con mercados más desarrollados —como los de Europa y los de potencias asiáticas no comunistas—.
Medio Oriente
La región MENA —hoy en día marcada por una profunda reconfiguración de alianzas y tensiones de seguridad— aguarda los resultados de un balotaje que representa una encrucijada entre neutralidad mediadora y alineamiento geopolítico explícito. Ante una reconquista de Lula da Silva, anticipa la aplicación de una política exterior de neutralidad y equilibrios —donde se sostenga, verbigracia, la postura de la solución de los Estados ante el enfrentamiento entre Israel y Palestina—, sin dejar de lado los esfuerzos por profundizar lazos comerciales en la zona —principalmente con países del Golfo—. Sin embargo, una eventual asunción presidencial de Bolsonaro implicaría un giro drástico hacia el alineamiento ideológico y estratégico con Estados Unidos y el bloque occidental. Por ende, se espera que el líder busque establecer una alianza estrecha con Israel —que podría llegar, incluso, a implicar el traslado de su embajada desde Tel Aviv a Jerusalén—. Si ese fuera el caso, la cooperación mutua en materia de inteligencia, defensa y tecnología estaría asegurada.
ONU
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) es otro de los organismos internacionales sobre los que el modelo que resulte vencedor tendría, para bien o para mal, un impacto significativo. Si el encargado de gobernar Brasil de 2027 a 2031 fuera Lula da Silva, el multilateralismo no correría peligro alguno, puesto que el actual presidente es uno de sus mayores defensores. No obstante, si los brasileños decidieran que sea Bolsonaro quien lleve las riendas de su país, lo cierto es que las cosas cambiarían. El líder, fiel a su escepticismo institucional, no solo se mantiene crítico hacia la burocracia global, sino que, además, antepone la soberanía nacional a los mandatos externos, por lo que su participación en el ente no estaría libre de tensiones ni polémicas.
Reflexiones
El sistema internacional de hoy se encuentra en transición hacia un orden multipolar fragmentado y los bloques de poder están en constante reconfiguración. Dentro de este particular contexto, Brasil no es —en lo absoluto— un actor pasivo, sino más bien todo lo contrario: sus posturas respecto al cambio climático, la seguridad alimentaria, el comercio de commodities y los foros de gobernanza global —tales como los BRICS o el G20— impactan directamente en la agenda mundial.
Por lo anterior, la decisión de los votantes brasileños a finales de octubre trascenderá las fronteras domésticas. Y es que, además, los dos candidatos que se disputan la presidencia del gigante sudamericano tienen dos visiones de mundo radicalmente opuestas entre sí. Lula da Silva encarna el multilateralismo activo, la diplomacia universalista y el autonomismo por diversificación. Bolsonaro representa el alineamiento de nicho conservador, el soberanismo nacionalista y la apertura de mercados a través de la negociación bilateral.
A fin de cuentas, la ciudadanía deberá optar entre el «puente multipolar» de Luiz Inácio —donde Brasil actúa como un articulador de consensos entre el Norte y el Sur Global, fortalece el peso político de bloques alternativos como los BRICS+ y promueve un orden internacional basado en instituciones multilaterales más democráticas y representativas— y el «pilar soberanista» de Flávio —que, en lugar de diluir el poder en estructuras multilaterales que pudieran llegar a restringir las libertades del país, opta por la autonomía fundamentada en la soberanía estatal dura y las alianzas estratégicas selectivas con democracias conservadoras—.
*Foto de portada: Luiz Inácio Lula da Silva vs. Flávio Bolsonaro | Imagen creada con inteligencia artificial (IA).
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