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Elegancia austera, feminismo y reivindicación del arte textil indígena: Las claves políticas del estilo de la mandataria mexicana.
Nacida en 1962 en Ciudad de México (CDMX), Claudia Sheinbaum Pardo es la actual presidente de los Estados Unidos Mexicanos, siendo la primera mujer en la historia de su país en haber conseguido alcanzar dicho cargo.
El hecho de arrastrar consigo una vasta trayectoria profesional como científica y académica —gracias a su formación de alto nivel en el área de la física y la ingeniería— nunca fue un motivo que le impidiera militar políticamente. De hecho, ya desde su época universitaria —en la década de 1980—, supo formar parte de movimientos estudiantiles que, con los años, evolucionaron a participación político partidaria directa.
Sus capacidades técnicas y sus dotes para el liderazgo la llevaron a ocupar diversos puestos en la administración pública, casi siempre de la mano de su gran mentor, Andrés Manuel López Obrador —popularmente conocido como «AMLO». Fue, por ejemplo, Secretaria de Medio Ambiente del Distrito Federal, Secretaria del Patrimonio Nacional y, de 2018 a 2023, Jefa de gobierno de CDMX —siendo la primera mujer en ostentar dicho título—.
En 2024 se presentó como candidata a presidente en las elecciones federales mexicanas y logró hacerse con una aplastante victoria. Fue así que el 1 de octubre de aquel año accedió al sillón presidencial, sucediendo a su correligionario, AMLO. A partir de ese momento, Claudia pasó a representar la continuidad del modelo de su antecesor, aunque incorporando su propia impronta.
A nivel de política doméstica, su labor ejecutiva está fuertemente enfocada en el bienestar social, la promoción de la igualdad —incluida la de género— y la consolidación de derechos. Al mismo tiempo, Claudia también apuesta por la austeridad republicana, la disciplina fiscal, el fortalecimiento del mercado interno —en pro de sustituir las importaciones provenientes de Asia— y el impulso a los proyectos de infraestructuras. La soberanía energética y el medio ambiente son otros dos grandes pilares en su agenda y, en tal sentido, la líder fomenta el uso de energías renovables e impulsa un Plan Nacional Hídrico.
En lo que respecta a relaciones internacionales, el gabinete de Sheinbaum se mantiene dentro de los principios que históricamente han caracterizado a México —que son el apego estricto a la autoderminación de los pueblos, la no intervención y la solución pacífica de conflictos—, buscando siempre llevar adelante una diplomacia activa basada en la solidaridad regional y global. Eso sí: en vínculos que puedan resultar algo más tensos —como los que su país mantiene actualmente con su vecino, Estados Unidos— la mandataria es partidaria de la responsabilidad compartida, la confianza mutua, y, sobretodo, de la cooperación sin subordinación.
Más allá de lo anterior, es preciso recordar que el objetivo de este artículo no es el de analizar —ni mucho menos emitir juicios de valor— acerca de sus líneas de gobierno, sino el de explorar qué hay detrás de la imagen personal de Claudia, intentando descifrar los mensajes no verbales que esta emite a través de sus atuendos. Sin embargo, estos párrafos introductorios pueden ser de utilidad al momento de evaluar el alto grado de coherencia que guardan su estilo personal y sus discursos hablados/escritos.
El estilo de Sheinbaum bajo la lupa
«Desapego» estratégico al lujo
Una de las frases más recordas de Sheibaum respecto a la moda sigue siendo su categórico «no me gustan las marcas». En tal sentido, existen personas que interpretan esa expresión como una prueba irrefutable de que la líder mexicana entiende lo fashion como un universo meramente superficial, inútil e, incluso, poco relevante para el cargo político que hoy ocupa. Hay quienes, en cambio, consideran que esta declaración no es más que una táctica para «venderse» al pueblo como una figura cercana y humilde.
Lo cierto es que, tal cual se detallaba en el artículo «El poder político de la moda» de ESCANEO POLÍTICO, la moda siempre —pero siempre— comunica: bien por acción, bien por omisión. Aún partiendo de la tesis de que Sheinbaum pudiera «restar importancia» —o directamente «despreciar»— todo aquello vinculado a la indumentaria y a la imagen personal, sigue dando un mensaje claro. No en vano el periódico estadounidense New York Times la incorporó a su lista «Las 67 personas con más estilo de 2025», siendo la única mujer política del seleccionado grupo.
Coherente con su discurso, la mexicana elige adquirir sus piezas de vestuario mayoritariamente en tiendas low cost y, de ser posible, de fabricación y/o diseño local. En tal sentido, el diseñador Ángel Mussi es uno de sus grandes colaboradores.
Naturalidad como uniforme
En la actualidad, Claudia mantiene la esencia que ya mostraba durante su etapa como la jefa de gobierno de la Ciudad de México. Y es que, desde entonces, su estilo base se compone de líneas rectas y cortes limpios, en los que predominan los trajes de blazar y pantalón.
Sus prendas nunca suelen ser demasiado entalladas, pero tampoco demasiado holgadas. Por lo general, evita las telas brillantes y pretensiosas, prefiriendo los tejidos naturales y las texturas discretas. Con esta simplicidad deja claro que ella, en realidad, es una científica —devenida en política— y no una celebridad. Prioriza, por tanto, la eficiencia sobre la espectacularidad. La practicidad es su faro.
Colores con sentido
La mandataria suele llevar colores asociadas a lo institucional —como el azul o las tonalidades tierra—, pero los alterna con otros más llamativos y, sobre todo, más simbólicos.
En esa línea, la modista Olivia Trujillo Cortés —quien dirige un taller de confección artesanal en su propia casa, en México, y ha vestido a Claudia en numerosas ocasiones— ha revelado que los tonos favoritos de la presidente son los que se ubican en el espectro de los guindas y morados. La elección no es casual. Primero, porque el color púrpura suele asociarse al poder y a la autoridad, así como también a la espiritualidad. Segundo, porque se ha convertido en un símbolo inequívoco la resistencia feminista —una causa que Sheinbaum defiende con fuerza—. Tercero, y no por eso menos importante, porque es el que representa a su partido político, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
Artesanía sostenible
A menudo se decanta por prendas con bordados hechos a mano, en pro de reivindicar el trabajo de mujeres tejedoras de su país, tal como ya hacía en los inicios de su carrera administrativa. La única diferencia es que antes el uso de prendas tradicionales como el huipil eran solo gestos ocasionales y, ahora, en cambio, son la columna vertebral de su discurso visual.
Su propósito de reconocer y valorar el arte textil nacional es tal que, en agosto de 2025, tanto ella como la Secretaría de Cultura de su gobierno llegaron a acusar a la multinacional alemana Adidas y al diseñador estadounidense Willy Chavarria de plagio y apropiación cultural. El problema fue que la marca deportiva y el creativo de modas se unieron para lanzar al mercado un modelo de calzado —al que denominaron «Oaxaca Slip-on»— que estaba inspirado en los huaraches tradicionales de la comunidad zapoteca de Villa Hidalgo Yalálag, pero no solicitaron autorización previa a sus verdaderos inventores. La presión institucional y mediática hizo que Adidas y Chavarria emitieran disculpas públicas, retiraran el material promocional, suspendieran la comercialización del producto y además, sirvió para que se iniciaran canales de diálogo con las autoridades locales con el fin de encontrar una forma de restitución y reparación.
Conscientes de su cariño por lo tradicional, sus simpatizantes suelen efectuarle obsequios durante sus apariciones públicas. Lo curioso es que —tal como se exponía en este artículo algunos párrafos más arriba—, ella misma ha asegurado que, con frecuencia, manda a confeccionar nuevas prendas a partir de retazos de tela que recibe y, dicha práctica, ciertamente, da cuenta de sus deseos de contribuir a la sostenibilidad planetaria y la economía circular —dos cuestiones que en los últimos tiempos son cada vez más tenidas en cuenta a nivel global—.
Calzado «todo terreno»
En línea con su discurso de «gobierno de territorio», Sheinbaum suele recorrer su país de punta a punta, ergo, requiere de calzado e indumentaria que sigan su ajetreado ritmo de trabajo. Eso la lleva a alternar entre zapatos de tacón bajo para acudir a eventos formales y botines de estructura sólida para sus desplazamientos dentro de zonas urbanas y rurales. La comodidad y adecuación a los contextos son su premisa.
Coleta baja como sello distintivo
Claudia nunca luce peinados demasiado sofisticados —ni en su día a día, ni en eventos especiales—. No necesita sentarse durante horas en una peluquería porque todo lo resuelve con una sencilla coleta baja, un gesto que ya la identifica y la vuelve un ícono de inspiración para otras mujeres —y el hecho de que durante su campaña electoral de 2024 las militantes más jóvenes acudieran a sus mítines políticos peinadas del mismo modo es prueba de ello—.
«Clean look»
Claudia no aplica la simpleza solamente en su cabello, sino también en su maquillaje. En tal sentido, el estilo limpio es su marca registrada. Y la elección va mucho más allá de su merca comodidad. En realidad, funciona como una declaración silenciosa de control, transparencia y dinamismo ejecutivo, ya que al despejar el rostro proyecta una imagen de franqueza y enfoque técnico que, además, elimina cualquier posible distracción visual.
📷 | Galería deslizante de imágenes
Imagen 1: Claudia recibe la felicitación de su antecesor presidencial, José Manuel López Obrador, tras haber jurado su cargo bajo la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos el 1 de octubre de 2024. Para la histórica jornada, optó por un vestido elaborado por la maestra artesana oaxaqueña Claudia Vásquez Aquino. Se trató de una pieza de color claro, con escote de cuello redondo y mangas largas. El detalle más destacado fueron, sin duda, sus más de cien flores bordadas a mano en la parte de la falda y los puños.
Imagen 2: En noviembre de 2024, durante la Cumbre de Líderes del G-20 llevada a cabo en Río de Janeiro, Brasil, Sheinbaum posaba junto al presidente colombiano Gustavo Petro, el brasileño anfitrión Luiz Inácio Lula da Silva —quien ejerció como anfitrión del encuentro— y el chileno Gabriel Boric. Para la ocasión, se decantó por un traje de sastre de color morado compuesto por chaqueta y falda.
Imagen 3: También en noviembre de 2024, en plena «luna de miel presidencial», Claudia hacía uso de sus redes sociales para compartir una cálida escena familiar junto a su pequeño nieto, quien fue a visitarla su flamante residencia oficial. La instantánea muestra a la mandataria luciendo un outfit informal —que incluía zapatillas de deporte y abrigo de textura capitoneada—.
Imágenes 4 y 5: Durante la Cumbre del G-7 celebrada en Canadá en junio de 2025, la presidente mexicana acudió para representar a su país y aprovechó para mantener reuniones bilaterales con autoridades extranjeras —como el primer ministro de India, Narendra Modi, la presidente de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa—. El color elegido para su atuendo volvió a ser el morado, aunque, en esta oportunidad, las flores bordadas de su chaqueta fueron las auténticas protagonistas.
Imagen 6: En noviembre de 2025 recibía al presidente francés Emmanuel Macron en el Palacio Nacional de México. La anfitriona lució un conjunto compuesto por chaqueta burdeos y vestido de largo midi de la misma tonalidad, aunque con un delicado bordado en hilos dorados. Complemento el look con joyas discretas.
Imagen 7: Durante un encuentro con la reconocida actriz mexicana Salma Hayek, en noviembre de 2025, Claudia volvía a emplear el color morado y sus ya características bordaduras. La instantánea fue compartida en sus redes sociales con el pie de foto «Mujeres mexicanas», poniendo de manifiesto, así, su ideología femininista y su orgullo nacionalista.
Imagen 8: Con motivo de poner a punto los detalles para el Mundial FIFA 2026 —coorganizado por Canadá, Estados Unidos y México— Sheinbaum viajó a Washington D.C. en diciembre de 2025. Para la foto oficial del evento posó junto al presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro canadiense, Mark Carney, consiguiendo resaltar gracias al morado de su vestido —ya que los hombres que la rodeaban vestían, como es habitual en este tipo de contextos, trajes de colores oscuros—. En su outfit tampoco faltaron las flores bordadas, con las que, sin necesidad de emitir palabra, presumió del arte femenino y nativo de su país.
Imagen 9: Ya este año, durante el mes de abril, se trasladó a la ciudad española de Barcelona con el fin de participar en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia —que es una iniciativa conformada por líderes globales de izquierda/centroizquierda que tiene como propósito explícito articular un bloque internacional de corte progresista y socialdemócrata en pro de hacer frente al avance de movimientos que ellos consideran reaccionarios o de ultraderecha—. Para la cita —en la que se encontró con colegas como el uruguayo Yamandú Orsi, el colombiano Gustavo Petro o el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva— eligió ponerse falda azul y chaqueta del mismo color, esta última embellecida con grandes botones y detalles en punto. Completó su atuendo con zapatos de tacón cómodo de color nude.
Imagen 10: En junio de 2026 y tras limar asperezas luego de haber tenido algunos desencuentros respecto a lo ocurrido a la época de la colonización, Claudia recibió la visita del Rey Felipe IV de España. Reunidos en el Palacio Nacional de México, conversaron cordialmente acerca de la importancia de los pueblos originarios a lo largo de la historia y ratificaron los vínculos bilaterales entre sus respectivos países. Para anfitrionar al monarca optó por un outfit de color azul con bordado con motivos florales y un peinado pulido.
Imagen 11: A punto de cumplir dos años de mandato, Claudia presentó su segundo informe de gobierno el 1 de septiembre de 2026 destacando los resultados de su equipo en materia de seguridad, sanidad y educación pública. Lo hizo vistiendo un traje morado, en clara alusión a la agrupación política de la que forma parte.
Imagen 12: El pasado 16 de septiembre asistió al desfile militar conmemorativo de los 216 años del inicio de la independencia de México con un llamativo traje rojo —y sus infaltables recamados—, con el que destacó sin esfuerzo entre los uniformes verdes de los oficiales.
Apuntes finales
La imagen es una poderosa herramienta de comunicación no verbal y, como tal, en política, ocupa un rol cada vez más trascendental. Claudia Sheinbaum ha sabido entenderlo rápidamente —incluso muchos antes de ocupar el espacio de mayor jerarquía estatal de México que hoy ocupa— y, a través de ella, ha sido capaz de modificar las reglas del juego.
Al renunciar conscientemente a los códigos tradicionales del «glamour» y adoptar símbolos austeros formaliza una ruptura definitiva con los canones de la indumentaria clásica presidencial en los que las firmas de lujo transnacionales son sinónimos de estatus y, con ese gesto, envía un claro mensaje al mundo: Hoy por hoy, una presidente —y cualquier mujer en general—, ya no necesita encajar en moldes predefinidos ni por el patriarcado ni por el corporativismo para ejercer la autoridad.
Al mismo tiempo, con el uso de prendas y accesorios con fuerte carga identitaria, Sheinbaum defiende los códigos del territorio del que proviene y de su gente, demostrando que vestirse puede ser un acto de resistencia cultural. A fin de cuentas, sus confecciones artesanales y sus bordados indígenas son su arma de negociación interna y externa. Mientras que a nivel doméstico le posicionan como una autoridad empática con la realidad de su pueblo y cercana a sus valores, fuera de fronteras le ayudan a promover sutilmente la marca país de México y defender su soberanía.
Independientemente del grado de afinidad ideológica que el lector pueda mantener o no con la figura de la presidente mexicana y sus decisiones políticas, lo cierto es que su coherencia estética es irrefutable, puesto que su imagen siempre ha complementado sus discursos y, en ocasiones, hasta las ha reemplazado. Como si todo eso fuera poco, su propuesta visual resuelve con éxitos una de las paradojas más complejas de la comunicación política contemporánea, que es la de cómo proyectar la infabilidad de la racionalidad científica de su profesión sin distanciarse del sentir popular. Lo hace conjugando la validación de sus capacidades técnicas y de su eficiencia como gestora estatal —a través de su coleta alta y sus prendas de silueta recta—, pero, a su vez, «humanizándose» y contectándose con la historia viva de México —por medio del arte textil aborigen—.
Puro soft power a fuerza de hilo y agujas…
*Foto de portada: Fotografía oficial de Claudia Sheinbaum en el Palacio Nacional de México, publicada el 13 de octubre de 2024, algunos días despúes de haber asumido su cargo como presidente del país | Créditos: Instagram @claudia_shein
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