Desafíos internacionales 2025-2030 para Uruguay

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🇺🇾 | De cara a sus elecciones generales 2024, ¿cuáles los principales retos que el país sudamericano deberá afrontar en política exterior?



Introducción

En la anterior entrada de ESCANEO POLÍTICO, titulada «Elecciones Uruguay 2024: ¿Cuánto importa la política exterior para los candidatos presidenciales?», se hacía referencia a los comicios generales que tendrán lugar en Uruguay el 27 de octubre, y a un eventual balotaje el 24 de noviembre en caso de no alcanzar la mayoría absoluta de 50% +1 de los votos. También se exponían —de forma comparativa— las propuestas que presentaban en sus programas de gobierno cada una de las 11 fórmulas disputantes a la presidencia en lo referido a política externa. Se concluía que el asunto no resultaba del todo relevante para la mayor parte de las opciones.

En esta oportunidad, se propone un análisis de la situación global actual y los retos que tiene Uruguay en este sentido. Además, se ofrece una suerte de «pantallazo» de acontecimientos y comportamientos que deberían ser tenidos en cuenta al momento de planificar estrategias de inserción comercial, promoción de la marca país, resolución de conflictos y disputas, cooperación internacional, y vinculación con el resto del mundo en general.

Estado de situación y desafíos a futuro

Mercosur

En la entrada «Algunas reflexiones sobre la flexibilización del Mercosur» publicada en blog del internacionalista uruguayo Ignacio Bartesaghi, se comienza afirmando que a mayoría de los procesos de integración en América Latina y el Caribe han resultado fallidos, esbozando la teoría de que los objetivos planteados en estos suelen ser demasiado ambiciosos y sus integrantes no parecen estar del todo dispuestos a ceder la soberanía necesaria para alcanzarlos.

En cuanto al Mercosur en concreto, I. Bartesaghi reconoce que el bloque ha alcanzado logros importantes en materia económica, social y de cooperación, pero que actualmente no es una real herramienta de desarrollo. No se trata de una unión aduanera, sino de una unión tarifaria imperfecta y una zona de libre comercio muy precaria llena de obstáculos. Además, sostiene que está fuertemente condicionado por las afinidades políticas y que un cambio de signo en cualquiera de los gobiernos de sus integrantes, en especial los de sus socios más poderosos Argentina y Brasil, puede provocar fácilmente una modificación en el rumbo de las discusiones y negociaciones. A pesar de lo anterior, no es partidario de salirse del grupo. No al menos por ahora. Sin embargo, sí considera importante apostar a la flexibilización de sus normas y al empleo de un esquema de integración más moderno y ágil.

A lo largo de los años y debido a las numerosas dificultades afrontadas por el bloque desde sus inicios en 1991, se han generado muchos debates sociales y políticos acerca de la real conveniencia de formar parte del mismo. Y es que, al ser Uruguay un país tan pequeño, puede tener poca influencia dentro del conjunto y verse muy afectado por las decisiones tomadas por otros miembros. Entonces, ¿es pertinente seguir integrándolo o deberían buscarse otros mecanismos y vías de integración y negociación? Todo un dilema.

En el artículo publicado por el diario uruguayo El País, titulado «Urexit: ¿qué pasa si Uruguay se va del Mercosur? El escenario bueno, el intermedio y el malo», se analizan las posibles implicancias que podría llegar tener la acción de marcharse. Para efectuar su salida, Uruguay debería acoplarse a los Artículos 21 y 22 del Tratado de Asunción, que establecen que un Estado parte puede desvincularse y que para eso debe entregar el documento de denuncia al Ministerio de Relaciones Exteriores de Paraguay, que será el encargado de distribuirlo a los demás Estados. Los derechos y obligaciones del Estado denunciante continuarían en vigor por un período de dos años, aunque no se especifica en qué condición quedaría ese país. Por lo tanto, se esbozan tres posibles consecuencias para el comercio uruguayo en caso de tomar esta decisión: 1) Positivo: Alcance de acuerdos durante los 2 años de negociaciones en pro de aumentar la libertad de movimiento, disponer de mayores posibilidades de firmar pactos bilaterales con otros países o bloques, y mantener el arancel 0 para exportaciones e importaciones con los países del Mercosur; 2) Intermedio: Negociación para que los bienes uruguayos paguen aranceles, pero más bajos que otros países de fuera, y cobro de aranceles por parte de Uruguay a los productos que le ingresan de sus socios del grupo; o 3) Negativo: Aranceles para exportar productos a países del bloque y dificultad para alcanzar TLC con terceros.

Lo anterior se trata de una situación hipotética, ya que hasta el momento no se ha dado un debate oficial acerca del asunto. Empero, las actuales falencias del Mercosur son innegables. Hasta que estas no logren ser debidamente atendidas, las dificultades para la apertura comercial de la región persistirán. Si se analiza objetivamente, el rechazo desde otros países y bloques para negociar con él está bastante justificado. No hay estrategia comercial sino solo afinidades políticas e ideológicas, no hay consistencia en las acciones, no hay cohesión interna: en pocas palabras, no hay seriedad.

Inserción comercial global

En comercio internacional, el objetivo siempre es colocar la mayor cantidad posible de bienes y servicios en mercados externos. En el contexto internacional actual y teniendo en cuenta las características propias de Uruguay, resulta fundamental volverse pragmáticos a la hora de negociar con el mundo. No se trata de simpatías políticas o culturales, sino de economía pura: la clave está en captar muchos socios. No hay que optar entre vincularse con Estados Unidos o con China, hay que hacerlo con ambos.

Por otro lado, viene siendo tiempo de aventurarse en la búsqueda de nuevas conexiones y de abrirse a nuevos mercados como Asia Pacífico, además de reforzar relaciones comerciales ya existentes (como las que se tienen con algunos países árabes).

El caso de la Unión Europea merecería un capítulo aparte en este análisis. Y es que el Mercosur lleva ya unos increíbles 25 años intentando acordar un TLC con este bloque. Las razones que lo han venido truncando son muy variadas. En la actualidad, los dirigentes europeos aseguran estar rechazando el acuerdo con sus homólogos sudamericanos debido a diferencias conceptuales en sostenibilidad ambiental. Básicamente, los primeros consideran que las cadenas productivas de los últimos no se adecúan a sus estándares. Hoy el fundamento es este, pero mañana posiblemente sea otro. Tal como se explicaba algunos párrafos atrás en el apartado «Mercosur» el problema está en sus grandes incoherencias y fallos, que dificultan que otros posibles socios lo tomen en serio.

Uruguay XXI

Se trata de la agencia responsable de la promoción de inversiones, exportaciones e imagen país. Sus objetivos son: 1) Contribuir a la internacionalización y competitividad de empresas uruguayas; 2) Captar inversión extranjera productiva; 3) Generar información estratégica para tomadores de decisiones; 4) Posicionar a Uruguay en el contexto internacional; y 5) Facilitar un mejor ambiente de negocios en el país.

Por lo anterior, resulta fundamental reforzar su labor dotándola con los recursos necesarios para llevar adelante sus propósitos. Su trabajo tiene efectos directos en empleo y economía. El ente debe ser una prioridad para cualquier gobierno que quiera avanzar en materia de política exterior.

Migración

Según el Reporte Anual de 2023 de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Uruguay, la movilidad en el continente americano fue alta y las principales necesidades identificadas se concentraron en medidas de protección, integración y regularización. Se afirma que en los últimos años, las dinámicas de los movimientos migratorios y los países de procedencia de las personas que llegan a Uruguay han cambiado, destacando la presencia de inmigrantes de los países limítrofes Argentina y Brasil, pero también de Venezuela, Colombia, Perú, Chile, Cuba, Bolivia, Ecuador y República Dominicana.

Esta nueva realidad supone grandes retos y desafíos para el país. El nuevo gobierno deberá hacer frente a ellos de la mejor manera posible. Para ello, se requerirá de equipos multidisciplinarios que trabajen articuladamente en aspectos como desburocratización, gestión de fronteras, arraigo, desarrollo humano o movilidad estudiantil y laboral, pero también en su regulación.

Algunos acontecimientos internacionales a considerar

Vivimos en un mundo globalizado e interconectado. Aunque pudiera no parecerlo, lo que ocurre en un determinado sitio afecta directa o indirectamente a otro. Actualmente, existen ciertas cuestiones relevantes que Uruguay debe tener en cuenta al momento de planificar sus estrategias de política exterior. La siguiente lista es, ciertamente, de carácter no exhaustivo:

Guerra entre Rusia y Ucrania

Ha traído consigo fuertes consecuencias económicas en todo el mundo. En Europa la perspectiva es bastante negativa, ya que a la fuerte inflación de precios se le suman la crisis energética y el drama humanitario por refugiados. Sin embargo, para el continente latinoamericano la situación es diferente. En el dossier «América Latina: ¿gana o pierde con la guerra en Ucrania?» de la economista Tarah Lynn Ramthun en la plataforma Diálogo Político de la Fundación Konrad Adenauer, se sostiene que el aumento en los precios de combustibles y alimentos sí que se siente, pero existe la posibilidad de hallarle el «lado bueno» al asunto. Y es que la escasez de materias primas en el continente europeo podrían beneficiar a Latinoamérica, un histórico exportador de estas. Aquí entran en juego dos sectores claves: 1) la energía, con el petróleo; y 2) la agricultura, con los granos. Aunque eso sí, para ello habría que corregir déficits y debilidades propias de su marco institucional y sus infraestructuras, entre los que se incluyen corrupción gubernamental, excesivas intervenciones estatales y falta de diversificación económica. En este sentido, Uruguay también debería permanecer atento.

Guerra entre Israel y Palestina

Es un conflicto armado que ha tenido fuertes escaladas y ya ha alcanzado, directa o indirectamente, a prácticamente toda la región de Oriente Medio. De alguna forma, también tiene sus repercusiones en el resto del globo. En el caso de América Latina, las reacciones de los líderes políticos han variado: en su mayoría han condenado los ataques violentos del grupo radical Hamás hacia Israel, pero también han cuestionado la supuestamente dura respuesta del último. Muchos ciudadanos también hicieron su parte, tomando postura sobre uno u otro bando, y esto ha generado cierta fragmentación en las sociedades.

Por otro lado, para muchos, este combate excede a los dos territorios involucrados y pasa a ser un choque directo entre Oriente y Occidente. Debido a esto surgen algunas preocupaciones en torno a un posible aumento de actos terroristas en naciones occidentales.

Además, debido a la incertidumbre, peligran acuerdos económicos y comerciales, especialmente con Israel. Siguiendo esas líneas, también han de considerarse los recientes ingresos oficiales de Líbano e Irán al enfrentamiento. El último es un gran productor de petróleo, y un posible ataque de Israel a sus infraestructuras podría llegar a generar un enorme impacto en los precios del crudo, con todas las conocidas consecuencias a las que ello conllevaría en todo el mundo. Se trata, entonces, de otra cuestión que Uruguay debe necesariamente seguir de cerca.

Transformación en el orden global

Vivimos en un mundo multipolar, con diversos países compitiendo por el poder. Potencias emergentes como Brasil, China, India, Irán y Rusia están ganando influencia, lo que diluye el dominio tradicional occidental y hace que las relaciones internacionales se tornen más complejas. Esto puede tener varias implicancias en América Latina y en Uruguay en concreto, ya que mencionadas potencias alternativas comienzan a ejercer mayor influencia sobre la región a través de inversiones y proyectos de cooperación. Por eso hay que contemplar la posibilidad de que, si los países latinoamericanos decidieran aliarse al 100% con países orientales, se podría llegar a generar un aumento en polarización geopolítica con las potencias tradicionales, gracias a la competencia por ideología y economía que mantienen ambos bandos. Por lo tanto, se sostiene la importancia de mantener el pragmatismo propuesto en el apartado «Inserción económica global» para poder vincularse con la mayor cantidad posible de socios. No deberían mostrarse preferencias por un modelo u otro.

Avances tecnológicos

Los cambios en las estructuras productivas surgidos a partir de estos han transformado radicalmente las economías a nivel mundial. La automatización de los procesos ha contribuido a la mejora en eficiencia y a la reducción de costos.

La digitalización, por otra parte, ha venido dando lugar a la denominada economía del conocimiento, elemental para la competitividad. Según Cuti, en el caso concreto de Uruguay, el sector de tecnologías de la información (TI) ha crecido enormemente en los últimos años, llegando a tener un impacto de más del 4% del PBI convirtiéndose en el quinto rubro de exportación del país al mundo.

Por último, y no menos importante, está la democratización de la inteligencia artificial (IA). Según Pablo Fuentes Nettel en un artículo de la revista Foreign Affairs – Latinoamérica titulado «El avance de la inteligencia artificial y las relaciones internacionales», esta novedad tiene el potencial de transformar diversos aspectos de la vida humana, incluidas las dinámicas de poder. Es un elemento fundamental dentro de las agendas de desarrollo global, ya que a través de proyectos de cooperación internacional vinculados a ella, se puede mejorar la eficiencia de muchos programas de acción. Pero «no todo es oro lo que reluce» pues esta tecnología también impone retos como: 1) sus probables efectos negativos en la exacerbación de disparidades ya existentes, al tender a favorecer a poblaciones con mayores niveles de infraestructura y habilidades digitales; 2) la posibilidad de volverse una preocupación para países que buscan proteger sus intereses estratégicos y reducir su dependencia de tecnologías e insumos extranjeros, debido a la creciente importancia de la soberanía tecnológica; y 3) las eventuales dudas que se pueden llegar a generar al momento de su aplicación respecto cuestiones de ética. Para contrarrestar estos puntos, P. Fuentes Nettel sostiene que es necesario definir una serie de normas, instituciones y estándares conjuntos para su utilización responsable.

Reflexión final

A criterio de ESCANEO POLÍTICO, las líneas generales de política exterior uruguaya deben mantener continuidad en sus principios históricos, a saber: respeto a la soberanía y libre determinación de los pueblos, apego al Estado de Derecho, defensa de los Derechos Humanos y resolución pacífica de conflictos.

No hay que descuidar el peligro que supondría basar vinculaciones internacionales únicamente en alineaciones ideológicas y simpatías políticas. Esto, en pocas palabras, sería ruinoso para un país como Uruguay. En lugar de eso, sus relaciones más bien deben pensarse en términos de practicidad y negociación estratégica. En un mundo tan complejo y dinámico como el de hoy, tener más socios es sinónimo de tener más beneficios. La apertura y la flexibilidad se vuelven, entonces, elementos sustanciales.

*Foto de portada: Uruguay localizado en un planisferio | Imagen de elaboración propia a partir de ilustraciones de Pinterest.

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Análisis Internacional - Por J. Rodríguez Frola


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